jueves, 30 de julio de 2009

Rendez-vous avec Paris


En 1989 acaricié Paris, viajaba en bus rodeando esta preciosa ciudad, saltando del aeropuerto Charles de Gaulle al Orly. Viajaba por entonces a Colonia (Alemania), dispuesta a encontrarme con uno de mis amores importantes, el primero. Mi nariz aplastada contra el cristal se afanaba por respirar algo de aquella ciudad, pero sólo pude atisbar de lejos una miniatura de la Torre Eiffel.
Ahora me he desquitado, he estado fuera 15 días, de los cuales,7 los he pasado en París. Ah, y no he ido ni a EuroDisney ni al Museo de Roland Garros, eventos muy publicitados en el metro de Paris, aunque si soy sincera, no me importa lo más mínimo.
Habría sido casi una ruina si me hubiera alojado en un Hotel, pero he tenido la suerte de ser huésped de Natalie y Diana, dos mujeres francesas, entrañables, amables y a las cuales guardaré siempre un recuerdo grato por su bonita acogida... ¡¡Gracias Diana, Gracias Natalie!!.
No voy a realizar una lista gigante de todas las cosas que mis agradecidos ojos han grabado, aunque podría. Sí comentaré, aún bajo los efectos de este viaje, y emocionada, lo que más me ha sorprendido.
Como todo turista que visita Paris, saludé a la Dama de Hierro de Eiffel; me llevaron como se lleva a un invidente, con los ojos tapados, y me hicieron abrirlos cuando la tenía delante... ¡¡Sí que impresiona, sí!!, aunque no quise perder mi precioso tiempo en una cola para subir a la Torre y ver una panorámica desde 324 metros de altura…Demasiado turista junto, aparte de nublarme la visión, me hizo sentir como una oveja en un enorme rebaño. Preferimos esperar al día siguiente para subir al rascacielos más alto de Paris, la Torre Montparnasse. Es moderna y nada agradable a la vista, pero desde el piso 59 y a 210 metros de altura nos proporciona vistas de la ciudad que incluyen por supuesto la obra de Eiffel. Fue la mejor opción.
Mis menciones especiales van dirigidas a dos museos, hermanitos pequeños del Museo de Louvre y en mi opinión mucho más cercanos a mí, el Museo D’Orsay y el de L’Orangerie. El Museo emblemático de Paris me impactó, por supuesto, obras como la Victoria de Samotracia, la Venus de Milo y la bella estatua de Cánova, Amor y Psique, me encantaron. Ah, eché mucho de menos las explicaciones a muchas de las obras por mis dos amigas filólogas, porque con tanto turista nos quedamos sin audioguías. Lo más chocante de mi visita al Louvre fue ver a unos 6 metros una obra que esperaba con ansia, la Gioconda. Me miraba a mí, eso es seguro, pero también a los cientos de excursionistas, que cámara en ristre, se afanaban en retratarla, por supuesto con ayuda del zoom. Y digo yo, ¿¿no es mejor buscar una buena imagen en Internet y copiarla??, pues no, al menos para muchos de los allí presentes, porque la imagen de la señora sonriente quedaría detrás del turista en cuestión; la foto que posteriormente verían en sus respectivos países, se completaría con un turista o una turista mucho más sonriente que la protagonista, que con seguridad querría decir: “Yo estuve aquí”.
Lo más espectacular del museo del Louvre es su edificio y lo más cómico de una visita a éste es observar a la multitud haciendo cola para fotografiarse en la misma postura que las estatuas allí expuestas. En ese momento sentí vergüenza de ser turista.
Quiero recalcar a modo de ilustración que salí del museo con ampollas y un fuerte dolor de pies.
El Museo D’Orsay me sorprendió con una de sus adquisiciones más recientes, El origen del mundo, cuadro de Gustave Corbet, que ilustra esta entrada, pintado en 1866, de ahí mi sorpresa… ¡¡Menuda osadía!!.
Pero donde más disfruté fue en el Museo que alberga a mis favoritos, el de L’Orangerie. Un pequeño museo, de moderna construcción, que acoge pinturas impresionistas y postimpresionistas y ubicado en los preciosos jardines de las Tullerías, en la Plaza de la Concordia, a la orillita del Sena. Con este museo me relajé del todo y disfruté de lo lindo, nada de atascos de turistas ni posturas ridículas frente a las cámaras. Encierra obras de Paul Cezanne,
Henri Matisse, Amedeo Modigliani, Claude Monet, Pablo Picasso, Pierre-Auguste Renoir, y el genio Van Gogh, entre otros. Me hubiera comprado a la salida comprar láminas de todos ellos, pero no era una idea operativa.
Los Campos Elíseos, no puedo olvidarme, paseo obligado y muy agradable. Es la avenida más famosa del mundo y célebre por ser el lugar donde finaliza cada año el Tour de Francia, que nos pilló casi al final del viaje… hice una foto a la avenida vacía, protegida por policías mientras recogían las vallas de las aceras. También se pueden ver las más importantes firmas de moda, es como la Gran Vía pero a lo bestia. En esos momentos, mis pies ya estaban destrozados del todo, ¡¡qué horror!! Seguramente me dejaré en el tintero muchas cosas, pero no el barrio que más me gustó de todos, supongo que por lo alternativo y modesto. El barrio de Montmartre; en un costado, a un minuto de la place du Tertre, es decir, la famosa plaza de los pintores y bohemios, ahora convertida en reclamo turístico, te encuentras con un museo muy familiar, el Museo de Dalí, con más de 300 obras del pintor, entre esculturas, litografías e ilustraciones.
Visitamos algunas iglesias importantes y por supuesto, la catedral de Notre Dame, ubicada en la pequeña isla que traza el Sena, con sus gárgolas fantasmagóricas espiando la ciudad por todos sus flancos. Si mirabas concentrada hacia el cielo, podías ver a Quasimodo saltando de un lado a otro.
Nos llevaron al centro Pompidou, espacio modernísimo y de dimensiones espectaculares también, dedicado a la creación actual, en todas sus formas: arquitectura, diseño, artes plásticas, actuaciones en directo. Cine, etc. Allí tuvimos la suerte de disfrutar de una retrospectiva de Kandinsky que estará en Paris hasta el 10 de agosto.
No quisiera ser cargante, así que voy a concluir esta entrada diciendo que en mi vida he comido tantos crepes como en este viaje, de chocolate Nutela, de queso, de plátano, de jamón…Teniendo en cuenta lo caro que resulta sobrevivir en esta ciudad, un crepe es lo más socorrido.
Y mi evocación más especial, para terminar, a la mejor guía que he tenido nunca, una española que ha vivido 6 años en esa ciudad...Gracias, gracias, gracias por todo, por tus traducciones simultáneas, por tus explicaciones, por tus sonrisas…¡ Lo que nos hemos reído!...¿¿Se puede pedir más??
De vuelta de todo y dispuesta a volver a las andadas. Esto es sólo un anticipo, algunas gárgolas de la catedral de Notre Dame....me encannnnntan. Ando con poco tiempo y muy dispersa...Saludos a todos y a todas. EVA

