domingo, 6 de abril de 2014

Sigo aquí esperándote...

                                                                Fotografía de Lubélia Cortez

Te espero aquí, aquietada, muda de tristezas, con la sonrisa puesta y un suspiro de piedra en la garganta. Generosa de manos y de besos, sobrevolando la vida que nos mira traviesa desde lo alto.

Sin apenas notarlo, se asomará risueña y satisfecha la hora señalada, la que a golpe de sueños tallamos cada noche en húmedas almohadas, aquella hora que tus dedos y los míos moldearon mimosos tantas lunas. Nuestra hora, la tuya y la mía...la que se esconde entre las manecillas de un reloj destartalado y solitario al que le faltan números porque no los necesita, un reloj que muevo a mi antojo y a ritmo de samba.


Ya no exijo nada al reloj perfecto de la plaza porque tengo el mío, destartalado y solitario. Y sé que el tiempo, ése que siempre corre a nuestro favor, me envuelve con su tic-tac acompasado el alma toda.


Y aunque a veces llore en silencio el paso de esas horas, y por más que se rompan las piedras de mis manos, seguiré aquí esperándote, porque sé que tú vendrás a despertarme en la hora señalada.
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