jueves, 28 de octubre de 2010

Flor de sanatorio… habla “la niña de agua”…


Verano de 1992. La capital de Andalucía rebosaba de turistas insufribles como el calor que soportaban por ver a toda costa los pabellones de cartón piedra. Época de la “expoliación del 92”. Habla “la niña de agua”, como yo solía llamar a una anciana institucionalizada desde la época de la guerra civil en el Hospital Psiquiátrico Miraflores de Sevilla, en el que trabajé durante unos meses y observé la huella que las circunstancias de la vida pueden provocar en las vidas de muchos humanos, independientemente de su cultura o nivel social. Aparcaba mi vieja bicicleta en el parque privado de médicos y enfermeras, y cada mañana me disponía a convencer a los “enfermos” para que bajaran de sus plantas a practicar algunas de las actividades lúdicas que se organizaban. Difícil tarea, pero “la niña de agua” bajaba cada día y me hablaba mientras garabateaba folios en blanco llenándolos de colores oscuros como la institución donde se hundía su vida.

Época de desmantelamiento de dicho hospital donde se hacinaban personas de diferentes orígenes: deficientes mentales, prostitutas de la época de Franco a las que obligaron a meterse a monjas y prefirieron perder la cabeza y quedar allí encerradas hasta su muerte, funcionarios del Ayuntamiento decepcionados , ancianos que hablaban a la televisión sin volumen, delincuentes comunes o “makis” que con las décadas de encierro en ese lugar dejaron de ser comunes, pacientes que habían sido violados de niños y ya peinaban canas, parejas de enamoradas octogenarias que se habían conocido en las terapias, después quizás de las sesiones de electroshock…. Y un olor característico a sopa jardinera que me revolvía el estómago cada mañana al entrar por aquellos pasillos descalichados.

Grabé alguno de sus monólogos, que ya no conservo, y he utilizado algunas de sus frases memorables para escribir este texto…espero que os haga sentir desconcierto, pero también frescura y aunque parezca difícil también lucidez, más de la que observaba en muchos de los que por entonces cuidaban de sus cerebros. Las frases entrecomilladas son literales, el resto son interpretaciones personales de tantos y tantos monólogos.

Habla “la niña de agua”

Me gusta mucho ver a los peces nadar, fíjate qué locura. Si yo fuera pez…. Pero no puedo, yo me haré agua. “Que me alimentes bien”, dice el pez. Y mi pozo está muy lleno y trago y trago agua sin parar. “No me hubiese dado vida siendo pez”, y ahora siento mucho dolor en mi cabeza.

No moriré nunca, ¿quién vio que el agua enfermase y muriese ?. Yo no moriré. ¡Qué barbaridad! Me obligan a ser agua y a emerger al unísono… No es justo. “No, no me hago el amor, lo que me hago es agua”. Y no debo salir del pozo porque voy siendo ya de agua. ¿Por qué tengo que nacer?, ¡ hazme tú el nacimiento, házmelo!

Escuchadme, “si un ser crece y de-crece, no puede ser agua”. Yo he crecido y crecido y me muero, estoy muriéndome, yo me noto de muerte… pero voy naciendo a la vez.

Yo que pensaba nacer antes que nadie y he nacido después, siempre después, siempre más tarde, siempre mañana… Y culpo al agua que soy …¡¡¡Ay, no!!!....Para siempre no, pronto no tendré besos, ni cara, ni color….”porque el agua no se pinta, eso se han creído todos, pero no es cierto”.

Mirad, me hago agua poco a poco y cuarenta veces, una y otra vez si es preciso. Ya soy agua y “no puedo vivir porque el agua no vive”.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy interesante los monólogos y si que hay cosas que te hacen pensar. Debió de ser una experiencia inolvidable y de la que debistes aprender.
Saludos, Esperanza

Etcétera dijo...

gracias Esperanza....no sabes cuánto aprendí y el miedo que se me metió en el cuerpo por un tiempo por creer que una de las personas que están allí podría ser yo en un futuro....es horrible pensarlo, pero nadie está exento de ser un loco paciente o un paciente loco de sanatorio... todos al fin lo somos en un grado más o menos suficiente...

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