viernes, 28 de agosto de 2009

Las redacciones de mi vida y la Era de la Comunicación

Cada vez que escribo una de mis entradas en este blog, me recuerdo en la casa de mi infancia, enciclopedia en mano para documentarme, que una es muy profesional, elaborando cuidadosamente la redacción que el profesor de turno había ordenado hacer esa jornada escolar. No sólo nos pedían escribir sobre las vacaciones navideñas a la vuelta de éstas, no, a menudo debíamos hacerlo sobre noticias candentes o sobre hechos históricos, como la invención de la imprenta por ejemplo.

Adoraba llegar al colegio al día siguiente y que el profesor me pidiera leer delante de mis compañeros mi redacción. Si ese día no me elegían para hacerlo, me sentía algo frustrada porque nadie escucharía mi pequeña obra, después de tanta elaboración y cuidado; porque si no existe “feed back”, es decir, si no hay aprobación o crítica alguna, el que escribe puede dejar de hacerlo poco a poco. Me ocurre igual con mis blogs, sé con seguridad que hay personas cercanas a mí que me leen, amigos muy cercanos e incluso familiares, pero en pocas ocasiones unos y en ninguna otros, escriben un comentario. Los comentarios en los blogs son esas aprobaciones o críticas necesarias para que estos espacios se mantengan y para que los/las autor@s de los mismos se sienta motivad@s y continuen escribiendo en ellos.

Tengo una anécdota curiosa de hace bastantes años. Mi padre, acostado en su cama, me pidió que le leyese uno de mis cuentos. Comencé a recitarlo con la soltura de una presentadora de radio, casi a oscuras…y observé para mi sorpresa que mi progenitor, cuando llevaba apenas 3 folios leídos, se había quedado completamente dormido. Al principio, y quiero confesar que bastantes años después, sentí una frustración infinita; a mi propio padre le resultaban soporíferos mis relatos. Pero con el tiempo y mucha madurez, entendí, no sé, podréis creer que tal vez para justificarme, que el cuento contado o leído al borde de una cama tiene un único objetivo: sumergir al oyente en un letargo profundo e irreversible. Yo no dejé de escribir, porque esa reacción de mi padre me pareció la esperada en esa situación… haced la prueba y veréis.

Cualquiera les pide a los chicos de hoy que redacten algo sobre un determinado tema, algunos se limitarían a poner cuatro frases sacadas del "rincón del vago", con lindezas como: “… como ya comenté en mi libro publicado en 1954…”

Me resulta curioso la forma de comunicarse que tienen algunos jóvenes, sin ir más lejos, no hace muchos días coincidí en el Messenger con uno de mis nueve sobrinos, un joven muy creativo en lo que respecta al mundo de la música electrónica y muy, muy trabajador y constante. Lo que me pareció sorprendente, y en otras ocasiones, charlando con otros jóvenes también me ha resultado similar, son sus respuestas, casi todas previsibles. “sip”, “qué bien, no?”, “claro”, “a ver si nos vemos”, “no veas”, “bss”… No sé si es mi impresión, pero como tengo esa necesidad imperiosa de comunicarme largo y tendido y casi a todas horas, y cuando lo hago, soy capaz de dormir a las piedras, me siento desaprovechada, vamos, que me siento como una policía en un interrogatorio, ¿te imaginas?... Con el flexo dirigido al rostro y sin escapatoria. Estos jóvenes y algunos no tan jóvenes jamás suelen narrar nada de lo que acontece en sus vidas, sólo emiten respuestas cortas, como autómatas, y eso que están horas enganchados a internet. ¡¡¡Menos mal que estamos en la era de la comunicación!!!...

domingo, 23 de agosto de 2009

¿Has dejado de existir para alguien?

A menudo el ser humano conoce el rostro más amargo, la muerte de un ser querido, por ejemplo, y en otras ocasiones nos toca asumir algo más grave que la muerte, al menos en mi opinión, porque para mí la muerte es algo asumido y nada terrible. Me refiero a “dejar de existir para alguien”, es decir, que con la magia de no sé qué conjuro te hagan desaparecer como un conejo en un sombrero… y como es casi repentino, tu cerebro no comprende las razones que han llevado a esta extraña situación. Y yo sé que en el fondo nadie puede desaparecer de la vida de nadie. Si has significado TODO en otra época en la vida de ese mago Merlín, si has compartido risas, llantos, momentos buenos y menos buenos, si has crecido mucho al lado de esa persona… puedo aseguraros que no te evaporas, que SIEMPRE vas a estar en la mente y en la vida de ese afortunado mortal que se encontró contigo, que ahora parece relegarte a un plano diferente, tal vez al ostracismo, al destierro.

