domingo, 30 de enero de 2011

Olvidar es morir...


A veces cuando pides algo a gritos, ese dios, el tuyo y el mío, me oye y me responde. Mi dios al menos así lo ha hecho hoy. Me ha caído del cielo un regalo en forma de reflexión que me ha hecho recordar que el olvido no es algo que pueda aplicarse a un corazón que late fuerte por invocaciones tan presentes e intemporales aún. El olvido es algo involuntario, eso al menos dicen los entendidos, pero yo no logro entender ni siento el coraje de poder olvidar, de poder olvidarte ni olvidarme, de poder lograrlo ni tan siquiera intentarlo. Se me nubla la visión y la impotencia crece si me impongo dejar de recordar o de “mecer” en mi memoria aquella información que deposité para siempre entre tus brazos, bajo sábanas blancas con olor a bizcocho.

Pretender olvidar a alguien es querer recordarlo para siempre, y “siempre” es lo mismo, caigo una y otra vez, pero casi nunca logro levantarme porque no quiero, no quiero arrinconarte. Ahora no puedo luchar contra los elementos, son otros hilos los que manejan la maquinaria y no soy yo la que desea recordar que hay que olvidar para poder vaciarse. No soy capaz de hacer ver que existo, que estoy aquí, que no me he ido y que no puedo desvanecerme como una figura de humo. No quiero olvidar, no quiero olvidarte, no quiero olvidarme de nada.

¿Por qué olvidar si podemos coexistir inmortalizando la bondad del pasado y la suerte del porvenir?... ¿por qué olvidar si se puede regresar a ese punto donde lo grotesco se esfuma por arte de la dulzura?... ¿Por qué manchar con tinta negra aquellas palabras hermosas, y aniquilar de un zarpazo certero pasajes que olían a futuro?... ¿Por qué postergar esos sueños que quedaron sin escribir con valientes dedos en agendas recién estrenadas? … ¿Por qué dejar que el descuido, ése que provoca las horas muertas dentro de una bañera pensando en olvidar, nos atenace?... ¿Por qué no llenamos el escenario con sonrisas, con ladridos, con aullidos a la luna llena que nos mira confusa hoy?... ¿Por qué no nos encontramos en aquel punto impreciso que separó los caminos?... ¿Por qué, por qué, por qué? ¿Por qué olvidar si se puede vivir?

Las heridas no curadas, las que no me dejan lamer, provocan hoy este desasosiego mío. Me trago a sorbos la culpa y reaparecen las huellas de un delito con una larga pena ya cumplida con creces, con deseo de absolución por un delito no cometido, un delito inexistente porque nunca fue, un delito ni tuyo ni mío, ni de aquél o aquélla que pasa por tu lado o por el mío intentando enjugar unas lágrimas, las mías, que son ahora las tuyas. Un mismo sabor salado nos une, nos ensambló entonces y seguirá haciéndolo porque el olvido es imposible, porque los recuerdos no se esfuman. Los recuerdos han quedado sepultados en mi piel, con suaves manos que supieron palpar cada centímetro de mi alma, y quedarse a dormir agazapados en mi regazo.

Olvidar es morirse poco a poco y no quiero morirme... y la distancia.????... la distancia es un invento chino…

sábado, 22 de enero de 2011

UN HOMBRE HA MUERTO... de Juan Cervera


Un hombre ha muerto, se llevó mis ojos.

Dime, amor, dime amor: ¿Cómo te voy a ver?

Un hombre ha muerto, se llevó mis manos.

¿Me puedes tú decir, ¡oh, amada amante!,

cómo será posible acariciarte?

Un hombre ha muerto, renunció a mi sombra.

Amor, ¡ay!, dime, amor:

¿En qué rayo de sol colgaré mi sombrero?

Un hombre ha muerto, te dejó mis trajes,

mis zapatos, mi pluma, mis corbatas...

Dime, amor, dime, amor: ¿qué harás con todo eso?

