No he sabido sobre qué escribir esta semana, ya dije que me había quedado un poco seca de palabras, al menos enlazadas…sueltas tengo muchas, jaulas llenas, pero no logro apresarlas, meto la mano y se me escurren entre los dedos o me muerden. Es casi imposible ordenarlas de forma coherente. Ojalá pueda atrapar alguna si atraviesan los pequeños barrotes de sus celdas de alambre. Deseo organizar oraciones simples, oraciones compuestas, subordinadas o interrogativas…da igual con tal de que los complementos, los directos, los indirectos, y todo lo demás esté en su sitio y salgan a través de mis dedos. Ojalá las circunstancias me dejen plasmarlas en una pantalla en blanco, Ojalá…
He tenido suerte, porque aunque estoy bajo mínimos, hace unos días recibí una carta certificada de un personaje muy especial: cuatro patas, dos largas orejas, un rabo inquieto y un hocico con una trufa preciosa. Parece como si hubiera intuido que no tenía nada para rellenar mi blog. Qué alegría me dio recibir sus palabras. Ya tengo post.
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Mi nombre es Tita o Titona, según el momento, y hace mucho tiempo que quería participar en el blog de Eva, mi tita humana. Me ha resultado difícil aprender lectoescritura, pero yo soy autodidacta; me fijo en todo y observo cada día cómo mi dueña maneja su Mac y escribe sin parar sobre el teclado. La espío con el ojillo medio cerrado para que no se percate. He dedicado muchas horas a cultivarme yo solita en el arte de juntar palabras. Me queda mucha formación aún, eso sí, y estoy pensando en crearme mi propio blog. Todo se andará. Esto sólo es el comienzo de una larga carrera artística.
Vivo con mi madre biológica, la hermana de ésta y mi dueña, en un apartamento muy coqueto y cómodo. Me parieron en este hogar una madrugada cargada de emociones; no me compraron, por eso soy tan particular. Apenas salgo de esta vivienda más que para pasear por las calles peatonales y por la ribera del río. Soy muy miedosa, cuando voy por la calle y veo a otro can paseando junto a su dueño o dueña, me pongo muy nerviosa y la cola se me esconde entre las piernas. No sé qué me ocurre, pero soy demasiado sensible a los de mi especie.
Cada vez que mi querida dueña sale a la calle y se deja la puerta del salón abierta, que ha ocurrido en muchas ocasiones, he aprovechado para corregir esta cosa que llaman post. Mi primer post. Se lo he enviado a mi tita humana por email, que ya se me da estupendamente. Ella vive en la capital y hace mucho que no la veo. La echo de menos.
Desde muy pequeña, mi afición por los papeles y por las plumas caras ha sido una constante. Siento predilección por las Mont Blanc. La estrellita blanca es mi perdición. A los libros les tengo también una devoción especial. Cuando era una criatura sin mucho talento aún, les mordisqueaba los lomos y me sabían a gloria. Quería sacarlos de las estanterías y leerlos, pero nunca lo logré. Sólo alcancé a leer los títulos y los nombres de las personas que los habían escrito. Destrocé más de un lomo, y por ello me he llevado alguna que otra regañina en mi corta vida. Desistí por un tiempo de los libros y me dediqué a los periódicos. Mi dueña coloca cada día en el suelo páginas sueltas llenas de noticias pasadas. Nos sirven para que hagamos nuestras necesidades más básicas, pero para no mancharlos mucho, mi madre, mi tita biológica y yo hemos hecho un pequeño trato. Para yo alcanzar con mayor rapidez una carrera como artista, hemos decidido que de vez en cuando orinemos y hagamos caca fuera del papel; así, aparte de instruirme, podemos estar las tres, aunque con algo de retraso, al tanto de los acontecimientos que ocurren en esta ciudad tan preciosa. “¿Yo qué he dicho?, pero bueno… ¿esto qué es?”, nos dice con un posado pero enérgico tono mi dueña cuando hacemos algo que a ella no le cuadra, pero sin más historias, que sabe bien que soy muy sensible y me ha permitido siempre expresar mi faceta artística; menos mal, porque si no pudiera hacerlo me sentiría frustrada. Me gusta el papel, no lo puedo evitar. Cuando a veces tarda en regresar de la calle, como la echamos tanto de menos, yo le preparo con mucho cariño una fiesta de bienvenida con trocitos de papeles de diferentes colores que cojo de su mesa, papeles donde ella apunta las tareas por hacer; los muerdo, los troceo y cubro por completo el sofá negro. Cuando escuchamos el sonido de las llaves en la cerradura, la esperamos las tres detrás de la puerta para recibirla. “¡Holaaa!… ¿dónde están mis perrillas?”, nos grita siempre con una sonrisa de oreja a oreja, y nosotras la asaltamos y le propinamos un puñado de lametones, mientras la acompañamos saltando hasta el salón. Allí paramos en seco para observar su reacción. Cuando se encuentra con aquellos montajes tan elaborados, coge su cámara y los inmortaliza. Ahora nunca olvida cerrar la puerta del salón y la del cuarto de aseo, porque mi etapa creativa fue en aumento y cada día los montajes eran más complicados. Para qué os voy a engañar, soy un poco ecléctica; las plumas de los cojines esparcidas por todo el salón, las hojas de los periódicos repartidas sobre el gran sofá con las noticias más interesantes recortadas a bocados, el rollo de papel higiénico extendido y atravesando todo el suelo hasta llegar al pasillo, las toallas tapando parte del piso, y para rematar la faena, algunos trozos de caquita que mi tita biológica deja entre los cojines. Esa parte escatológica es la que a mi dueña menos le agrada, por eso me ha reducido el espacio para crear. Y es que mi tita biológica es un poco marrana, yo creo que por eso tiene el morro oscuro. Y encima tengo que aguantar que se ría. Lo debe hacer adrede porque sabe que a ella no le regañan, como es tan inocente y buena. Lo mismo mi dueña cree que lo de las “tapitas”, como llama a los trocitos de caca seca con que remata mis obras la tita biológica, son parte de mi obra, pero bueno, qué le puedo contar yo que ella no sepa, si nos conoce como si nos hubiera parido.
