miércoles, 25 de enero de 2017

PAREJA EVOLUTIVA...


Fotografía de Lubélia Carvahlo

Para escribir este texto me he basado en una entrevista a Wagner Alegretti y Nanci Trivellato, profesor y profesora de la IAC y pareja evolutiva desde hace muchísimos años. Este tema siempre me ha interesado mucho.  Ofrecen un curso sobre el tema bastante interesante.
Pareja Evolutiva es un concepto acuñado por la Concienciología, o ciencia que estudia la CONCIENCIA, eso que somos realmente, que en algunos ámbitos llaman “alma” y en otros “espíritu” y que es la esencia de nuestro ser, lo que realmente somos.

Las personas andamos como locas por encontrar a alguien con la que vivir nuestras vidas de forma plena, pero muchas veces nos conformamos con rebuscar un relleno para la soledad y pasamos de un fracaso sentimental a otro sin cuestionarnos nada. La paciencia y el trabajo personal de cada cual harán que después de escudriñar en nuestras tripas, aceptar muchas de las cosas que somos y limar los flecos que nos desagradan de nosotras mismas, nos aborden seres humanos que realmente se correspondan con lo que siempre hemos deseado. Ser pareja evolutiva es nada más y nada menos que un grupo de personas ( casi siempre dos, aunque podrían ser tres, o cuatro... ) que comparten sus vidas y que tienen una visión similar de la misma, objetivos, ideas, emociones y por supuesto energías comunes, mucha afinidad en un tanto por cierto elevado, siempre con sus particularidades e individualidades, que se desarrollarán para que la pareja evolucione mejor. La tendencia a evolucionar en pareja es lo más importante en este caso.  Uno de los objetivos primordiales de la pareja evolutiva es emplear energía para que ambas partes crezcan y ayudar a que otras personas también lo hagan, es decir la ASISTENCIA. Desde que tengo uso de razón (evolutiva), y esto no hace mucho tiempo, unos cuantos años atrás, he observado que en mi programación existencial hay una meta primera que es la asistencia a otras personas, a través de mi trabajo y fuera de él. A veces, por circunstancias, me he alejado de ella, pero ahora vuelvo a tiempo y con fuerza para continuar mi programa. Asistencia sutil, pero asistencia. Y no me refiero a la ayuda material o aparentemente generosa del que da para recibir algo. No, hablo de la asistencia que casi no se ve, la que se ofrece sin pedir nada a cambio, sólo la recompensa del placer recibido en silencio, porque todo se retribuye, todo, lo bueno y lo malo.  La evolución en pareja por tanto puede ser posible. Dos personas que viven juntas y que destilan amor puro y lo dirigen hacia ellas mismas primero y hacia las que le rodean seguidamente es algo que debemos perseguir en nuestras vidas.  Pero no podemos confundir este término con el clásico “alma gemela”, porque este término concibe a la pareja como una única conciencia ( una fusión)  que se rompió en un momento dado y que sólo encontrará la felicidad si se vuelven a encontrar... pero no, la conciencia no se puede dividir, por tanto, las personas que buscan su alma gemela pueden llegar al naufragio una y otra vez ya que buscan con ahínco la perfección, el complemento a sus vidas y eso es difícil, por no decir imposible.

La esencia de la pareja evolutiva es algo mucho más inquebrantable y difícil de comprender que todo eso. Lo que subyace de todo lo que hasta ahora he dicho es quizá la verdadera esencia de la definición de pareja evolutiva: dos conciencias que probablemente ya fueron cómplices en otras vidas, compañeras en otra época de la historia, lo que hace que los lazos indestructibles que los unen sean más armoniosos y potentes. Por esa razón, por las vidas que ya se han vivido juntas, también el amor mutuo que sienten suele ser reconocido desde el primer encuentro, inexplicablemente familiar. Cuantas más vidas hayan vivido juntas unas conciencias, más armonía y aproximación desarrollarán en la presente vida.