Recibir señales de humo al menos te da las pistas justas que te harán sentir que la espera no es en vano; pero si el silencio, la distancia y el tiempo se van dilatando, la certeza de que algo injusto está ocurriendo, reaparece. La desilusión y la creencia de que no existes para esa persona regresan y se te adhieren al pellejo. Y vivir el presente a veces no es la única solución, aunque parezca la mejor manera de soportarlo.

sábado, 22 de agosto de 2009

A ti, Horacio Claudio Huggías, amigo mío

Amigo Horacio, este verano he estado contigo en Sevilla, visitando tu pequeño hogar, unos bajos con infinitos pasillos, bien aprovechados, organizados y repletos de vida. Siempre he dicho que cuando quedo contigo mi cabeza se pone a cien y las neuronas encargadas de crear e idear funcionan a toda velocidad. Eres la persona más creativa que conozco y tu vida está cargada de historias llenas de colores. Hemos vivido muchas de ellas juntos, amigo, y hoy te ofrezco aquí un bonito recuerdo, para que quede constancia de ello y no lo olvidemos nunca. Me alegró verte, después de casi un año. Fuimos sacando del baúl de los recuerdos muchos espejismos, sueños hechos realidad y hasta algún que otro proyecto inacabado, qué ilusión me hizo. Corría el año 1994, una Sevilla intransitable por sus grados nos hacía deambular por la calle a altas horas de la noche, buscando algo de brisa fresca, que no encontramos, por supuesto. Pasamos junto a un enorme contenedor lleno de escombros, vigas y material “inservible” de una copistería cercana. Un tesoro ante nosotros. Nuestros ojos quedaron abiertos y sorprendidos como si estuviéramos viendo dinero, oro, joyas preciosas... Menudo botín, dos vigas enlazadas, una de madera bien perfilada y nueva, quedaba unida a otra, tronco rugoso y desgastado, a través de un gran clavo mohoso. Qué maravilla de escultura estábamos viendo, un cuerpo de mujer herido y articulado que acercaba sus brazos como diciendo: “sacadme de aquí, llevadme con vosotros, haced algo con este cuerpo que me habita”. Rebuscando entre los escombros encontramos depósitos de tinta medio llenos, casualmente de color rojo fuerte. La escultura estaba servida, sólo debíamos cargar con ella y llevarla al taller. ¿Recuerdas?...por entonces tu taller estaba situado en una gran estancia de la casa número 10 de la Plaza de la Gavidia de Sevilla, que fue entre otras cosas, en otros tiempos, una casa palacio, antigua Capitanía General, farmacia militar y en el año 1994 casa okupada por personas con inquietudes artísticas sin precedentes. La cosa duró poco, echaron a los okupas y quedó relegada al olvido durante unos años, en 1999 la rescató la Junta de Andalucía y hoy alberga la sede de la Consejería de Justicia. Llegamos a la preciosa casa palacio y nos pusimos manos a la obra. La posamos con cuidado en el suelo y tú, querido amigo, la trataste con la dulzura que se merecía. La convertiste en una vieja y hermosa dama, cuyo corazón había sido atravesado por alguna aflicción o disgusto. La tinta salía del clavo, causa de todos sus sufrimientos, y corría por su cuerpo de madera, adornándolo celosamente. Al poco tiempo le escribí un pequeño texto a la dama y la expusiste con otras obras tuyas en una sala de Sevilla. Aquí están las palabras que me sugirió esta señora.

Lunes, 19 de septiembre de 1994
A una dama herida
La vieja dama ha sucumbido al mar de la desmedida. La golpea el pasado y la clava el presente al futuro más recóndito. Un contenedor recalcitrante y polvo- riento, testigo ciego de carne caducada, la engulló, y dos ángeles caídos de la luna de un lunes llenísimo, salvaron su historia con aceite y tinta del olvido.

martes, 11 de agosto de 2009

Próximas actuaciones de VICTORIA MANSO

Como prometí, aquí os traigo las próximas actuaciones de la soprano Victoria Manso, por si deseáis adquirir con tiempo entradas y desplazaros para escucharla.

