domingo, 26 de junio de 2011

Quiero romper el hielo de tu boca...

Quiero romper el hielo de tu boca

a dentelladas que incendien con fuegos artificiales

el cabecero de tu cama,

beberte a sorbos infinitos

y llenar los bolsillos con besos sólo nuestros

que circulen por el borde de tu abismo.

Sacarte una sonrisa con cuchara

de helado de turrón a media noche.

Mudar esa máscara desencajada y triste

en un rostro iluminado por el río.

Llevarte a la cama la miel entre mis labios,

posando en la mesilla todas las ilusiones nuevas,

dejarte furtiva algunos besos en tu frente

mientras entro a hurtadillas en tus sueños.

Agarrarte la mano para que siempre me lleves

sobrevolando el techo de tu alcoba,

y en la ventana entreabierta

encontrarnos de frente con la luna

que hoy seguro nos mirará con desaliento

y nos dirá en un susurro blanco y confiado

que escupamos esas palabras ácidas

que yacen dentro de las bocas calladas,

y que ella, la luna quieta,

vigilará que no nos corten la lengua

relámpagos furiosos.

No quiero más castigos

que haber huido del útero materno

con golpes en las nalgas

para vomitar mi primer llanto.

No más castigos con recargos.

Y mientras enmudezco mi pena

con un vaso de cerveza caducada

rebuscando en la despensa

esa piel parecida a la mía

que ahora huye y se esconde entre las tazas

y entre las copas de vino que esperan quietas,

me retuerzo como un paño mojado

después de que esa nube traicionera,

esa desfigurada nube

me atice en los costados a golpes de silencios…

y yo sin enterarme de tu dolor añejo

muy ciega de palabras

sorda de piel

coja de manos y de dedos…

y tú sin enterarte de mi dolor ya viejo

el dolor más imbécil del que se sienta a esperar nada,

desnuda como Eva en el paraíso,

perdida en la mudez sin gestos,

y mientras espero, imbécil y dolorida,

las falanges se salen de sus nudillos

apretando con los dedos de la rabia

por no tener señales.

Con la pura impureza de esta pecadora

antes de convertirse en nociva manzana,

y casi de morir en el intento

de creer que “amar” sea una palabra honesta.


(Eva Trigo Cervera, 26 de junio de 2011)


viernes, 24 de junio de 2011

VULGAR...


La palabra VULGAR deriva de la palabra latina “vulgaris”, que significa “común”, “ordinario”, “del pueblo”.

Alguien puede pensar que resulta vulgar un señor sentado en una silla de enea junto a la puerta de su casa, tomando el fresco de la tarde, en silencio, serenísimo, mirando al infinito o saludando amablemente a los que pasan. También habrá quienes piensen que la anciana que cada día observo cerca de mi trabajo, sentada en el suelo, de cuerpo escaso y encorvada por los años, y que sacude a ratos un vaso rojo de Coca-cola reclamando unas monedas, sea de una vulgaridad grotesca. Para mí estas dos imágenes están cargadas de belleza. Miro el rostro de esa señora y adivino su trayectoria, y no puedo sino pensar que es un relato hermoso, de más de cien páginas al menos; y si observo con detenimiento al señor que apoya con cierta elegancia su brazo sobre el respaldo de esa silla de patas bajas, repintada varias veces de verde, esbozo en mis retinas un gran cuadro colgado en el mejor de los museos.

Puedo parecer vulgar y hasta terminar escribiendo algo que sea mediocre si no me muevo con sutileza al hablar de esta palabra, así que intentaré no meter la pata.

Las raíces de ciertos vocablos suelen engañarnos, pero están ahí y no podemos cambiarlas, a pesar de que se remueven sin parar dentro de esa gran maceta que es la Historia, donde han quedado aprisionadas buscando incansables el agujero de su base para salir a la luz. Salirse de la norma, diría más bien. Con esta palabra ha ocurrido algo extraño, que a fuerza de empujar y de enroscarse en sí misma, a muchos nos resuena actualmente ridícula y chocante. Y aunque la palabra-raíz que asoma por ese pequeño orificio tiene una etimología nada grotesca, porque me habla de la gente común, de esa bella anciana encorvada y de aquel señor que toma el fresco en la puerta de su casa, la metamorfosis sufrida por la evolución la hace más poderosa que su origen mismo. Y a eso me ciño yo con ciertas palabras cuando se trata de su sonoridad, y ahora más que nunca con la palabra “vulgar”, que no me suena a cantos de sirenas ni a trompetas celestiales. El tiempo a veces no hace justicia, pero por algo será. Las palabras siempre encierran una magia que se nos escapa de las manos.