Quiero terminar copiando unas palabras de Warner Allegretti. Él hace una comparación entre la pareja y una organización o negocio. Dice: “La pareja evolutiva se entiende como si fuese una sociedad entre dos personas, cuyos fines son AFECTIVOS Y EVOLUTIVOS. Si la sociedad vale la pena, o sea, si es más de 50% positiva para las dos personas, se continúa, pero si está dando pérdidas, entonces tal vez lo mejor sería evaluar esta sociedad”... 
Encontrar a tu socia ideal es de las mejores cosas que te pueden ocurrir en esta vida.. aunque la socia ideal sea sin duda una misma.



jueves, 5 de enero de 2017

Mi ciclo de 7 X 7



“Cuando algo muere simbólicamente, algo renace, surge algo nuevo, es un principio del ciclo de la vida” ( El buentrato. Fina Sanz )



Siete por siete, los ciclos que ya he vivido en esta dimensión. Casi nada y casi todo. Cuarenta y nueve años. Mi séptimo ciclo. A partir de ahora dicen que ya nada queda, que es generalmente un período elevado (esto me asusta un poco pero me emociona a la vez) donde debemos dar el giro exacto, la vuelta de tuerca concreta, el camino cierto por donde deseamos transitar los años que nos quedan por vivir. Es a partir de aquí donde se suma “espiritualidad” más “espiritualidad”, es decir, se combina el chacra  7º con el chacra 7º ( esto me da un subidón que no os podéis imaginar, jeje). Dicen que es el periodo del amor desinteresado, menuda responsabilidad, donde no hay ya nada que demostrar y  empezamos a recoger los frutos, buenos y menos buenos.

Hay quien afirma, con estudios científicos incluidos, que las células de nuestro cuerpo se regeneran cada siete años aproximadamente, y habrá personas que hasta justifiquen con esto ciertas costumbres insanas, total, dentro de unos años tendré el hígado o un corazón nuevo, dirán algunas personas… Para mí es bastante cuestionable esta afirmación, y como no tengo respuesta, la tomo con pinzas. Me quedo más bien con que nuestra vida, nuestra visión de todo lo que nos rodea y nuestra manera de ESTAR en este mundo cambia casi por completo periódicamente, y esto es una obviedad.

Por lo visto, según las personas expertas en biorritmos, cada año cumplido se divide en siete periodos de 52 días cada uno. En cada ciclo de 52 días intervienen por lo visto los campos vibracionales de los planetas (¡¡¡cuánto me gusta esto!!!).
Los primeros 52 días después de la fecha de cualquier cumpleaños son fundamentales, y para mí este año han sido determinantes. En ellos tienes que sentar las bases para el resto de los meses hasta completar el año, que concluirá cuando cumpla el siguiente, en mi caso el quince de septiembre, el día en que nací.

Me costó resolver algunas situaciones, tomar decisiones drásticas en mi vida, cosa que me originó una fuerte contractura que interpreté maravillosamente, porque me escuché en silencio, pero que no supe expresar hacia el exterior. Sí, fui yo y nadie más, con mis miedos y mi dificultad para comunicar al resto del mundo lo que quería y lo que no quería en mi vida, la que me provoqué ese malestar que duró varias semanas, lo justo para que todo se zanjara. El dolor desapareció de manera sorprendente cuando las cosas se resolvieron, ya en el segundo ciclo de 52 días, como tiene que ser, según dicen. Quedé aliviada y muy tranquila. ¿Quizá tarde? …no importa, nunca es demasiado tarde, ni tampoco demasiado temprano. El tiempo es el que es y el momento justo viene dado, así que agradezco siempre y me relajo.
En esos días se fueron fraguando proyectos nuevos con los que ahora me estoy ilusionando. También tuve sueños muy reveladores, algunos vuelos lúcidos mientras dormía y mensajes que se han tatuado en mi cerebro desde entonces. Estos los guardo para mí. El final del segundo ciclo después de mi cumpleaños estuvo cargado de silencio, de escucha interior, de mucha paz, reflexión personal y contacto con la naturaleza.