martes, 14 de julio de 2009

La vida te empuja y YO seguiré ahí...

Me dispongo a ser huésped por unos días, luego volveré… ¿a dónde?, a mí misma que es lo único que me pertenece, mi única propiedad.
La felicidad llega a tu vida y se marcha por donde vino, los cuerpos son jóvenes y dejan de serlo para convertirse en ancianos, el dolor está ahí un día, y un instante más tarde es posible que ya no esté, pero yo siempre seguiré. Las personas llegan a tu vida y se mudan en silencio para acoplarse a otras, siempre lo hacen; los invitados vienen por un tiempo y más tarde parten, siempre lo hacen; los lugares son visitados por ti y también se marchan, aunque aparentemos movernos nosotros; los recuerdos, engañosas fantasías, no existen, pero vienen a ti para martillearte y después circulan, dejándote una sonrisa muda en el rostro. De nuevo quedo yo, mi conciencia, porque en realidad no soy lo que he estado pensando, lo que he estado recordando o imaginando. Yo sólo soy AHORA, ni siquiera soy lo que vendrá, aunque lo anhele.
Dice Osho: “Éste es el proceso: lo que no puede rechazarse, lo que no puede separarse de ti, eso eres tú, de lo que es posible separarse, no eres tú”.
Porque yo soy el huésped, como dice Osho, sí, amig@s, yo soy el único anfitrión posible. Volveré y no encontraré invitados, ni lugares, ni tal vez personas, tampoco recuerdos, pero estaré ahí, siendo joven, y con la capacidad intacta para comenzar de nuevo y asimilar todo.

