lunes, 25 de junio de 2012

El reencuentro de dos pájaros libres...


 
Después de muchas vidas de vuelo infructuoso, de toparse con algunas ramas llenas de astillas, con viejos troncos quebrados por el miedo y con brotes de rosas frescas que aguijonearon sus esperanzas durante algún tiempo, la vida de un pájaro gris de ciudad dio un giro inesperado.

Un día cualquiera, mientras dormitaba bajo la sombra de un árbol, y hacía que sus sueños descansaran, escuchó el trino de un pequeño pájaro de vuelo tranquilo. Alzó la cabeza para observar que era el ser más bello que jamás vieron sus ojos. Nunca pájaro tan excepcional sobrevoló ese bosque de ciudad. Sus plumas multicolores brillaban con el sol, y sus ojos de un color verde hierba mojada y su perfecto pico, dejaron absorto a aquel gorrión de plumas grises.
Adivinó por su trino que venía de tierras lejanas, pero sintió en su pequeño corazón que debía armarse de valor y acercarse al anónimo personaje. Desplegó sus alas, aleteó haciendo círculos perfectos alrededor del desconocido, y se quedó suspendido en el aire sin dejar de mover suavemente las alas delante de aquella maravillosa figura de pájaro exótico. 
El gorrión pió con un trino nuevo. Nunca antes habían salido de su garganta esas notas musicales tan dotadas de hermosura. Se sorprendió por la hazaña, que repitió una y otra vez hasta hacerla suya.
Por arte de magia, los trinos de aquel bello ser fueron traducidos con la misma soltura con la que reconocía el lenguaje de las flores.

El pájaro foráneo movía la cabeza de arriba hacia abajo como confirmando el gusto por aquel canto nuevo. Y al gorrión de alas grises parecieron relucirle las plumas como nunca. Sus ojos, de un azul cielo, se iluminaron de nuevo, como en aquel tiempo en que aún las plumas eran proyectos de alas y compartía nido con los de su misma especie.

Desde ese día, dos almas, dos corazones, se reconocieron en este bosque de árboles frondosos. A partir de ese día volaron juntos por el firmamento repleto de nubes con formas de algodones de azúcar. Compartieron la brisa de la mañana, el mismo sol calentó sus alas y bebieron de la misma lluvia las gotas que ésta les ofrecía.

Los animales del bosque saludaban amigablemente a la extraña pareja. Los dos pájaros planeaban por el bosque como expertos voladores de sueños nuevos, rozando sus alas muy de vez en cuando para sentir que se tenían para siempre cerca. Los arbustos mudaban sus hojas para adornar con formas sugerentes aquel paraje. Todo el bosque se había contagiado con la alegría de aquellos trinos y con el aleteo divertido de aquellas alas relucientes.

Nunca antes se vio a dos pájaros de esta especie batir sus alas con aquella coincidencia de ritmos y sonidos. Todos en el bosque se sorprendieron de lo acontecido, todos menos ellos, que parecían reconocerse a cada aleteo, a cada trino, a cada vuelo.

Sintonía de almas, trasmisión de energía y soltura al volar, capacidades que siempre habían tenido pero que ahora compartían para hacerse más fuertes. Dos pájaros libres que unieron fuerzas para poder elevarse ligeros como motas de polvo, revolotear más lejos y regocijarse como una florecilla que surge en la orilla de un camino asfaltado.

El alma de estos pájaros brilla ahora con una luz nueva. El corazón de los pájaros vibra ahora en la misma sintonía. El trino de los pájaros ahora es el mismo, porque el lenguaje del amor no entiende de especies ni de fronteras.

 Ahora el mundo se mece a su alrededor, bailando la misma danza.

sábado, 9 de junio de 2012

Época de mudar....