Unos días antes de comenzar el año 2017 empezó mi tercer ciclo de 52 días, que concluirá a mitad de febrero aproximadamente. En estas semanas que vienen no puedo actuar por impulso, tengo que dar pasitos firmes y con mucha lucidez para no caerme, para no hacerme daño. Me recuerdo que estoy en mi 7X7 de vida y eso es muy importante. Estoy muy atenta a todo y tomando precauciones para actuar con calma y para que cualquier cambio que venga sea positivo para mí y para las personas que me rodean y que por supuesto quiero.

Tengo que poner mucha atención al cuarto ciclo de 52 días, he leído que es buena etapa para proyectar o planificar el futuro, cuidándome y protegiéndome el corazón, añado yo.

Pues bien, los ciclos de 52 días se sucederán a lo largo de mi año y con ellos situaciones que tendré que trabajarme de la mejor forma.

Me emociona estar en esta etapa de mi vida, en este punto sin retorno, sin vuelta atrás y sin ganas de mirar hacia el pasado más que para recoger información necesaria para poder ordenar piezas claves; me ilusiona comenzar esta nueva etapa de mi desarrollo en la que lo espiritual parece tener mucha importancia. Tengo que entender que mis cambios físicos y mentales a partir de ahora me van a permitir liberarme de lastres para poder volar despacio hacia la meta, mi meta. Podría morirme ahora mismo y ya habría cerrado mi ciclo, pero no me iré porque no es el momento. Sin duda he comprendido a lo largo de estos años que yo no soy este cuerpo que me habita, que solo me lo prestaron para transitar por esta densa dimensión.


Y cuando este presente se termine, vendrán otros, cada ciclo es un presente nuevo y estamos viviendo ciclos constantes. Mientras tanto, debo vivir aprovechando cada instante, cada soplo de vida que me han regalado extra buscando lo que soy, investigando en mis tripas y buceando cada pensamiento que tengo, buenos y malos, para escudriñar mi trasfondo, mis puertas falsas, mis túneles infinitos.

domingo, 3 de julio de 2016

Ajustando mi presente...



(Fotografía de: Eva Trigo Cervera9

Dice Lao que la existencia nace de la no-existencia. Es cierto que si no hay vacío no hay totalidad, pero rechazo la idea de que convivir con la adversidad te haga valorar más la felicidad; a veces sí, a veces no, y por supuesto no debe ser una premisa para acercarte a ella.

Confieso que hoy me siento deshabitada; tal vez esté llenando los depósitos de mi alma con ese vacío que había buscado en otras vidas y en otras etapas de esta existencia. Ahora vivo una nueva fase, en cierto modo buscada, deseada… esperada. Un cambio de hogar y un cambio de etapa. Llegó este momento y ahora me debato en una lucha desenfrenada de ajustes dolorosos pero necesarios. Una crisis existencial importante, como algunas que viví hace tanto y que hoy solo son un vago recuerdo.

Parte de mi pasado se quebró en estos últimos meses, con la vivacidad de un volcán. Su lava arrastró todo aquello de lo que había soñado soltarme. Las piezas de mi vida se desmoronaron ruidosamente, manchando todo a mi alrededor. Tuve que barrer con energía toda la mugre acumulada y tiré a la basura los pedazos inservibles. Mi vida desmembrada por unos meses se recompone ahora poco a poco con una sonrisa y algunas lágrimas. Eso sí, confieso que guardé algunas piezas, por aquello de honrar a esa parte de mi pasado con la que ahora me reconcilio.