martes, 7 de julio de 2009

El Orgullo Gay 2009

Como todos los años por estas fechas, se celebra en la capital española una marcha-manifectación que festeja el DÍA INTERNACIONAL DEL ORGULLO LGBT (lesbiana, gay, bisexual y transgénero), el llamado en Madrid ORGULLO GAY y en la que representantes de diferentes organizaciones intentan recordarnos que aún hoy existe la discriminación, exclusión y violencia a millones de personas que han elegido en sus vidas una opción sexual distinta a la de la gran mayoría y que trabajan para que todo esto vaya desapareciendo... Ahí estaba yo, apoyando la causa y disfrutando del momento, como cada año.
¿Por qué orgullo gay y no “orgullo hetero”?, dirán algunos. Bueno, la noción principal del “orgullo gay” radica en que nadie debería avergonzarse de lo que es o siente, cualquiera sea su orientación sexual. El hecho de que no haya ninguna jornada que celebre el orgullo hetero es evidente. Nadie, en la historia de la humanidad, que se sienta hetero, se ha ofendido o discriminado por ello, nadie insultado ni agredido por besarse en público o encarcelado y asesinado por amar a alguien del sexo contrario.
Como me gusta documentarme, y para los que lo desconocían, que no serán muchos, esta fiesta se originó por los disturbios que ocurrieron en 1969 en un bar gay de Nueva York, el pub en cuestión se llamaba Stonewall Inn. El cuerpo de policía entró para llevar a cabo un control de bebidas alcohólicas. Pero aquella visita fue más allá, los agentes insultaron y agredieron a la clientela y después los echaron a la calle. Comenzaron a salir de forma pacífica, pero algunos se mostraron molestos y opusieron resistencia porque no entendían los cargos que se les imputaban, cosa que provocó una batalla campal que tuvo como resultado algunos muertos y más de 250 heridos. A partir de entonces, todos los 28 de junio y a veces primeros de julio, se celebra este día en recuerdo de las víctimas. Todo esto supuso el nacimiento de muchas asociaciones que defendieron los derechos de los gays…Y desde entonces hasta nuestros días hemos observado muchos resultados favorables gracias a ellos…¿o no?... Si no eres partidario o defensor de la Marcha del Orgullo gay o no te sientes representado como homosexual, es respetable, pero no lo compartiré jamás, porque pienso que este acontecimiento es un grito al mundo, y si nos enmudecemos, perderemos fuerza y tal vez, muchos de los logros conseguidos podrían caer en el olvido o incluso diría más, perderse por falta de unión. En las manifestaciones que sucedieron a los hechos acaecidos en Stonewall Inn se despertó el aspecto lúdico, colorista, carnavalesco, fresco e incluso trasgresor de lo gay, que aún hoy está vigente. Desearon entonces clamar al mundo que ser gay se identificase con la alegría y expresar que ser homosexual no fuera sinónimo de infelicidad, ya la vida te da muchas zancadillas como para que también tu opción sexual sea causa de desdicha.
Muchos han cuestionado la imagen que se da de la homosexualidad en este evento, por ser una fiesta impregnada de colorido y desmadre, y aunque no todos somos iguales, afortunadamente, y no nos sintamos tal vez representados por la mayoría de los que se aventuran a subirse en una carroza, o disfrazarse de romano, de época o de policía por unas horas, observé que no todos los que participaron en el espectáculo eran los típicos gays “más locas”, ni los más atrevidos, elección que respeto enormemente. Aparte de las carrozas más espectaculares, pasearon por las calles del centro de Madrid más de una docena de ellas implicando a partidos políticos, sindicatos y otras organizaciones en las que sus representantes iban “seriesitos” y vestidos de diario, cosa que aburrió al personal allí presente por los comentarios que escuché y que yo misma emití… Porque no hay que engañarse, esta manifestación es una fiesta, como lo puede ser el Carnaval; es un espectáculo de color y de sonido e impregnada de una energía diferente. A mí, si cada año me gusta más, no es precisamente porque falten homosexuales valientes que huyen por no sentirse representados. Lo que más me enorgullece es ver entre el público a personas de todo tipo, familias con niños, ancianos, y muchas pandillas y parejas heterosexuales que se suman a la fiesta para apoyar la causa y no sólo por diversión.
Muchos son los que faltaron a ese acontecimiento, y me refiero a ciertos partidos políticos y representantes de los mismos relacionados con la comunidad de Madrid. ¿Dónde estaban?...si alguien los vio que me lo haga saber. No era obligatoria, ya lo sé, la asistencia, pero me hace gracia, por no decir otra cosa más fuerte, que muchos de los miembros de esos partidos que se encierran de por vida en los armarios llenos de bolitas antipolillas, se beneficien de logros que ellos mismos han negado en sus programas durante décadas.

Nadie nace racista...

Nadie nace racista, pero un niño tiene muchas posibilidades de serlo, si nace en un entorno que propicie la xenofobia y el odio al diferente.
De ahí la importancia de una asignatura como la educación para la ciudadanía recientemente incorporada al resto de las asignaturas, porque no todos los padres están capacitados para educar como se debe a un menor y la muestra la tenemos en la calle, jóvenes violentos, intransigentes, xenófobos y homófobos, que tienen la raíz de su comportamiento en el seno de su hogar.
¿Quién puede estar en contra de una asignatura que eduque a nuestros hijos como buenos ciudadanos?, solamente puede estar en contra quien no comparta los valores democráticos y de respeto que en ella se recogen.
Saludos Progresistas a tod@s.
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