jueves, 26 de mayo de 2011

Mi casa no es mi casa...


En mi casa hace un calor plomizo


calor de pan caliente


y aire acondicionado


tengo un hogar unipersonal


los muros de esta casa son de cartón piedra


cajas llenas de nada


cajones casi huecos


hay ruidos que no se oyen pero escuecen


es el silencio


tu voz


la mía…


se abre y cierra el frigorífico


vacío de ilusiones


la cafetera silba un café inexistente


la lavadora se sale de su sitio


los vecinos trasnochan


las botellas vacías se arrinconan heridas


me comí todas tus magdalenas


todos los bizcochos que hicieron tus manos


el grifo suena y suena a vela muy caliente


y no puedo cerrarlo


y la bañera


con su grieta me grita


que los baños no están preparados


que se quedaron mudos


que se han ido



mi casa no es mi casa


pero la siento mía


es una casa vieja


es una vieja casa


aún me siento refugiada


en unos brazos que se fueron temprano


huyendo con la maleta llena


de sueños esbozados




mi casa no es mi casa


es una prostituta a la que pago de forma rigurosa


y me acoge de noche entre sábanas limpias




mi casa no es mi casa


pero la quiero igual que si la hubiera parido




mi casa no es mi casa


pero qué importa eso


nunca será mi casa


y la siento de plomo


me besan las paredes


sin fotos personales


y el feo gotelet


me araña el alma cuando hago la cama...


por eso no la hago


la arruga de la colcha


me recuerda


a los pliegues de tu cuelllo


la bisagra me chilla


que estoy arrepentida


el papel de la lámpara


susurra como el viento


y cuando meto en tu ojo


que me observa de lejos


la llave de mi casa


hasta el viejo cerrojo


me da la bienvenida


las paredes me escuchan


los libros me sonríen


los cajones que no cierran


me ofrecen sus vergüenzas


he tenido muchas casas


casas que no he tenido


casas inconformistas


casas frías, ardientes


casas que me han ahogado


casas que han desaparecido


he atravesado muros para escapar de ellas


de otras he salido corriendo


como si me dolieran


y de alguna llorando


como una niña muerta


todas han sido mías


aunque no fueran mías


en unas he nacido


saliendo de mi útero


y en otras me han matado


el amor propio


en unas han sonado campanas


de boda, de catedrales


y tu respiración


como verso asonante


a bizcocho casero


me ha sabido


a jabón


y a patio de la infancia


me olieron tus flores en verano


la más a sexo puro




a veces he sentido


un lazo indestructible


estando en esas casas


que mías nunca han sido


las he amado a todas


y ellas me han tenido


me prometieron ríos, agua, vida,


soles, lunas, estrellas


y el cohete ha zarpado


con prisa y se ha perdido.


(27 de mayo de 2011)












lunes, 23 de mayo de 2011

CERRANDO CÍRCULOS EN LA ARENA


Ayer, fue ayer, casi rozando la madrugada. La tele aún encendida, tú apoyada en mi regazo y mi mano calentando tu frente. Última secuencia del clásico de Mankiewicz, El fantasma y la señora Muir. Los protagonistas salen de “la casa de las gaviotas” atravesando un fundido de nubes y agua de mar. Dos siluetas enlazadas se pierden al fondo.... Y lo veo, lo veo ahí. Veo la luz que desprende ese faro, pequeñísima luz que me abre los ojos por fin. Un faro al fondo de un mar de dudas, eso es lo que vi. Un mar de dudas que se fueron disolviendo a medida que la noche me envolvió en su pesadilla de insomnio obligado, de reflexiones que me permití por necesidad casi vital. ¿Qué más da no dormir una noche si ese faro me ofreció la luz que necesitaba?...

Ahora es tiempo de cerrar círculos. Usaré mis dedos para hacerlo. Un círculo perfecto. Un círculo sobre la arena de esa orilla desde donde diviso ese faro que hoy me ha salvado. Por fin. Ya es hora de cerrar a cal y canto pesadas puertas de madera arañada y comida por la carcoma, ésas que quedaron entreabiertas porque la humedad las deformó y por las que se colaron dolor y tristeza por pérdidas inevitables en ocasiones, y maldad y otras miserias que no quiero ni pronunciar, en muchas otras.

Ayer, fue ayer, casi rozando la madrugada. Sólo tú y yo y la formidable fotografía de ese gran clásico. Mi mano calmada seguía en tu frente y el faro me susurraba luz mientras enfocaba a esas otras frentes que escupen mentiras al viento en una playa cualquiera.

Abriré bien las ventanas de mi “casa de las gaviotas”. Ahora mi hogar tendrá mucha más luz. Dejaré que entre ese viento nuevo, limpio, sin nudos marineros que apretados no me dejaban entonces deshacer y me hacían heridas en las manos. Me empaparé de la brisa que hoy lava con suave tacto ese pasado lleno de mentiras. Si la vida es puro teatro, yo ya quiero bajarme del escenario y pisar tierra firme. La arena caliente en las plantas de mis pies me confesará entonces que estoy viva de nuevo, que puedo seguir caminando, sin miedo a echar de menos a esos personajes que tantas zancadillas me pusieron sin tal vez advertirlo.

Ahora es tiempo de cerrar círculos. Ahora es tiempo de dormir tranquila y olvidar pesadillas.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Y sigo aquí....


Y sigo aquí. Curiosamente está empezando a llover en la capital. Un chaparrón rápido, fugaz, casi nada. Agua. Mucha. Y sigo aquí sin saber bien sobre qué diablos escribir. Llevo días sin poder detenerme a bucear plácidamente en esta pecera que inventé en su momento para no perder la razón, y me siento un poco extraña. Estoy en otras cosas, es evidente, pensativa pero viva, muy viva. Nunca se pierde el tiempo si lo que haces te da placer y te ayuda a caminar, sea lo que sea lo que hagas.