La primera noche en mi nuevo hogar fue reveladora. Por causa del azar, la mudanza no pudo hacerse esa misma tarde. Todos mis enseres llegaron a la zona en un camión, y tal como llegó rodando, se marchó por donde había venido. “No puedo entrar en tu calle, no está permitido, es zona restringida y no quiero que me multen, así que volveré a las siete de la mañana para traerte tus cosas”.  Me bloqueé por unos minutos, pero me recompuse enseguida y metí la mano en mi bolso. Allí estaban las llaves de mi nueva vida. Podría haber sido peor. mudanza no pudo hacerse esa tardestl como lleg ora. Di dos vueltassue hago las paces, me rza a la vez y mis piezas Agradecí al Universo la incompetencia de aquel señor y me dispuse a prepararme para pasar la noche.

Cerré la puerta dando dos vueltas a la llave y sentí la felicidad acariciando las paredes desnudas. Me senté en el suelo, apoyando mi espalda en uno de los muros de mi nuevo hogar y respiré hondo.  Solo sentí vacío,  ese vacío que no duele y que te recupera de meses de estrés. Esa noche, aunque dormí sobre unos cartones y una manta prestados por un ángel que encontré en una tienda vecina, no fue una noche cualquiera. Cierto que casi no pegué ojo, pero desperté con energía y dispuesta a cambiarlo todo.


Y ahora soy otra, en un entorno nuevo, con esas piezas que no tiré a la basura para no olvidar las vivencias que me aportaron color y ternura en otro tiempo, aunque con ganas de hacer una hoguera gigante que purifique todo ese pasado que ahora ya no me duele tanto pero que hizo tambalear mis cimientos.

No sé a qué lugar pertenezco,  y en cierto modo tampoco me importa mucho estar o no estar en él.  Ahora toca esto, mañana no tengo idea. Ningún lugar me retiene ya ni creo que sea buena idea que ninguno me contenga o deba contenerme. Extrapolar este concepto a los seres vivos que me rodean es también un hecho. Ahora solo deseo con toda mi alma poder volver a mi centro. De allí salgo a menudo y allí quiero regresar siempre. Volver sabiendo que me espera una rama frondosa, una rama cualquiera enmarcada en un territorio recóndito que nadie conoce más que yo,  donde descansar de tanta convulsión.

Me siento más que nunca exploradora de un presente nuevo, el mío, observadora de este entramado en el que me sumergieron cuando nací en este cuerpo que solo tiene cuarenta y ocho años. Sí, “solo”, porque la línea temporal es alargada y se pierde en el horizonte y estos años que atesoro son pocos todavía para sentir que he logrado ciertos éxitos.

Yo sé que mi entramado es otro y está más cerca de lo que a simple vista se percibe. Está AQUÍ.

martes, 1 de marzo de 2016

Y te quedaste...

Fotografía de LuBélia Cortez

Entraste por mi boca
una madrugada en aquella inhóspita estación de servicio
donde paramos como dos adolescentes para reconocernos
las bocas blandas de suspiros nuevos 
y palabras y gestos que te robé ese día para quedármelos
te deslizaste hasta el fondo de mi alma 
porque ya no había puertas cerradas para ti
te quedaste… 
para siempre, dijiste 
para siempre, susurré yo con los dedos en el teclado… 
y ahora hagamos todo lo que nos salga de la poesía. 

Esa noche 
como todas las noches que siguieron
me abracé a la almohada esperando el alba.

lunes, 15 de febrero de 2016

Súper poderes...





De pequeña fui una niña con súper poderes. Creo que algo quedó de entonces, porque sigo sintiéndome liviana y con muchas ganas de volar todavía.

Tenía el poder de hacerme invisible cuando me reunía con la multitud de familiares que se arremolinaba ruidosa en el patio de la casa de mi infancia.  Otras veces, cuando los ruidos no eran de multitudes, sino de monstruos que amenazaban mi estabilidad y la de mis compañeras y compañeros de infancia, me hacía un ovillo en cualquiera de las habitaciones vacías de esa casa y por arte de magia nadie conseguía verme, invisible para cualquiera, ligera como una pluma e intocable. Este súper poder fue uno de los primeros que desarrollé.
  
