sábado, 17 de julio de 2010

EL GRAN SILENCIO...





Hace apenas 15 días, recién estrenada las vacaciones y tras un balance cargado de altibajos, un impulso nada premeditado me llevó a viajar a un lugar muy mágico, un lugar de silencio, un lugar de oración lo llaman, y en el que un ángel que se hacía llamar Madre Verónica, a pesar de no haber ejercido nunca la maternidad ni tener descendencia, me recibió con una sonrisa que se expandió y llenó el espacio de aquel convento perdido en el espacio, pero no de la mano de Dios. Le convocó éste a los 17 años y ahora dedica su vida a la contemplación, que no al ocio ni al asueto, pero también de ayuda a los demás, a pesar del aislamiento, y desde un privilegiado lugar donde el sonido de pájaros felices y de insectos es la única banda sonora. Sor Verónica, Santa Verónica es la mujer más feliz que yo me haya encontrado nunca… y creedme, también se puede auxiliar en la distancia, aliviar los males del mundo, aunque sólo sea colocar un granito de arena en un inmenso monte de grava, desde el aislamiento que esta pequeña pero gran mujer eligió para su vida. Sé que a muchos les aflorará ese prejuicio que tenemos con esta situación de cuasi anacoreta o de “vivir al margen” que parecen vivir las religiosas, pero es comparable con la que viven las muchos humanos que desde sus casas ofrecen ayuda con el rezo, las terapias energéticas o la meditación constante, ya que un pensamiento cargado de amor tiene tanto poder de amparar al mundo que nos circunda como lo puede tener un camión cargado de víveres para el tercer mundo. Me costó comprender esto, pero ocurrió después de exteriorizar a distancia mis mejores energías hacia personas que he querido y quiero en momentos de conflictos vitales de éstos, ya sea por enfermedades, operaciones graves o simplemente por apoyarles en la transición a otra vida; también lo experimenté tras haber tenido pensamientos de esperanza y sosiego hacia problemas concretos y ver sin más cómo estos se disolvían o pasaban a un segundo plano.

Y … ¿qué ha ocurrido en estos días de bendiciones?...pues algo asombroso, le he ofrecido a mi cuerpo y a mi alma la oportunidad de expresarse, de llenarse de luz por unos días y poder así cargar mi morral de fuerza, lucidez y comprensión para las semanas venideras.

En estos días de silencio voluntario mis horas se dilataron como el chicle. Sentí que tenía tiempo para todo y mi deseo entonces fue emplearlo en NADA… y sin remordimientos absurdos, porque aunque pueda parecer mentira, mi tiempo sí fue utilizado. Silencios como catedrales me enseñaron que el tiempo, ése que pasa inexorablemente para muchos, es sólo un invento del hombre para ordenar su vida, y que no hay que rellenarlo como rellena un pavo su buche, siempre de cosas palpables, a veces con basura inútil; sí puede ser utilizado en algo productivo, y esto puede ser simplemente interiorizarse, aquietar nuestra dura cabecita y aprovechar para estar con nosotr@s mism@s unas horas, unos días… oportunidad que no tenemos en muchos momentos de nuestras ajetreadas vidas.

Y amigos, a pesar de haber pasado sólo tres días encerrada con la persona que más conozco, conmigo misma, debo a ese GRAN SILENCIO, el aprendido a base de ruidos interiores que salen a flote ahogados por mis propias manos, la reflexión sobre la relatividad del tiempo. Tanto es así que creo que he crecido unos centímetros, y ahora veo el panorama desde una altura considerable, la altura que te dan tres días de recogimiento y mucha, mucha luz.

3 comentarios:

laorejadepessoa dijo...

Eva, me alegro de tu experiencia con tu Viaje al Silencio. Entiendo y comparto lo que expones, y no sabes cuánto...
Gracias.
Besitos de Gominolas

nieves dijo...

Hay cosas que solo son cuestión de FE......las palabras son cansancio y además afortunadamente se las lleva el viento........cada día desconfío más de lo que ceo y lo que escucho....y entiendo mejor a mi perras cuando ladrán.
un beso

Etcétera dijo...

Gracias Elena,celebraremos esos silencios con gominolas en el Retiro en nuestro prôxomo encuentro.
Y gracias Nieves...entonces dejemos que el viento se lleve sòlo las palabras inadecuadas y sigamos viviendo en PAZ,porque aquello que se pronunciò YA no es,ahora sólo es SILENCIO y VACìO.
Saludos

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