jueves, 1 de julio de 2010

Dame tu mano AHORA...

Te regalaré vocablos que curan si me susurras al oído versos nuevos, palabras presentes, pero debes gritar más alto que sigues ahí, porque no te escucho. Las señales siguen sin llegar, tal vez haya interferencias y no lo sepas, o quizás deba yo visitar al otorrino. Me estremezco encerrada en mi caparazón de tortuga, vertebrado silencioso donde los haya. Cómo me gusta este animal, siempre he admirado la tranquilidad con la que pasa por la vida. En la próxima reencarnación me pido ser una tortuga de las que campaban a su aire por el patio de mi casa, deambulando de un rincón a otro en busca de insectos invisibles, subiendo y bajando escalones para encontrarse en la cocina con mi madre, que cortaba hilitos de pescado y se los lanzaba como el que lanza un “pitraco”* a un perro, improvisando la vida, feliz por cualquier cosa que recibía. Sí, decididamente la tortuga es mi animal preferido, siempre lo ha sido.

Y ahora dame tu mano, sal de ese silencio de cristal que tan difícil me resulta romper por su dureza de años, sal de esa atalaya insondable repleta de cómodos caprichos y dame la mano. Romperé ese cristal oscuro y severo que te protege pero que a la vez te mata, aferrándote a una espiral de tristeza infinita que ni tú reconoces.

Dame la mano ahora, que quiero acompañarte y hacerte reír. Atraeré hacia mí tus miedoS, para mantenerlos a raya y hacerles cosquillas hasta que mueran de risa. Que mueran de lo que quieran, pero sonrientes siempre, que a la muerte hay que plantarle cara, porque es mejor siempre morir riendo que no con rostro de porcelana.

Te sacaré de la mano, dulcemente, y pasearemos por la realidad que amenaza y que no nos atrevemos a vivir porque son casi sueños,; y diremos adiós a la amargura para que no te rompas nunca. Después te acercaré a esas flores que nunca has olido para que te llenes de aire nuevo, mis flores, ésas que aún no conoces, mi mundo, la vida, la realidad que está fuera, lo nuestro, lo tuyo, lo mío, SIEMPRE.

*“Pitraco”: tripas, pellejos, vísceras de animales muertos.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué bonito, me ha gustado mucho y lo de hacer reir a los miedos para que se mueran de la risa me ha hecho gracia, nunca mejor dicho.
Esperanza

ralladuradelimón dijo...

Bueno, la que no te dé su mano después de esto no tiene perdón de Dios jeje. Precioso, Eva. Sigue deleitándonos con tus escritos

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