Es época de muda…siento que el árbol que me ha tocado ocupar estos últimos años se me hace pequeño bajo mis patas delgadas. Llevo demasiado tiempo saltando de rama en rama y me aburro. Desde hace algún tiempo ensayo la caída libre, el gran salto a otro árbol mayor, con ramas frondosas, llenas de frutas multicolores y de sabores exóticos. Ya he mudado las plumas, y ahora mis patas son más fuertes. Las alas se alargan a los lados de mi cuerpo huesudo, subiendo y bajando como olas de un mar apacible. Practico diferentes itinerarios para aterrizar con éxito en mi próximo vuelo. Tengo que estar preparada.

Las profecías apuntan a que el mundo donde habito se acaba en diciembre de dos mil doce; la crisis está minando la moral de los seres humanos y por desgracia afecta a mi mundo de alguna u otra manera. Yo soy un pobre pájaro que suspira por poder vivir con lo puesto y un poco de grano, pero sabiendo agarrarme bien a las ramas que me sustentan para no caer. A pesar de todos los vaticinios, me aferro a la idea de que la destrucción de valores fundamentales a que está siendolo que sube el cinismo y soberbia dde 2012, e ideas y florecimiento de sentimientos nuevos, malos, bueno, regulares, pero nuevos sometido el género humano en esta Era, traerá  consigo muchos nacimientos a los de mi especie…las crisis siempre conllevan el florecimiento de ideas y de sentimientos, malos, buenos, regulares, pero nuevos al fin.




Hace dos primaveras comencé a volar por caminos que no me pertenecían. Equivoqué mi trayectoria. A todos los pájaros nos falla alguna vez el sentido de la orientación, y a mí en especial, que nací con el radar algo dañado. Caí al mar y me hundí como el plomo. Salí a flote y me volví a sumergir una y otra vez, tantas veces que perdí la cuenta. Me salvó la extraña capacidad de poder nadar. La adopté de un amigo pez que conocí una vez en una orilla mientras sorbía con mi pico un trago de agua. Desde entonces nadar se ha convertido, junto con el vuelo, en mis mejores herramientas para sobrevivir en este paraíso provisional que es la vida.

Empujoncitos imperceptibles para mí fueron la causa de mis zambullidas en ese  oscuro  fondo que es la muerte de ideas, de sueños, de deseos. Los pájaros que observaron mis idas y venidas a ciegas me piaban que dejara de sumergirme en aquellas aguas oscuras y de tocar fondo todo el tiempo…se cansaron de advertirme y hasta perdieron la paciencia conmigo. Todos los pájaros lo veían menos yo, tal vez porque siempre he sido muy confiaba, o tal vez porque mi ego estaba demasiado ocupado intentando desechar  las lisonjas y adulaciones que me estaban propinando desde que comenzó el cortejo. Mis bellas alas del principio se transformaron en púas ante los ojos recelosos de los que buscan en el resto del mundo sus propios errores,  y la luz azul que mis ojos reflejaban y que parecían iluminar las noches atormentadas de algunos pájaros, ahora eran del color oscuro de sus propias miserias. Afortunadamente desperté a tiempo y pasé volando y de soslayo por todos los escaparates de las tiendas del centro de la ciudad mirando el reflejo real que éste me ofrecía. Mi propio reflejo.  Nada que ver con aquella imagen tan horrible que habían inventado para mí. Me observé por fuera y por dentro, una y otra vez, y no vi oscuridad ni púas sobre mi cuerpo. Ahora me siento aliviada. Por fin veo la realidad tal como es, hermosa como esta vida y limpia como la mirada de un niño.
Ahora puedo volar con alas nuevas hasta la Luna y escudriñar con ojos diferentes mi propia realidad, sin engaños, sin manipulaciones.
Es época de muda… mudar hasta la piel si es necesario, pero huyendo despavorida de ese pasado reciente. Mientras tanto, pinto con colores frescos un presente que me hace sonreír cada día y trazo con cuatro pinceladas, parte de un futuro que se avecina lleno de vida.
He vuelto a ser pájaro libre, pájaro de alas que brillan como el charol. Es Era de cambios para este pájaro azul que busca la sombra. Cambios internos que se reflejan en el canto que cada mañana adorna mi vida. Cantos de paz, cantos de amor, de alegría…
¡¡¡Ya estoy preparada para el gran salto!!!

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