martes, 3 de julio de 2012

No quiero pensar en nada más...



Mis alas, ya lo dije, plegadas durante mucho tiempo, se han sacudido esa pátina de polvo que las cubría, y me han llevado lejos. Ahora estoy aquí, rodeada de montañas, naturaleza, sonidos de pájaros, zumbidos de insectos, nubes caprichosas, un sol que calienta suave durante el día, y una luna que refresca mis noches con una brisa nueva. Ahora, aquí, estoy pensando sólo en lo que vivo a cada instante. Hoy me siento  simple, como una hormiga en medio de un gran bosque. Y no me hicieron falta largas meditaciones o posturas extrañas para atrapar energía del universo. No, no ha sido necesario. Simplemente estoy vibrando en la misma órbita que lo hace la naturaleza y ésta me ayuda a ralentizar mi actividad diaria. Me siento humilde, me siento simple.
Hoy  observo mis emociones y me pregunto: “¿Qué está aconteciendo dentro de mí ahora?”. No preciso de respuestas complicadas, sólo quiero sentir.  No quiero pensar en nada más, nunca me sirvió cavilar más allá de lo que acontece ahora. Preocuparse no es positivo, lo correcto es “ocuparse”, y es lo que hago.
 Vinieron las vacaciones como un regalo del cielo, después de un curso duro de aprendizajes que se quedarán para siempre como impronta de lo que pude haber evitado pero no supe hacer, o tal vez no quise… ¿Qué importa eso ahora?, todo aquello pasó y hoy me siento más afortunada que ayer por haber salido airosa de ese incidente. Aprovecho algunas horas libres que tengo para expresar de forma simple esta sencilla aventura que es mi vida hoy. No quiero pensar en nada más.
No deseo concentrarme en mis pensamientos, al menos no en ciertos pensamientos. Puedo fastidiar este invento precioso que vivo aquí y ahora. Las reflexiones pueden distorsionar mi mundo y es lo último que quiero provocar. Si mis pensamientos interfieren negativamente, los aparto de un manotazo lejos de mí, como si de moscas molestas se tratasen. Si la frecuencia de esos pensamientos coincide con mis emociones actuales, entonces les abro la puerta y les invito a acomodarse en mi corazón. Sólo allí, sobre ese músculo que ahora late tranquilo, podrán ser transformados después de pasar por la criba especial del cariño, el amor y la paciencia.
No quiero pensar en nada más. Sólo quiero seguir sintiendo estas emociones: alegría infinita por todo lo que mis oídos están escuchando, amor hacia todo lo que mis sentidos perciben,  y paz en mi corazón. Así de sencillo. No hay trucos de magia, no hay artilugios extraños ni nada complicado en mi vida AHORA. Todo parece ocurrir con la facilidad con la que la sangre circula por este cuerpo que me ha tocado en prenda. Ahora lo que transita de forma natural por mi interior es amor, pero un amor global, contagioso, sin causas  confusas, sin consecuencias oscuras… amor sin enredos de vodevil  o dramas insufribles que ensucien mi alma.


Ahora mirar al futuro es hasta incómodo. Pensar en el porvenir me hace vulnerable en este presente, por eso lo aparto. No quiero pensar en nada más. Pensar puede provocarme miedo y escalofrío…  ¿Qué pasará mañana?...No sé, no sé. Quizás tampoco quiera saberlo, es mejor así.
Sé que tengo un futuro que espera, pero no puedo mirarlo de frente ahora,  porque me perdería pasajes presentes, y eso no me lo perdonaría. Puedo manejar el momento que ahora vivo, pero el mañana irremediablemente se me escurre entre los dedos como la arena del mar.
El tiempo es un engaño, una ilusión, por eso no quiero mantenerme mucho tiempo mirando el horizonte.  Sólo observar alrededor detenidamente, mirar el entorno donde se mueven hoy mis huesos y mi alma, y disfrutar. Mi único punto de referencia será este momento. No quiero embarcarme en aventuras futuras.  Agarraré al presente por las alas y pararé el tiempo.  La presencia aquí es lo único que poseo.  No quiero pensar en nada más.
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