A mí me puede parecer vulgar observar cómo alguien devora con las manos un simple muslo de pollo, mientras se relame de gusto rebuscando con la lengua restos de carne entre los huesos, y no sentir ninguna extrañeza si lo vivo en Marruecos. En ese bonito lugar hasta yo comería con las manos, porque allí es algo habitual. Tampoco me parece nada extraño y menos aún vulgar que un niño se introduzca en la nariz un dedo, intentando sacarse un simple moco, y sí antiestético que lo haga un señor que sentado en un restaurante espera su postre. Es todo tan relativo. La vulgaridad puede ser caprichosa y hay que tener la capacidad de entender con elegancia la cultura donde estamos plantados.

A veces la mediocridad va disfrazada de Armani y perfumada de Kenzo. Afortunadamente a muchos nos gusta ir caracterizados de nosotros mismos, sin máscaras que deformen la realidad o nos conviertan en una caricatura. Puedo aseguraros que el buen gusto y la elegancia no están en las tiendas de la calle Serrano ni en una Boutique de Paris. El buen gusto y la distinción están en saber discernir lo moralmente aceptado por aquello que te dicta un corazón limpio que jamás tendrá la intención de ofender a nadie que le observa de cerca o de lejos. Vulgar no es el que hace un mal uso del lenguaje por desconocimiento, si no el que con el lenguaje o una actitud altanera o cruel mancha una conversación o un mensaje escrito, intentando que el resto del mundo se solidarice con su ridículo discurso. Vulgar también es utilizar el lenguaje para asesinar ilusiones o clavar en una espalda desprevenida puñales envenenados. Eso no sólo es vulgar, puede llegar incluso a convertirse en monstruoso.

No sé si habré caído en la vulgaridad o no. Sólo quería narrar sin querer narrar, aunque suene retorcido, como las raíces de la palabra “vulgar”. Entrar de puntillas en mi blog… e insinuar lo grosero de algunas situaciones que me han ocurrido en el pasado o me han relatado y vivido en el presente. A veces me siento un bicho raro caminando por un lugar equivocado. No obstante, mis torpes pasos, esos que me hacen cometer errores a menudo y caer en el abismo de una crisis tras otra de forma inesperada por mi inocencia y excesiva confianza, ahora me gritan prudencia. Me he comprado calzado nuevo contra ampollas para recorrer mis nuevos caminos. Viviré teniendo cuidado de no cruzar la línea que separa la mediocridad de lo genuino, y siguiendo siempre los buenos consejos de los que con elegancia y cariño me han sabido decir que no vaya desprevenida por la vida y que merezco encuentros limpios y leales.

“Los espíritus mediocres suelen condenar todo aquello que está fuera de su alcance” (François de la Rochefoucauld)

sábado, 18 de junio de 2011

El día E en RE Mayor…

Aquí estoy de nuevo, delante de un documento de Word en blanco, sin un tema concreto, pero con muchas palabras rellenando el hueco de mi inquieta cabeza, dispuesta a cincelar con mis dedos sobre el teclado un texto que se deje leer. La madrugada me arropa, la calle respira algarabía de sábado, y el verano asoma su patita por fin. Aquí sigo, intentando escupir palabras que me resuenen en los oídos y me zarandeen suavemente como si fuese un pequeño barco de papel a la deriva.

Ayer fue EL DÍA E y más de setenta y ocho ciudades dejaron escapar globos con palabras que llenaron el espacio de sentimientos y sensaciones. Yo me siento ahora así, repleta de globos de colores que quieren salir a flote. El poder de las palabras es infinito. Me apetece jugar con ellas, aquí, ahora, siempre. Algunas palabras tienen una pátina tan pegajosa y mágica como la miel, y se te pega a la boca y no puedes dejar de repetirlas una y otra vez.

Escribiré en RE mayor… a lo grande, porque quiero que las cuerdas de mi garganta resuenen en el aire con más brillo que nunca. Deseo que de mi caja de resonancia salgan palabras alegres que iluminen mi rostro, porque el RE menor le da un aire triste y oscuro a todo lo que suena. Dejaré que el pequeño RE crezca, tal vez con el tiempo se alegre de haberme conocido.

