miércoles, 20 de enero de 2010

la castración y la imperfección del ser humano

No suelo hacer mucho caso a la televisión, es más, hasta hace unas semanas no tenía. La puse mientras hacía unas cosas…y cuál fue mi sorpresa... lo que dijeron los dos tertulianos, en ese momento me venía a mí particularmente al dedillo.

Hablaron de la castración según un psicoanalista francés muy prestigioso, Jacques Lacan. Por lo visto decía que no nos curaríamos si no la asumíamos, la castración, se entiende. Uf, recordé haber estudiado algo de eso en la carrera, pero aquello me quedó un poco lejos entonces. No entendí al principio lo que querían expresar con aquella idea, pero más tarde tuve claro a qué se referían. Sólo entonces pude meterme de lleno en el debate.

Desechando por supuesto los tecnicismos psicoanalíticos, lo que pretendía expresar el padre del psicoanálisis era que todos estamos limitados en algo y que si no asumimos esas restricciones o como yo lo llamo, errores en nuestro disco duro personal… NO SEREMOS JAMÁS FELICES. Eso me consta y lo creo ciegamente ahora. La experiencia te ayuda, claro.

Tenemos que darnos cuenta que no podemos “hacer de todo”, y que tampoco “podemos tenerlo todo”. El ser humano desea constantemente cosas a lo largo de su vida, señal inequívoca del vacío al que estamos sometidos por culpa de querer tenerlo todo, tener demasiado, o no observar que con lo que tenemos o teníamos (porque lo hemos perdido) seríamos o habríamos sido felices más que suficiente. Parece un lío pero no lo es tanto.

Cuando deseamos algo y lo logramos, ¿¿¿ quedamos del todo satisfechos???...pues a veces nos dura un rato esa satisfacción y a veces ni en el momento de tenerlo creemos que nos está compensando. El comportamiento humano es bien extraño. Suele ocurrir lo peor, que nos surge otro deseo nuevo.

Un ejemplo claro lo vemos a diario en los niños que nos rodean, nunca están del todo contentos con los juguetes que les regalan sus familiares, y al poco tiempo de abrirlos quedan exiliados, arrinconados en un desván a la espera de otro que llene el vacío que aquellos dejaron.

Otro ejemplo, también cercano, es el vivido por muchas parejas. Dos personas que se quieren deciden convertirse en pareja y disfrutar de todo lo que conlleva esa situación, o no vivir en pareja pero disfrutar de muchos derechos que esta situación te da. En cuanto surge un problema o conflicto, una de las partes, la que se cansa antes casi siempre, descambia a la persona que hasta entonces satisfacía sus necesidades. Sin pensarlo mucho toma una decisión drástica: “no me satisface por esto, por lo otro... y por esos motivos, para mí suficientes, voy a romper con todo lo que durante algún tiempo me ha llenado y hecho feliz”. El ser humano en la actualidad siente un engañoso poder para cambiar de vida casi por arte de magia, cambiar una pieza por otra pieza. Siempre creyendo que el último juguetito recompensará todos sus deseos escondidos, presumiendo que lo último superará a lo anterior.

Es época de cambios, decían los tertulianos, nada nos llena, lo tenemos todo para ser felices, TODO... y si no, miremos a nuestro alrededor y analicemos si es cierto lo que digo. Y sin embargo siempre hay algo que nos recuerda que estamos vacíos, sin estarlo realmente. Parecemos pozos sin fondo que sólo por instantes parecen estar repletos. De pronto, sucumbimos al vacío y buscamos como locos algo que nos llene...sin saber que lo que nos podría llenar está a nuestro lado...NOSOTROS MISMOS, nuestra pareja, si la tenemos, nuestros amigos, si los tenemos, familia, si la tenemos cerca...si no...qué mejor compañía que la de uno mismo.

Porque, y con esto resumiría yo aquello que escuché el otro día por la televisión, no se trata ni mucho menos de ir rellenando huecos, de ir saturando con cosas inútiles y personas pasajeras nuestras vidas, sino de ir retirando el pensamiento absurdo de que somos perfectos o ilimitados... Es el momento de confesarnos con la más cruda sinceridad que podamos que no somos redondos, que estamos incompletos como seres humanos y que...y esto quiero que sea la guinda, tenemos que VER MEJOR aquello que tenemos cerca Y NO ALEJARLO; disfrutar de ello, solucionar conflictos, ser realistas con los errores que hemos cometido y solventar problemas sin tener que cambiar a las personas que nos han provocado algún dolor de forma inconsciente, ni comprarnos otro juguete que creemos es más sofisticado. Reciclemos nuestra vida, aprovechemos lo que aún tenemos, no tiremos al contenedor lo que nos “parece” roto...Amén

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