domingo, 14 de noviembre de 2010

Besos y más besos....

Fiebre de sábado noche…la piel ardiendo, entre placer y molestia, y aprovechando ahora que las décimas me dan una pequeña tregua, escribo sobre los besos…sobre nuestros besos, sobre los de aquéllos, sobre los besos por compromiso, sobre aquellos labios que jamás o por muchos años no han sentido una piel en la que posarse y sobre los besos que no quieren ser dados, que también los hay.

A veces me siento muy “voyeur” porque me quedo extasiada mirando y remirando los besos que las jóvenes parejas se ofrecen en el metro, en los parques, en las esquinas, sin importarles que los espectadores improvisados les observen. Algunos de ellos con cierta protesta en sus rictus y no menos envidia. ¿Qué resulta más acogedor y cálido que ver a dos personas besándose?... pocas cosas.

Aquello que se besa depende del “besador”, de las propiedades del sentimiento que los provoca, de la cantidad de sentimiento y hasta de la dosis de sinceridad con que se brinda ese gesto tan primitivo y a la vez tan necesario…Los besos fijan una marca personal en la piel del besado que se impregna en la dermis, en la epidermis y hasta en los huesos de aquel que lo recibe, marcando para siempre un regusto que no olvidaremos nunca.

Yo ahora beso por instinto, por impulso primitivo, beso desde las tripas, desde las entrañas, mi más arcaica forma de exponerme al otro, de desnudarme, de exhibir con toda la pasión mis afectos abiertamente, porque durante lustros mis besos estuvieron encerrados en una caja de cristal esperando que alguien la abriera, recogida bajo la cama de una infancia de represión en la que dispensar demasiada algarabía en público era de mala educación. Tal vez por ello sentí siempre una necesidad de moverme tanto, de inventar historias en mi cabeza, de crearme un mundo paralelo donde los besos fueran el centro del Universo y yo la “besadora” del reino. Y tal vez por eso mis gestos me delataban, haciéndole muecas a la vida, riéndome de la sombra que el gran muro que nunca caía me cubría a diario y enhebrando palabras casi sin sentido, siempre esperando que un beso cayese del cielo o de los labios de mis imaginarios duendes para calmar mi estado parlanchín.

Pero afortunadamente mis huesos se alargaron y crecí en todos los aspectos. Aprendí a no reprimirlos porque me estimulaban, y porque sentía que el hecho de no regalarlos o recibirlos como una bendición del cielo te va apagando la vida, como a esos huérfanos que recluidos durante sus primeros años van perdiendo sin aparente causa el peso de sus almas y sus caritas se vuelven cetrinas.

Besos en las manos a un enfermo, besos maternales, besos fraternales, besos pasionales, y hasta los besos por compromiso, todos ellos hacen que mis pulsaciones aumenten y me sienta colmada. Por eso no quiero perder la oportunidad de besar, de besarte cuando me cruzo en el pasillo contigo, cuando estás de espalda y te observo, cuando preparas té en la cocina, cuando duermes, al despertarte…cualquier instante es bueno para exponer el alma, abrirnos en canal con besos, siempre darlos, siempre recibirlos, porque podría ser el último y me pincha el corazón sólo de pensarlo. Por eso antes de salir a la calle necesito salvaguardar nuestro vínculo con un beso y siempre que la oportunidad nos lo permite mis labios se encuentran con tu piel, con tu hombro, con tu frente, con tu codo, con tu cuello… para sellarte con mi identidad, para que tu esencia se llene con la mía y se fundan. No más muros, no más represión, no más rechazos ni más devoluciones.

Besos, besos y más besos, regalarlos, recibirlos; abrir para siempre aquella caja de cristal y dejarlos libres para que se dispersen e impregnen el aire que respiras.

9 comentarios:

nieves dijo...

Tres días sin salir de casa te han enredado las neuronas en los besos, vasos, visas,.........La parte novelesca de los besos me parece solo eso: novelesca.
Hay unas miradas furtivas robadas al día que superan la realidad y ese rozar de labios apenas sin aire que sabe màs profundo que el beso màs parecido al tornillo de la pasión impasible.........
Pues eso...besos.
Nieves

Etcétera dijo...

