-Eh, sin miedo, como decía mi madre, ¿vale? -me dijo al despedirse de mí. -No te preocupes por mí -. Le sonreí mientras me hacía la fuerte.
Nos abrazamos para despedirnos como tantas otras veces, nos separamos como tantas otras veces, intercambiamos una sonrisa como tantas otras veces, y me eché a andar sola camino del hogar prestado que ahora me acoge… como tantas y tantas otras veces. “Sin miedo”, me repetí mientras avanzaba por las calles llenas de gente. Mis manos dentro de los bolsillos para dar la sensación de seguridad a las personas con las que me cruzaba, y en mi boca, la melodía de una canción cualquiera. Es una estrategia que no me ha fallado hasta ahora. Todo el mundo deja en paz a las personas que llevan las manos en los bolsillos y canturrean por la calle; nadie les molesta, les hace invisibles. Hacerse la valiente es fácil, lo peor es no intentarlo.
Llegué a casa, abrí la fortaleza y me acurruqué dentro buscando cobijo. “Sin miedo”, seguí susurrando. Los latidos de mi corazón, y su tic- tac, tic- tac, me hicieron reaccionar. El tiempo, el tiempo, el tiempo….suele obrar pequeñas variaciones en todo lo que me rodea. Puede parecer algo irrelevante, pero no lo fue entonces y no lo es ahora. En muchas ocasiones me gustan esos cambios, y hasta los provoco; y en otras me duelen como si me arrojaran sal en una herida abierta. Me senté en el sofá y observé alrededor buscando diferencias, algún cambio. Un pétalo yacía junto al florero, había caído de una de las rosas, y mi única planta había crecido. “Todo cambia”, pensé, “debo estar más atenta”. Reparé en la palabra “siempre”; hace mucho tiempo tenía algún sentido y hasta creía que era más feliz pensando así, pero sólo disfrazaba la realidad, jugaba con las palabras y creía que los definiciones eran inalterables. Las palabras absolutas son muy engañosas, nos mienten, y yo soy demasiado confiada.
“Sin miedo”, dije en voz alta repitiéndome el mensaje como un mantra hasta cansarme. Después cerré los ojos, respiré hondo y sonreí levemente. Necesité volver a mí misma para encontrarme, me tenía muy olvidada.
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“Flaubert necesitaba de una habitación en la que declamar a gritos, yo no podía vivir sin un lugar donde soñar, una habitación en la que no hubiera nada ni nadie, ningún obstáculo que dificultara el vagabundeo infinito de la mente, en la que el único decorado era la ventana; cuando una habitación tiene una ventana, significa que uno tiene su parte de cielo. ¿Para qué pedir más?”
Del libro: ANTICHRISTA ( Amélie Nothomb )
5 almas se han asomado...:
Sin miedo sabes que la suerte está contigo...
Si uno está atento hasta al más nimio acto del día como si fuese el único y el último...TODO COBRA un nuevo y diferente SENTIDO. Es bueno ir dejando de hacer las cosas en automático.
"El miedo llamó a la puerta, la confianza abrió y afuera no había nadie" ¿Recuerdas?
un abrazo
P.V.
Me ha gustado la estrategia que utilizas para aparentar entereza, la probaré.
Sin miedo todo es más fácil, eso es cierto.
Besos
Carmen
Cuando la soledad es tu compañera de piso, por fuerza te haces valiente con el tiempo o al menos lo intentas cada día. La vida es la mejor Universidad.
Adelante
Besos
Manuel
Eva sin miedo, por lo que yo sé, eres una valiente
SAD
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