Primera actuación:

El miércoles, 9 de septiembre de 2009 en Utiel (Valencia).

Segunda actuación:

El viernes, día 4 de septiembre de 2009 en Pinto (Madrid), un pueblo del sur de Madrid. Esta actuación será en el joven teatro Francisco Rabal de esta localidad, que sólo está a 20 minutos de tren desde Atocha.

En estas dos primeras actuaciones la cantante Victoria Manso, junto a la soprano Elena Valdelomar, Enrique del Portal Junior como tenor y Marco Moncloa como barítono, representarán “Un paseo por Madrid” de Arte Ópera, espectáculo en dos actos donde se mezclan zarzuelas muy conocidas.

Si pincháis en los nombres, podréis conocer mejor a los artistas destacados.

Tercera Actuación:

Un concierto de música española de la soprano acompañada por la pianista Laurance Verna, en un Festival organizado por FIMTE, en Almería. La actuación está prevista para octubre, aunque la fecha exacta está aún por confirmar... Ya saldrá en este blog cuando sepa algo.

Al menos los que vivimos en la capital podremos ir a escuchar a la MANSO a Pinto, ya no habrá excusas. Para los que no puedan, pinchando en su apellido la escucharéis cantando boleros. Aunque no es ópera en esta ocasión y no podamos percibir, quien no la haya disfrutado nunca antes, la gran voz que posee, creo que algo es algo...

sábado, 8 de agosto de 2009

La eutanasia debería ser un derecho del ser humano


Gustav Klimt, Muerte y vida
Siento hablar de nuevo de este tema tan controvertido, pero sentí una necesidad imperiosa de hacerlo. No puedo dejar de pensar en este tema desde hace algunos días, empujada por circunstancias muy cercanas.
El término eutanasia tiene su origen en la antigua Grecia: “eu” (bien) y “thanatos” (muerte). Eutanasia significa el hecho de provocar una muerte rápida, dulce, fácil y lo más importante, sin dolores ni sufrimientos insoportables a un paciente que está próximo a morir a causa de una
enfermedad terminal. Dos puntos importantes hay que tener en cuenta para que ésta se pueda hacer efectiva (aparte de que debe ser legal en el país que se ponga en práctica, claro): primero, para que pueda considerarse eutanasia el enfermo tiene que sufrir una enfermedad incurable y terminal, y en segundo lugar hay que contar con el consentimiento expreso del enfermo… cosa que dificulta el proceso si el paciente está en coma o padece una enfermedad que le imposibilite la comunicación.
En los hospitales españoles, la única actuación “legal” que se pone en práctica ante un enfermo terminal e incurable es, lo que llaman los doctores, “la muerte digna”, que consiste, en “dejar morir” al enfermo, omitiendo todo tratamiento, alimento, hidratación… y adormeciéndolo. Menos mal que al menos mitigan cualquier dolor a través de sedación controlada, con la ayuda de lo que llaman medidas paliativas. Lo más cruel para mí de este modo de proceder es la espera de la muerte; dejar morir de hambre, de sed, al enfermo, no actuando en consecuencia para agilizar el tránsito es lo más salvaje; porque, como dije en mi anterior entrada, ni con los animales hacemos esto. Los equipos médicos de la mayoría de los hospitales, al menos de los que conozco y en los que he vivido experiencias de enfermos terminales familiares, tienen la costumbre de dormir a los pacientes para que los últimos días de vida los pasen aletargados y no perciban que se están muriendo. Yo creo que para quitar el dolor no es necesario dormir al paciente, seguro que existen medicamentos analgésicos fuertes que controlados bloqueen el sufrimiento del enfermo. No considero negativo que el enfermo esté conciente de lo que le está ocurriendo, es más, deberíamos ver la muerte como un paseo dulce, un tránsito natural como lo puede ser el hecho de nacer. Lo que no es natural es el dolor que rodea a la muerte, el enfermo debe saber que se tiene que marchar y asumirlo, claro que tal vez debería haber también personal sanitario especializado, aparte de los familiares, para ayudar a pasar este trago. Sin duda alguna, también creo que el ser humano, desde pequeñitos, debería estar preparado y educado para morir, es decir, sin miedos absurdos que nos imponen las religiones.
Por lo expuesto arriba pienso que la medicina y las leyes se contradicen, porque la práctica de la sedación está normalizada y bien vista, aunque no deja de parecerme una aberración, y aunque la eutanasia no está ligada a ninguna ley formal en la actualidad aquí en España, deberían sacar algo, porque esto que se hace a diario en nuestros hospitales es una eutanasia light, de la mala, de la inhumana…Ya expliqué mis motivos en la otra entrada y no voy a repetirme ahora. Curioso que digan que los partidarios de la eutanasia pensamos que la sedación terminal es como una eutanasia lenta. Yo no lo pienso, es más, yo hasta diría que es una mala praxis, porque la agonía se alarga tanto para el enfermo como para los familiares.
El enfermo terminal nos escucha, y aunque no está científicamente demostrado, incluso en estado de coma, el enfermo percibe. Por eso, yo siempre he creído que mientras está en ese estado alterado de conciencia provocado por los fármacos, debemos comunicarnos con él de forma suave, susurrándole con la afectividad y el calor que nos otorga el parentesco, que se debe marchar tranquil@, que todo está bajo control y que ya no debe preocuparse por nada, que no hay dolor, que ya no hay sufrimiento. Las palabras de despedida hacen que el enfermo parta con tranquilidad y también se aleje a su manera. Mi padre se despidió de todos; acercó a la cama donde estaba postrado casi un mes a cada uno de sus hijos, por separado, y les expuso muy despacio, porque ya no tenía las fuerzas suficientes para ello, un mensaje muy personal. Eso le honró.
Para terminar por hoy, quiero mencionar a la Iglesia católica, ésa que dice que es hasta pecado mortal practicar la eutanasia, es decir, asistir y ayudar a un moribundo a realizar ese cambio, a morir dignamente. A veces deberían callar, silenciarse y dedicarse a sus labores, bautizos, bodas, misas, etc, porque sólo obstaculizan el proceso de cualquier país democrático.
El debate continúa abierto…