Necesito devorar cualquier cosa que lleve palabras, porque de mayor quiero ser artista, inventar historias como hace mi tita Eva, que escribe todo lo que se le pasa por la cabeza. El día que la conocí, yo tenía muy pocos meses de vida y estuve pegada a ella toda la noche, en su costado primero y después cerquita de su cara. Yo era pequeña, muy chiquita, y cabía en cualquier huequecito de su delgado cuerpo. Cuando despertó por primera vez en aquella cama, se encontró con mi hocico muy cerca. Yo no paré de mirarla, movía mi cabecita y arrugaba la frente, una arruga de expresión, como la que ella tiene entre las cejas por forzar tanto la vista. Hasta que por fin abrió sus grandes ojos azules y me regaló una sonrisa mañanera que jamás olvidaré. “Esta perra huele a bizcocho”, dijo sorprendida, y yo no entendí nada.
Desde entonces, cada vez que nos mirábamos, nos entendíamos sin mediar sonido alguno. No imagináis lo que quiero yo a mi tita Eva… bueno, quiero confesar que mis ruidos no son ladridos; no, yo no suelo ladrar, aúllo más bien, como un pequeño lobo. Así es como llamo siempre la atención. Mi dueña dice que mi tita Eva se parece a mí, o mejor, yo me parezco a ella, porque los de mi raza no tienen las patas tan largas como yo. Que más que un perro chihuahua parezco una gacela. “Patilarga” me llaman, y yo me siento orgullosa por parecerme a ella, a la que tanto echo de menos ahora. Un pajarito me dijo no hace mucho que mi tita Eva intentó adquirir este verano un animal parecido a mí. Oyó decir que los animales vienen bien en épocas raras, y ella ahora se siente un poco perdida. Al final cambió de parecer, supongo que sintió que no me podría sustituir nunca. Nadie puede ocupar el lugar de nadie, y yo me siento una perra única en mi especie. Vamos… que no me parezco ni a mi madre. Yo seguiré aquí por si alguna vez pasa a saludarme o a tomar el aperitivo con nosotras. O quién sabe, si me animo, me cojo un tren y le hago una visita como ya hice en dos ocasiones. Podremos ir a ver cualquier exposición de pintura abstracta o de montajes tipo ARCO. Yo me esconderé bajo el abrigo, y allí acurrucada nadie me verá. Debo aprender mucho, y sobre todo encontrar mi estilo. A veces oigo decir a mi dueña que soy una flor delicada y eso me gusta, me hace sentir auténtica, diferente al resto de los perros y perras del Universo. Es una pasada sentirse una flor, una flor sin dueño, una flor sin dueña. Una perra flor con olor a bizcocho.
5 almas se han asomado...:
Gracias Tita Eva por escrebis un blos para mi. Ya se leer y estoy aprendiendo a escrebis en la Royal Canin school.
Guau:
Titona
Esa perra tiene toda la pinta de ser muy especial. Me la imagino subida a un Mac pateando las teclas. Qué simpática la perra florecilla.
Deseando estoy que abra su blog, será un éxito.
Manuel
Guauuuuu, qué perra más preciosa. Tiene cara de tener mucho talento, y por lo que cuenta tiene la sensibilidad de una flor.
Oye, ya te saldrán los post por las orejas, como antes. Hay etapas de sequía, pero las lluvias están llegando, así que no te preocupes mucho.
L.
Bueno, bueno, qué sobrina tan preciosa tienes, y con cara de lista y con mucho talento para el arte, llegarà lejos, sin duda.
Besos
Carmen
Yo quiero ser sobrina de esa perra, llegará a la cima del artisteo.
Besos perrunos
Iván
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