Y sigo aquí. Quizás necesite acercarme más al agua ahora, al origen de todo. Tal vez sea cosa del río de mi infancia, o de los ríos que he frecuentado últimamente o de los mares de esos personajes amables de mi vida que ahora llevo en mi pecho. Creo que requiero con urgencia BEBER, beberme la vida, sobrevolar un mar azul lleno de altas olas que me balanceen suavemente. Jamás me consideré de secano y ahora menos que nunca.

Y sigo aquí, no me he marchado. Ahora lo observo todo desde la orilla de mi particular río, sacándome con delicadeza las astillas de mis manos, esos fragmentos de madera noble que se me clavaron en la piel al querer aferrarme con fuerza al mástil de un barco que quizás no me llevaría a ningún puerto; o vete tú a saber, porque dicen que la Tierra es redonda y quizás algún día pueda dar una vuelta completa sin importarme el vértigo que pueda sentir al verme bocabajo… sólo para buscarme, buscarte a ti, buscar nada o buscarlo todo.

Y sigo aquí, tal vez un poco en las nubes por no saber qué diablos escribir.

jueves, 12 de mayo de 2011

¿Dónde están nuestros besos?...


¿Dónde están nuestros besos?

¿Ocultos en el fondo

de una copa de vino,

que espera derramarse

de aliento inmaculado?

¿O detrás de una puerta

entreabiertos los labios

observando tu rostro

para poder mimarlo?

*

¿Dónde están nuestros besos?

¿helados en la orilla

de una cama vacía

que permanece limpia

de olores perdurables?

¿O detrás de las nubes

aguardando la brisa

que con sonrisa nueva

me avive las entrañas?

*

Yo acaricio tu alma,

tú calientas mi almohada

con una sola imagen

que adorna mis pupilas…

la que tengo incrustada

desde aquel primer beso

que tú me regalaste.

*

Yo caliento tus manos

tú me esperas callada,

las manos que abrazadas

durmieron dulces sueños

y palabras creadas.

Mis ojos sigilosos

te miran de soslayo

para gritarte suave

con generoso gesto

que te espero en el aire

en la rosa

en el pájaro

en la risa de un niño

en tu mar

en tu cielo

en tu jardín privado.

*

¿Dónde están nuestros besos?

¿Dónde los has dejado?

Eva Trigo Cervera

(12 de mayo de 2011)


domingo, 8 de mayo de 2011

En línea contigo...



Después de un día ajetreado, Blanca coge el teléfono móvil por última vez, ya en la cama, para volver a encontrarse con ella, en silencio, sin ruidos, buscando con dedos temblorosos su nombre. Sólo desea comprobar que está conectada. La coincidencia hace que justo en ese momento ella lo esté y en su corazón siente que sus latidos se aceleran. Después respira aliviada. “Ahí estás, a mi lado, por poco tiempo, pero al menos no te has ido del todo; muda, eso sí, pero puedo sentir tu respiración entrecortada y el ruido de fondo de la calle detrás de tus balcones”, piensa la mujer mientras mira y remira la pantalla de cristal y la acaricia con un dedo y con una mueca de pena en su rostro. A veces se aventura a decir en un susurro: “venga, dime algo, atrévete a teclear unas palabras”, pero nada pasa, sólo imagina su carita observando con nostalgia la pantalla en línea a pesar de la distancia, y con eso se conforma.


Echada en el respaldo de la cama sigue observando la pantalla del móvil. Ésta le va trayendo imágenes que ahora guarda con celo en su retina y que están grabadas a fuego en su inocente corazón. Ahora la recuerda dormida a su lado. “Cuando alguien duerme junto a mí es como si su cuerpo se quedase vacío”, se dice ella mientras una lágrima se escapa de sus ojos cansados. Cuando dormía a su lado sólo su respiración acompasada le confesaba que aún vivía, y el castañeteo de dientes le descubría que no sólo estaba viva sino que dormía como una niña feliz. En la madrugada, si un ruido la desvelaba, le reconfortaba acercarse a su boca, muy despacio, sin despertarla, para escuchar más de cerca ese sonido, ese ritmo, ese hilo de vida. Entonces, y como si fuese a perderlo todo, le palpaba la frente con sus labios, un roce casi inapreciable, suaves labios que amaban ese vacío que dejaba mientras dormía. Después ella cerraba todas las puertas tras de sí y se replegaba para dormir a su lado, tranquila, posando su mano en aquella cintura breve, “ahora más que nunca”, pensó ella.


El tiempo, y ella al otro lado de la línea conectada, eso es lo único real entre las dos en este momento. Y silencio, un silencio que tal vez pueda parecerle ahora frío pero que se le antojaba necesario.


“Por la mañana, cuando se despierte, me ofrecerá ese beso fresco que tanto necesito”, se dijo sonriendo mientras el sueño la atrapaba con el móvil abrazado a su mano.




viernes, 6 de mayo de 2011

Destinos cruzados...(Microcuento)

( Microcuento finalista en el V Certamen de microcuento organizado por la RENFE, 2011 )


Tenía doce años cuando la expedición a Rusia partió temprano. Mi padre me dejó en el andén de la estación con un petate. Llantos de niños se mezclaban con ruidos de motores.

Pasé esa noche abrazado a un maestro republicano.

− Mi hijo huyó por miedo a las represalias. No creo que vuelva a verlo…

Me explicó que tomaríamos un barco que nos salvaría de aquel desastre. Miró por la ventana de aquel tren de madera que crujía y comenzó a llorar.

Ahora tengo ochenta y seis años y jamás volví a ver a mis padres.

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