jueves, 6 de agosto de 2009

AL MAL TIEMPO BUENA CARA

Mi abuela solía decir que cuando te preguntasen por la salud o por el ánimo, siempre debías responder que estabas muy bien. Ella fundaba esta idea en algo que ni ella sabía, al menos en teoría, la ley de la atracción. Si tú sonríes, probablemente te responderán con otra sonrisa, por eso decía que siempre debíamos estar contentos y agradecidos. ¿Era feliz?, bueno, pasaron muchas cosas en su vida, grandes tragedias, porque vivió antes, durante y después de la guerra civil española, ¡podéis imaginaros!... su apariencia siempre fue de felicidad plena, sonrisa en ristre deambulaba por la calle saludando a todos los vecinos del pueblo. Ella vivió una vida sencilla, sin derroches, sin desear más de lo que podía obtener de su realidad. Porque, y aquí quería yo llegar, si deseamos más de lo que podemos abarcar, jugamos a perder. En muchas ocasiones incluso desear es necesitar con tanta desesperación que nos imposibilita vivir si no es para satisfacer ese deseo, algo absurdo en casi todas las ocasiones, ya que en el momento de satisfacer ese deseo, comenzamos a desear otra cosa. No defiendo el hecho de no desear nada para ser feliz, por supuesto, porque el que no desea nada no sufre decepciones, pero tampoco satisfacciones. Lo que quiero decir es que debemos anhelar aquello que está en nuestras manos, que es absurdo esperar, acariciar un deseo a sabiendas de que no se cumplirá.