Las corbatas, los trajes, los zapatos,

los podrás envolver y darlos al asilo;

pero dime tú, amor: ¿en dónde encontrarás

al hombre enamorado que acepte hacerse cargo

de mi pluma, decidido a escribir

versos de amor al aire de tu pelo?

Un hombre ha muerto, se llevó mis labios.

Ya nunca más, amor, podré encenderme

de besos en tu boca.

¡Qué terrible es la muerte, amada mía!

Caben en ella todas las amnesias

y todos los recuerdos también caben en ella.

Un hombre ha muerto, se llevó mi vida.

Dime tú, amor del alma, si aún muerto quepo en ti

y así, pese a mi muerte, no moriré del todo

en tanto que tú vivas y me lleves contigo,

incluso hasta la cama con tus nuevos amantes.

Un hombre ha muerto, lo dejó aquí todo.

Dime, amor, dime, dime: ¿cómo entonces

que alguien se fue si no se llevó nada?

Un hombre ha muerto...suponía ser yo.


jueves, 20 de enero de 2011

Introducción a MUÑECAS ROTAS...


De pequeña yo daba el pecho a las muñecas muertas, y la sombra alargada de mi padre se proyectaba en el suelo como la de un gran oso gigante que acecha cada movimiento de sus víctimas... Ahora todo es diferente, encontré una goma de borrar con rico sabor a infancia, y agachada, agachada y triste, froto cada losa que aquella silueta oscureció. Las lágrimas refrescan mi actividad diaria... Y ahora descanso y lloro, y ahora lloro y descanso.

(Fragmento introductorio del futuro libro de relatos breves: MUÑECAS ROTAS)

domingo, 16 de enero de 2011

Remendando la vida... (Relato escrito el 1 de enero de 2011)

(En memoria de mi tía abuela Vicenta)

El amanecer se colaba tímido por la ventana entreabierta. Reverberaba una luz finísima de comienzos de abril sobre los alfileres que descansaban desordenados en un acerico* rodeado por una maraña de restos de hilos de colores. El carbón todavía humeaba en la copa bajo la ropa de camilla. El olor cálido impregnaba las paredes mudas.

La tía-abuela Vicenta hilvanaba palabras inconexas, deliraba con la boca seca y el corazón ajado, mientras un enfermero colocaba su cuerpo ligero sobre una camilla desplegada en medio del salón. Con la respiración entrecortada daba las últimas puntadas a su vida, unas largas, otras más cortas, con resuellos de algodón suave, frunciendo con sus manos huesudas y sin fuerza el dobladillo de su desgastado camisón y desesperando el último aliento. No nos perdía de vista con su mirada dulce, intentando bordar con sus labios mensajes de colores que nadie supo reproducir. Quedaron impresos en el aire cargado de azahar de aquella incipiente primavera.

La noche anterior, ella y mi abuela narraban, con la pasión de un dolor añejo pero sin carga de rencor, historias de la guerra, y yo hilaba sus palabras con la inocencia de mis escasos diez años. Zurciendo momentos rotos me ofrecían retales de historias pasadas que yo remendaba en mi cabeza de niña, recolocando los trozos e ideando un vida mejor para mí después de todo aquello. Esa noche se quedó a medias mi vestido de muñecas sobre la mesa redonda cargada de recuerdos deshilachados.

Acerico: alfiletero.

lunes, 10 de enero de 2011

¿A dónde irán los besos que no damos?...


¿A dónde irán los besos que no damos?

Ayer besé tus labios,

un beso que se perdió en el tiempo,

en la penumbra del pasado.

Añoranza de los besos que no he dado

que resbalan fuera de mí como fantasmas en mi noche oscura,

en esta noche en la que los labios se buscan ávidos y no se encuentran.

Labios que buscan,

que no besan

besos que no quieren besar.


(Eva Trigo Cervera... noviembre de 2010)

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