jueves, 6 de enero de 2011

EL GRAN SILENCIO...

He cambiado de año dentro de una bañera, sudando malos humos del año anterior y haciendo propósitos de enmienda con el miedo de no enmendar quizás nada, pero con la esperanza siempre alerta de restaurar los platos y tazas rotas. Sin celebraciones ni uvas de la suerte, y de fondo el bullicio de la calle repleta de humanos prometiéndose que serán más buenos el próximo año, mintiendo siempre. Dentro, el silencio, siempre tan grato, y hoy, después de unos días de absoluta reflexión sobre la vida, me he colado de lleno en una película maravillosa: EL GRAN SILENCIO. Estas frases que escribo ahora, vomitadas de forma espontánea tras visionar tan maravilloso documento, provocada tal vez por la incoherencia del estado alterado de conciencia en el que me encuentro después de verla, me trae una paz extraña, una paz que me gustaría guardar con mimo y de forma apasionada pero tranquila.

La vida en ese monasterio es como una meditación perpetua, sólo las campanas, el silbar del viento, los pasos con ruidos de madera rancia y unas tijeras abriéndose camino en una tela gruesa, rompen la monotonía del lugar. Es como la existencia, pura rutina, pero rutina deseada y saludable. La provisionalidad de todo, que te empuja sin casi percatarte, y las respiraciones que suenan a vida golpeando levemente esas paredes de piedra que durante siglos lo han oído todo y no han oído nada. Sin guión, sin previos planes, tan vacío de palabras el recinto, nuestro cuerpo, nuestras vidas, como ese monasterio legendario allá en los Alpes franceses, apartado de todo y de todos, alejándose tal vez de una vida agitada o huyendo de miedos incrustados y escondidos bajo las sábanas del pasado. Ahora más que nunca entiendo a esos cartujanos y grito en un susurro casi ahogado que no quiero guiones, que no quiero planes, que la vida es un tránsito y hay que dar gracias por los frutos que me ofrece.

Ahora deseo escucharme, escuchar a mis tripas redoblando campanas. Quiero oír el silencio de mis huecos humanos retumbándome dentro, como el que escucha un mantra suave. Y concentrarme, disfrutarme y acercarme a ese silencio, a ese canto interior que me estaba dando golpecitos que no percibía. ¿Para qué escribir guiones?, si las estaciones pasan de todas formas y todo puede cambiar de un segundo a otro. La vida es una rueda que corre sin rumbo y a menudo nadie ni nada puede frenarla porque la cuesta se empina cada vez más y la impotencia te desgarra las fuerzas. Mejor no luchar contra la gravedad. Mejor dejar que gire y siga su curso. Mi confianza y mi esperanza me dice que siempre llegará o pasará por algún lugar hermoso y tranquilo donde poder recostarse un rato, a la sombra de un fresco árbol, el árbol de la vida eterna.



4 comentarios:

Nieves dijo...

Hola wapa!!! muy buena reflexión,yo llevo varios días dedicada a buscar en mi interior, me he bajado del mundo y estoy poniendome en paz conmigo misma y viene muy bien!!!! Besos

Etcétera dijo...

gracias NIeves senderista, a ver cuándo hay una próxima excursión, ya me dirás. Sí, el año ha comenzado con reflexiones duras, pero necesarisas, a ver si pego un estirón y crezco.
besos

Anónimo dijo...

Un buen símil para reflejar lo que es realmente la vida, sujeta continuamente a cambios que muchas veces no queremos que lleguen.
Me quedo sobre todo con la parte final, la de:
"Mi confianza y mi esperanza me dice que siempre llegará o pasará por algún lugar hermoso y tranquilo donde poder recostarse un rato, a la sombra de un fresco árbol, el árbol de la vida eterna."
Visto asi resulta un poco más fácil dejarse llevar y aceptar lo que hay e incluso el miedo... al cambio queda mermado.
Gracias por compartir tal punto de vista. No lo había visto así (es decir, que las cosas cambian y que no son como yo pensaban que eran), lo había aceptado pero un poco a regañadientes y con cierta desilusión y resignación.
Saludos, Esperanaza

Etcétera dijo...

Gracias Esperanza por tu comentario. Me alegra que hayas sacado algo en claro, sobre todo lo de "mi esperanza" de recobrar algo de lo que vas perdiendo por el camino de la vida, o por qué no, recobrarlo todo, sin miedos, sin sobresantos, sin inseguridades, sin tanta provisionalidad, tal vez... Espero hayas entendido bien el mensaje, la fiebre me ha hecho crecer pero también ver muchas cosas claras, que mi corazón sigue sintiendo las mismas sensaciones que antes de terminar el año, nada cambia, quizás se transformen las cosas, hasta las personas nos volvemos mejores con el tiempo, pero los sentimientos, al menos en mí, siguen intactos.
besos

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