sábado, 26 de septiembre de 2009

La desconfianza como enfermedad



















¿Se puede desconfiar de todo?... No sé si de todo, pero conozco casos en los que la desconfianza en “casi todo” es una constante. Y no hablo de aquellos que se sienten atacados continuamente, no, ni siquiera de los que piensan que sus compañeros de trabajo los observan y critican a sus espalda, no, tampoco, no tiene nada que ver con eso. Estos últimos sufren más de paranoias que de desconfianza, todo hay que decirlo. Sólo quiero hablar en esta entrada de los que sienten desconfianza por lo nuevo, por lo misterioso, por los cambios de la modernidad, por ejemplo, aunque también por los desconocidos y las pretensiones de cualquiera que se les acerque.
El que desconfía soporta un acoso fantasma, inventado sobre la marcha, y en ocasiones pueden pensar que las personas que no son de su entorno muy, muy cercano, es decir, excepto los componentes de su familia, algunos amigos muy íntimos y la pareja, si la tuvieran, el resto, son una posible amenaza. Conozco personas que sienten un miedo atroz a comprar billetes de avión por Internet, porque deben dar su número de tarjeta (que no de cuenta). Confieso que no lo he hecho nunca, soy muy clásica en eso aún, aunque todo se andará, pero también tengo que confesaros que yo no soy desconfiada, aunque últimamente lo soy mucho más de lo que lo he sido nunca.
Hacer la compra por Internet, visitar las cuentas de tu banco por Internet, usar el Messenger… sí, he dicho “usar el Messenger” y si me apuras, hasta entrar con demasiada constancia en el correo, pueden resultar un gran peligro para muchos. Supongo que creerán que un enorme troyano entrará en sus viviendas a través del ordenador y les despojará de todas sus pertenencias, tanto materiales como humanas, rompiendo así su equilibrio vital. Les asusta pensar que cualquier desconocido les pueda entrar en su vivienda y ésta para ellos es su refugio más seguro, algo inamovible. Sobre todo temen a cambiar su status y cualquier reforma en sus vidas resulta inquietante. “Así estoy bien, ¿para qué voy a cambiar y hacer las cosas de otro modo?, me va bien”, pensarán. Les gusta hacer las cosas a su manera, sin ayuda de intermediarios, sienten que estos les pueden engañan, porque quién mejor que ellos para resolver todos sus problemas, por eso suelen ser autodidactas en casi todo y excesivamente suspicaces con las respuestas que otros les ofrecen, expresando por ello desaprobación directa e incluso duras críticas hacia las personas cercanas que les aprecian y quieren por encima de todo, si observan que resultan dañinas para sus vidas. Además, y esto es lo más triste, es muy probable que hasta se distancien de ellas, viéndolas como posibles amenazas, expresándose con reserva y cautela en todo momento.

Tendría mucho más que decir sobre las personas desconfiadas, pero es suficiente. Sólo expresar que siento muchísima pena por ellos porque me consta que se torturan y mucho.

7 comentarios:

Iván dijo...

Tampoco hay que ser tan confiados. El otro dia tenía en el correo un telegrama de Correos, con el mismo formato de los telegramas y pulsé como conocido. Resonó un relincho y seguidamente mi anti-virus me anunciaba que se trataba de un caballo de Troya, menos mal que pude deshacerme de el. Después de esto como comprenderás no me fío de nadie. Y tú Evita, evita los telegramas del correo electrónico.

etcetera dijo...

¿A quién se le ocurre abrir un telegrama que te envían por email...? Correos jamás te enviaría uno a través de internet,que para eso es Correos...el tradicional, el de los sellitos,jajajaja.
A mí me enviaron varios de esos y los borré, claro. Yo soy CONFIADA, pero no tonta y cualquier mensaje extraño lo borro directamente, incluso personales si veo que traen adjuntados chorraditas que sólo ensucian mi P.C.

Anónimo dijo...

Confieso que soy muy desconfiada, tanto que a veces reconozco que llega a ser casi enfermizo, y no me gusta nada, pero no puedo evitarlo. No sé por qué me ocurre, de hecho realmente nunca me ha sucedido nada que se pueda considerar grave en ese sentido...a veces me gustaría confiar más en la gente, en las nuevas tecnologías, pero oyes tantas cosas que no sabes a qué atenerte, y para alguien como yo es complicado quitarse el lastre de la desconfianza. Estoy de acuerdo contigo Eva, se es más feliz siendo algo más confiada, que no tonta.

Saluditos

Iván dijo...

Eva estoy en internet hace escasamente un año y pico. Por lo que mi dominio y conocimiento del sistema como comprenderás está aun por completar.

etcetera dijo...

precisamente por llevar poco tiempo buceando por internet tendrías que ser más desconfiado, por eso de la novedad, jejejeje... no te enfades ni te ofendas, sólo que no puedes abrir los mensajes así por las buenas y menos de estamentos como correos o bancos... es un consejo.

ralladuradelimón dijo...

...y a mí que esto me suena a mensaje subliminal de nuevo...
En definitiva, el rechazo a las nuevas tecnologías viene del desconocimiento y la ignorancia como casi todos los rechazos radicales y tajantes en esta vida. En mi caso, hago de todo por internet y pienso seguir haciéndolo (que raro ha sonado eso no? jaja)
L.T

Anónimo dijo...

puff, pues entonces no creo que habras el archivo adjunto que te envié el otro día a tu correo. Chorradita, chorradita no es. De todos lo e-mails que recibo a lo largo del día esa me ha gustado.
Aunque entiendo bien ciertas reticencias a abrir determinadas cosas pues yo soy la primera que eso de comprar por Internet no lo hecho todavía, yo mejor a contrarrembolso, jeje. Y sí, se vive mejor no siendo tan desconfiado, mejor y más sano.
Esperanza

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