El MAR, la primera palabra que gritaré al aire, y que ahora la mueve una ola juguetona sin mala intención. Yo remo y remo despacio hacia ti, sobre unas aguas mansas, mientras me esperas en la orilla reclamándome historias nuevas. Un mar que de remar se ha convertido en “reamar” como si todo recomenzase. Los recuerdos nublados se refunden y caen por su propio peso en las profundidades. Olvidados. Y repesco los besos no dados en esa piel que reconozco. Los besos suenan suaves, pero cuando “rebesas” una boca reconocida, te resuena un chasquido en el cerebro recordándote que algo ha resurgido de entre las cenizas y debes aprovechar la buena racha.

Los REs son tan refrescantes como las resacas de abrazos, siempre quieres volver a emborracharte. Son capaces de reciclar tu corazón y rebautizarte de nuevo. Te recuestas en un hombro que huele familiar y lo requieres más que antes porque el tiempo, sin casi percatarte de ello, ha hecho su labor más bella, hacer que revalores lo que estaba escondido detrás de una lata de cerveza guardada en un frigorífico esperando tu vuelta.

Los REs son maravillosamente mágicos y te reaniman las funciones más vitales. “Resueñas” y vuelves a ilusionarte por ese mar que estuvo lleno de dudas, pero que hoy se ve claro y diáfano. Tenía replegadas las alas como omóplatos desgastados y ahora se me despliegan y vuelo alto.

Con el recogimiento que me da la madrugada me dispongo a recostar mi cabeza sobre el almohadón, a elevarme, a sentir que el renacimiento no sólo se explica en clase de historia del arte. Me recolocaré bien el pijama y recordaré que debo repostar toda la noche, para llenar mi depósito de respuestas que me repongan el alma y recarguen mis baterías con “rebesos” y “reabrazos” con sello propio.

Esta noche me relamo de gusto porque creo haber encontrado detrás de mi oreja la forma perfecta de la nota RE mayor susurrándome que nada se pierde, que todo se transforma.

Y cuando te revuelva a ver… ¿podrás permitirme que te esconda en el hueco de mis alas para decirte algunas palabras que aquí no podrían pronunciarse porque son sólo nuestras?

sábado, 11 de junio de 2011

Despoblada como un bosque talado...


Estoy despoblada como un bosque talado

por sierras eléctricas que me chillan al oído

desnuda de hojas

y de brazos de madera con savia caliente

que quisieran abrazar de noche

tu perfil

tu pecho

tus pulmones

pero siento fuerte el destierro en mis hombros

que se derrama brutal y acompasado

sube y baja hasta las sienes

que rugen de orfandad.

Y una voz lejana

que llega de mis tripas amotinadas

me dice que es hora de no hacer más cola en el mercado

que mi número pasó

y que debo elegir ya la fruta adecuada

para comerla en silencio a tu lado.

Tal vez esperé demasiado

sentada en la orilla

mientras sonaban campanas...

ahora “los laureles esperan tu llegada”.*

*(verso de Oscar Wilde)

Eva Trigo Cervera (11 de junio de 2011)

viernes, 3 de junio de 2011

Poema a una radiografía dolorida...

Puede que todo esté perdido

y ya no pueda hacer nada,

¿y si muero mañana y tú no estás?

¿y si muero mañana y no te das cuenta que me he ido?

debe ser cosa de los planetas...

sé que no están bien alineados,

lo sé porque lo siento

en mis huesos

en mis rodillas

en mis codos

en mis dedos.

Todos andan desorbitados como yo.

La tierra se mueve más que nunca bajo mis pies

y el vértigo me remueve las tripas.

Miro a través de la radiografía

mis vértebras cansadas,

aplastadas vértebras que quieren estirarse

para coger la luna y entregártela,

pero me duele tanto y tanto…

me duele la espalda

cuando lanzas dardos contra ella,

cuando no entiendo el significado

de la palabra vergüenza,

de la palabra decencia.

Me duele hasta dolerme la lengua

del silencio impuesto

y hasta la radiografía me duele

de mirarla al trasluz de tu sonrisa.

Y sueño con escaparme escondida en el bolsillo

de tu pequeña caravana con amaneceres dibujados

con suaves pinceles,

con manos nuevas.

Sueño con sobrevolar todas las autopistas

con Chopin de fondo

y un mechón atado de amuleto en forma de sonrisa

al corazón que ahora no me duele

porque ya no cabe más dolor

que el de mi espalda y su radiografía.

( EVA TRIGO CERVERA , 3 de junio de 2011 )

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