sábado, 1 de agosto de 2009

La eutanasia, morir con dignidad


Actualmente estoy viviendo el viaje sin retorno de la madre de una persona muy importante, hecho que ya he vivido en varias ocasiones antes y que me hace reflexionar hoy sobre la eutanasia.
Nuestra educación cristiana, seamos o no practicantes, hace que nos sintamos crueles al desear que un ser humano con una enfermedad terminal muera cuanto antes. ¿Cómo verbalizar esto con una persona querida agonizando?... Difícil situación, yo no lo he pensado nunca con mis seres queridos, pero tal vez porque siempre creí que había esperanzas. No es el caso de muchos enfermos que están encamados y dependientes de sus familiares y profesionales hasta para respirar. Todos ellos quizás hayan sido padres o madres y han estado cuidando de sus hijos como se merecían, limpiaban sus culitos de bebés, los alimentaban y los lavaban cuando estos lo requerían. Ahora tal vez son ellos los que necesiten ayuda para hacer cualquier actividad tan básica como ésas que he nombrado y se sienten estériles y avergonzados tal vez de ser dependientes, de demandar hasta el oxígeno que respiran. La dignidad del ser humano rebajada hasta tal punto que el deseo de morir lo tienen ellos antes que nadie.
La polémica eutanasia, legal en Suiza por ejemplo, hace que muchos se nieguen a mover un dedo con un ser humano que pide morir a gritos porque los dolores son insoportables y se sienten como vegetales. Seguro que más de uno se ha tenido que ver en su realidad cotidiana con la tesitura de tener que llevar a su perro o a su gato enfermo al veterinario, para que le ayudase a morir, porque el animalito sufría… Los animales sufren igual que los seres humanos, señoras y señores, reflexionen sobre eso. Nadie queda con un trauma después de que su mascota muera de esa forma porque “ya no sufrirá más” y es de humanos ese acto tan bondadoso. Pero…¿por qué tanto estruendo si en vez de una mascota es un ser humano, un familiar, el que te pide con lamentos que desea morir ya?... Porque los lamentos de tus familiares se incrustan en lo más profundo y te sientes impotente. En ese momento eres tú el que se siente como un vegetal, porque no puedes hacer nada para aliviar ni para que mejore, ya que en la mayoría de los casos, nada puedes hacer.
Y no hablo de la eutanasia pasiva. Vale que por un motivo compasivo, la eutanasia se puede producir tanto por una acción como por una omisión. Parece ser que si la eutanasia es dirigida, es decir, inyectas algo químico al enfermo para que el sufrimiento sea menor, resulta más confuso de entender cuando se hace un análisis ético, pero yo diría más, la comedura de coco es mayor cuanto más religioso sea ese análisis, así que hablando de este tema la Iglesia debería siempre quedarse a un lado y mirar más hacia las cientos de camas que hay en el mundo con enfermos esperando morir. He visto en muchas ocasiones actuar por omisión, porque “ya nada se podía hacer” y ese acto lo veo mucho más cruel.
Según las leyes suizas, quien colabora en un suicidio sólo puede ser interrogado por las autoridades con el fin de comprobar si hubo o no delito. Es una ley que se remonta a los años 30, época en las que hubo grandes epidemias y donde los avances médicos no se encontraban tan adelantados. Sin embargo, en Inglaterra, prestar asistencia a un suicida es un crimen censurado con un máximo de catorce años de cárcel.
Sé que muchos de los que me lean se echarán las manos a la cabeza, porque pensarán que ayudar a un familiar a morir (dignamente) es cometer un asesinato. Para mí, y después de muchas reflexiones, puede ser uno de los actos más amorosos que existen. Cuando lloramos ante un moribundo, nos decimos y repetimos que ya no lo volveremos a ver más, que ya no te dirá esas cosas tan bellas que te decía y que jamás podremos pedirle consejo sobre cualquier tema, pero no solemos respetar mucho su deseo y tampoco vemos que todas esas acciones que antes hacía con la alegría y la fuerza infinita que le daba la salud, ahora no puede hacerlas. Es duro, pero es cierto, nos aferramos a los recuerdos, creyendo que por tener con vida a la persona amada o querida a nuestro lado es suficiente… y no es así. ¿Le hemos preguntado qué desea?
Mi madre, mujer de 77 años, de la cual ya he hablado en alguna ocasión, me sorprendió hace unos días comentando que si ella se ve en una situación de dependencia total y postrada en una cama, actuemos ayudándola a morir de forma digna. No me asombró tanto, ya que mi querida madre cada vez está más abierta a todo pensamiento avanzado, cosa que le honra. También quiero expresar públicamente, y aprovecho la ocasión que me brinda mi propio blog, que para eso es mío, puesto que nunca se sabe lo que puede pasarnos mañana, que yo también deseo ser ayudada a morir si el momento lo requiere y que por favor, este cuerpecito que me adorna lo donen a un hospital universitario para investigar, como hizo mi padre. Amén…

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