Era un placer infinito pasear por los enormes corredores de esa casa, el espacioso corral y el patio, portando entre mis manos el espejo del cuarto de aseo. Lo apoyaba con fuerza sobre mi vientre, girado hacia el cielo. Acercaba mis ojos  al resplandor  y me disponía a disfrutar. Primero caminando despacio por el reflejo de los techos desconchados y después fuera, con más seguridad, sobre el de las nubes esponjosas que cruzaban el cielo. Fueron mis primeros vuelos, invisibles y solitarias acrobacias, aprovechando siempre el silencio y el vacío de la siesta.

En otras ocasiones me quedaba extasiada mirando la nuca de las personas que estaban sentadas viendo televisión en la sala, me concentraba en un punto, apretaba el entrecejo y después de unos minutos de esfuerzo mental, se obraba el milagro, la persona se giraba y me observaba extrañada. Yo disimulaba apartando la vista. Así con todo el mundo, con compañeras de clase, con gente que esperaba en una fila, en el cine… fue un súper poder que con el tiempo fui perdiendo por falta de práctica.

En una de las habitaciones donde se forjaron cada noche mis sueños, aquellos que transitan por otras dimensiones y que cada día apuntaba en un cuaderno para no olvidarlos, dormíamos cuatro o cinco hermanas, compartiendo camas, compartiendo oxígeno y compartiendo miedos.  A ciertas horas,  y después de intercambiar las alegrías y las penas vividas durante el día,  yo todavía seguía hilando frases con el tono somnoliento característico de esas horas intempestivas. Contaba alguna historia inventada, inyectando en mis palabras un dulce somnífero y narrando algo que ni ellas ni yo misma entendíamos bien. Hablaba de duendes  alados, de niñas que escapaban de sus casas para correr aventuras y de sueños que saltaban fuera de los bolsillos de mi abrigo, camino del colegio cada día. Era entonces cuando escuchaba ruiditos de bocas entreabiertas y suspiros. Me incorporaba, miraba a un lado y a otro del cuarto buscando alguna réplica y solo encontraba cuerpos inertes y cubiertos hasta las cejas.  Este súper poder de dormir a otras personas mientras retozan en la cama de al lado o en la mía propia, lo sigo manteniendo intacto y me siento orgullosa por ello.


Cuando comprobaba que el sueño había vencido a una habitación llena de niñas, con los ojos muy abiertos, recorría el techo de la habitación buscando formas que me arroparan para no tener miedo. Después, más calmada, respiraba hondo y cerraba mis ojos. Así comenzaban mis vuelos, viajaba muy lejos de allí, lejos de aquellas camas pesadas de mantas, lejos de aquellas paredes que crujían y supuraban humedad, lejos de todo. Ahí comenzaron a formarse mis alas, ahí fue cuando comencé a ser pájaro, una niña con súper poderes.

lunes, 8 de febrero de 2016

Nuestra alianza...



Giro las manecillas del reloj para llegar a ti y parar el tiempo,
vuelta a vuelta hacia atrás en un esfuerzo sobrehumano
por encontrar aquello que perdimos.
Y en una confusión de torpes aleteos,
vuelo hoy cada noche en un tic-tac de latidos
que esconden sonrisas antiguas.
Dónde estás que casi no te alcanzo?
Párate en el rellano a esperarme igual que hiciste entonces,
con la esperanza vestida de blanco inmaculado
y nuestros bolsillos rebosantes de sueños.

Pero hoy, por más que aletean en mi espalda las asustadas alas,
no encuentro el valor para acercarme tanto como entonces.

Y aunque ya no espero llegar a ningún puerto,
ni seguro…
ni en medio de la nada…
ni tuyo ni mío…
porque te has esfumado
yo desaparecido,
y porque las quimeras se han precipitado contra el suelo firme,
y hecho trizas,
seguiré pensando que aquellos mensajes que dibujamos
en papeles doblados,
escondidos bajo los almohadones de tu cama y la mía
y que trazaron tantas despedidas,
siempre serán la verdadera historia de nuestra alianza…


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