domingo, 7 de junio de 2009

El arte de acariciar...

Hace muchos, muchos años, alguien me expuso una teoría bien extraña. Aseguraba que si diferentes individuos le acariciaban el cuello sin que pudiera identificar qué persona era, sentiría el mismo placer. Yo me sorprendí muchísimo, porque siempre he pensado que cada caricia tiene un número de identificación personal y además la piel no es ciega.
Nuestro cuerpo, esqueleto, musculatura, órganos vitales…vienen de fábrica envueltos en un traje de más de dos metros de extensión llamado PIEL. La piel está dotada de millones de terminaciones nerviosas que se encargan de hacernos apreciar cualquier roce como un escalofrío delicioso. Cierto que esas terminaciones nerviosas propias son similares a las del resto de los seres humanos, pero la energía con la que yo regalo esas caricias son sólo mías, particulares e intransferibles.
No acaricias igual la tripa de un bebé que el vientre de tu amante o las manos de un anciano. Es elemental aprender a tocar de forma personal y dejarse acariciar de igual modo. Rozar con los pechos otro pecho cercano, morder con las pestañas un lóbulo apetitoso, lamer con los dedos recovecos insondables, coquetear con los labios un cuello sugerente, besar con los ojos el aire que respira la persona amada, pasear con la lengua por espaldas dormidas, avivar con los dientes un pezón que nos observa, etc, etc.
Lo más maravilloso es descubrir a alguien que disfrute con cada roce mío, porque no todo el mundo tiene la capacidad de saborear una caricia, algunos permanecen impasibles; otros, los más afortunados, reciben con cualquier roce una ducha de placer infinito.
Y no cabe duda que la presión y la velocidad de las caricias son de gran importancia… si nos excedemos podríamos estropear la obra de arte que supone rozar la piel de otra persona, así que debemos medir cada movimiento, impregnarlo de dulzura, de mucho amor y por supuesto de cierta maestría. Aconsejo que cada caricia sea original, propia e inédita. Cuando ofrezco una caricia actúo con generosidad y las firmo… Hagan lo mismo y tendrán una denominación de origen excelente, siempre se recordarán.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Es verdad que las caricias son muy importantes. Pero sobre todo lo más importante es saber hacerlas y tienes razón, no se puede acariciar a todo el mundo por igual. Yo estoy con una persona que si sabe acariciar y debo decir que cada vez que me acaricia entro en un mundo de ensueño, como bien se puede suponer, por mi, me estaría acariciando las 24 horas del día.
Croquette...jajaja..soy yo

Anónimo dijo...

Bueno, bueno...pues qué suerte tienes, Croquette...
Una dosis diaria de caricias es terapéutico, así que enviadarás a muchos y a muchas.
Bsss

ralladuradelimón dijo...

¡Qué bonito tener a alguien a quien acariciar y alguien que te acaricie! Hace poco lei que se había hecho un estudio sobre la caricia perfecta. Y eso es tan relativo!!!!
L.T.

Anónimo dijo...

perdóóóón,he querido decir que te envidiarán muchos y muchas, Croquette...jejejeje

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