No hablo de Ferreterías,tornillos ni besos enroscados,que también son necesarios si tienes pArtener,hablo de besos como de algo imprescindible e instintivo que hacen todos los seres vivos cuando necesitAn expresar afectos...Ya lo primero que recibe un ser humano es un beso nada más ver la luz...hay miradas que son como besos pero el beso,da igual donde se aplique,supera cualquier mirada furtiva...prefiero un beso furtivo o un beso de arrebato a mil miradas,supongo que tiene que ver con mi miopía,pero para mí el contacto con la piel es fundaMental porque en eso soy muy animal... y si no observa a las perrillas y la necesidad de tocarlas que sientes en muchos momentos...
Me gusta besar por instinto,cuando me sale de las tripas,del corazòn,del alma....y no lo reprimiré porque ya lo hice en la infancia y ahora puedo elegir afortunadamente...cuando sienta represiòn a la hora de ofrecerlos es cuando todo morirá, porque ya no habrá necesidAd de regalarlos o porque la persona que los recibí a se canse de recibirlos...entonces haré una cosA,me abrAzaré a un árbol y lo besaré para que mi corazòn lata de nuevo.

Etcétera dijo...

Ahhhh,graciAs por tu comentArio, mi valiente princesa....siempre esperado,como esos besos caídos del cielo...
Besos y mÁs besos

nieves dijo...

Evisssss que lo primero que nos dan al ver la luz no es un beso sino un azote para ver si lloramos.........y por eso justo por eso, no más azote y si besos...muchos BESOS.
Nieva en granada y Nieva en Madrid.
Besos.
Nieves

Etcétera dijo...

jajajajajaja...verdad...el azote es lo primero...pero es que con ese defectillo de fábrica que tengo de quedarme siempre con lo bueno...aquello se me olvidó...jajajajaja....
Y síiii..Nieva y mucho, en Granada y en Madrid...
Besos y más besos por doquier...

Anónimo dijo...

pues yo nunca he sido muy besucona, también depende en mi caso a quien se los dé, pero generalmente podría definirme com un a persona escasa en ese sentido.
Ahora mismo, en estos momentos lo que más me apetecería sería dar un abrazo y recibirlo.
Sí, eso, prefiero un abrazo, me resulta más cercano y acogedor.
Así que lo dicho: Un abrazo.
Esperanza

laorejadepessoa dijo...

Me he quedado tuerta porque ha traspasado la pantalla uno de todos esos besos sobre los que has escrito, y me ha acertado en pleno ojo derecho, ji,ji,ji...
¿Qué me dices del beso de Judas?...
Yo estoy esperando la salida al mercado de los besos ecológicos, sin colorantes,aditivos y condervantes, y debidamente registrados sanitariamente. ¡Por Dios, que salgan pronto!!...Mientras tanto me conformo con fílmicos besos y, como siempre, para ti, osculitos de gominolas...

Etcétera dijo...

Gracias esperanza por tu comentario... yo tampoco me considero besucona...no voy regalando besos a todo bicho viviente...no, no...se trata de seleccionar muy bien a quién los das y sobre todo de la calidad de los mismos...jejeje...a eso le llamo yo denominación de origen...
besos
Y gracias a orejadepessoa (que todavía espero que abra su propio blog para poder disfrutar todo lo que se te venga en gana...que seguro que es mucho y de buena calidad)...Elenaaaaaa...se me pasó el beso de Judas...y de esos hay muchos...los puedes notar en cuanto esos labios ásperos llenos de energía negra rozan tu piel....ufff...huyo de esos...prefiero dar la mano y después lavarlas bien con alcohol por lo que pueda ocurrir... que las energías son muy traicioneras y se cuelan...
otro ósculo para ti... y a ver si nos vemos...

silbante dijo...

Me has hecho pensar en cuánto echo ultimamente de menos todos los besos que no me son dados, y los que no doy, una a veces no sabe cómo se llega hasta aquí...Esperando que vuelva la calma, y en un resituarse las mañanas en que como dice la canción del enlace me despierten besos.
Un beso Eva.

http://www.youtube.com/watch?v=L_ETozPmyas

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