sábado, 22 de agosto de 2009

A ti, Horacio Claudio Huggías, amigo mío

Amigo Horacio, este verano he estado contigo en Sevilla, visitando tu pequeño hogar, unos bajos con infinitos pasillos, bien aprovechados, organizados y repletos de vida. Siempre he dicho que cuando quedo contigo mi cabeza se pone a cien y las neuronas encargadas de crear e idear funcionan a toda velocidad. Eres la persona más creativa que conozco y tu vida está cargada de historias llenas de colores. Hemos vivido muchas de ellas juntos, amigo, y hoy te ofrezco aquí un bonito recuerdo, para que quede constancia de ello y no lo olvidemos nunca. Me alegró verte, después de casi un año. Fuimos sacando del baúl de los recuerdos muchos espejismos, sueños hechos realidad y hasta algún que otro proyecto inacabado, qué ilusión me hizo. Corría el año 1994, una Sevilla intransitable por sus grados nos hacía deambular por la calle a altas horas de la noche, buscando algo de brisa fresca, que no encontramos, por supuesto. Pasamos junto a un enorme contenedor lleno de escombros, vigas y material “inservible” de una copistería cercana. Un tesoro ante nosotros. Nuestros ojos quedaron abiertos y sorprendidos como si estuviéramos viendo dinero, oro, joyas preciosas... Menudo botín, dos vigas enlazadas, una de madera bien perfilada y nueva, quedaba unida a otra, tronco rugoso y desgastado, a través de un gran clavo mohoso. Qué maravilla de escultura estábamos viendo, un cuerpo de mujer herido y articulado que acercaba sus brazos como diciendo: “sacadme de aquí, llevadme con vosotros, haced algo con este cuerpo que me habita”. Rebuscando entre los escombros encontramos depósitos de tinta medio llenos, casualmente de color rojo fuerte. La escultura estaba servida, sólo debíamos cargar con ella y llevarla al taller. ¿Recuerdas?...por entonces tu taller estaba situado en una gran estancia de la casa número 10 de la Plaza de la Gavidia de Sevilla, que fue entre otras cosas, en otros tiempos, una casa palacio, antigua Capitanía General, farmacia militar y en el año 1994 casa okupada por personas con inquietudes artísticas sin precedentes. La cosa duró poco, echaron a los okupas y quedó relegada al olvido durante unos años, en 1999 la rescató la Junta de Andalucía y hoy alberga la sede de la Consejería de Justicia. Llegamos a la preciosa casa palacio y nos pusimos manos a la obra. La posamos con cuidado en el suelo y tú, querido amigo, la trataste con la dulzura que se merecía. La convertiste en una vieja y hermosa dama, cuyo corazón había sido atravesado por alguna aflicción o disgusto. La tinta salía del clavo, causa de todos sus sufrimientos, y corría por su cuerpo de madera, adornándolo celosamente. Al poco tiempo le escribí un pequeño texto a la dama y la expusiste con otras obras tuyas en una sala de Sevilla. Aquí están las palabras que me sugirió esta señora.

Lunes, 19 de septiembre de 1994
A una dama herida
La vieja dama ha sucumbido al mar de la desmedida. La golpea el pasado y la clava el presente al futuro más recóndito. Un contenedor recalcitrante y polvo- riento, testigo ciego de carne caducada, la engulló, y dos ángeles caídos de la luna de un lunes llenísimo, salvaron su historia con aceite y tinta del olvido.

5 comentarios:

ralladuradelimón dijo...

Precioso, Eva. Lo que cuentas es muy bonito. Relativismo de nuevo. Lo que para unos es basura para otros es un tesoro lleno de belleza.

ralladuradelimón dijo...

Preciosa historia. Ya ves, lo que para unos es basura para otros supone un auténtico tesoro de belleza escondida. Los versos son muy bonitos.
Lara

Anónimo dijo...

No son versos, lo parecen?...no,no, es un pequeñito texto en prosa... pero supongo que por la forma en que lo he puesto pueden parecer versos.
EVA

Anónimo dijo...

La prosa puede tener un aroma poético. Por ejemplo:
"Eva eres como el trigo rubio a punto de reventar, antes de la siega, que se inclina a tu paso con una gran reverencia y ..." Espera que pegue otro trago. Voy por el 5º güisqui. ¿Se nota?. Pues no porque soy abstemio.

Anónimo dijo...

Que bonita dedicaroria para la dama abandonada a su suerte. Escribes muy bien, qué envidia sana, jejej

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