domingo, 12 de diciembre de 2010

la tregua. Declaración de amor y de muerte...


(Texto rescatado del olvido... 1995)

Enciendo un cigarrillo y me sirvo un vino frío, quiero brindar por la vida en voz muy baja. Las campanas de la iglesia tocan tan próximas unas de otras que casi podrían romper las piedras que las rodean. Y lloro, lloro ahogando cada pulso de hierro fraguado, lloro por ti, lloro por mí, por haber llamado a tus ventanas y puertas a golpes de martillo, por haberte distraído de tí misma, por haber ahogado tu esperanza entre mis manos sucias de pasado.

Las notas musicales se inclinan, saltan, bailan de un lado a otro llenando la estancia con los sonidos más personales de nuestro amor casi perfecto, aquél; y el sol impregna el espacio entrando suave por un ángulo de la ventana. Cierro mis ojos, cansados de mirar la realidad de nuestra historia, cansados de llover, impotentes ante el desastre, y dejo que mi rostro brille un pequeño instante con tu luz amarilla. Se me escapa un suspiro ahogado y la humedad vuelve inoportuna a mis ojos, a los tuyos.

Te puedo ver ahora entrar en casa para mimar el aire que crece hasta los techos, como enredaderas. Intento decirte que mi mundo hoy es blanco, clemente, y que sin tu extraño caminar por mis tierras, sin tus pisadas compartiendo mis metros, se me hace difícil brotar. Siento que he comenzado a vivir y que ya me está ahogando este oxígeno terrenal. La experiencia y la verdadera realidad me parecen hoy muy duras, y quiero hoy gritar, gritarte, ante este vacío que crece y crece, que no volveré a alimentarme de sueños y memoria, de abrasadora imaginación que pueblan los desiertos. No volveré a delinear figuras fantasmales, que como moscas, zumbaron ayer sobre mi cabeza en las noches, sobre la oscuridad de mi cama, una cama hoy vacía, de sepulcral silencio que invade su adiós de muerte.

Y aquí me tienes, firme y con la estúpida capacidad de vivir las dramáticas historias que vomitó mi estómago, mis múltiples formas de complicar la existencia de cualquier viviente. Desesperación, ésa parece ser la meta inconsciente de mi actual estado de cosas. Desde aquí, desde tan lejos, desde tan cerca, imagino tu rostro, tus labios morenos, ese gesto hierático que ayer me confundía y que hoy demando con voz temblorosa, con voz moribunda. En ocasiones tu boca se endulzaba, y alegre y viva me ofrecías la clara estampa del amor más cierto.

No sé si recuerdo bien mi rostro viviendo las primeras páginas de este relato, sí cada golpe de voz en forma de gemido hondo, sí cada gota de sudor caminando descalza por nuestras espaldas, sí cada suspiro vivo, sí cada sentimiento dibujado en besos de mil cuatrocientas formas distintas de posarse. Tampoco sé si fuiste capaz de hallar los corredores que llevan a mis tesoros más ocultos, las emociones más adheridas al músculo que tiembla, a los apegos menos afectados por la miserable desconfianza. Tal vez piense que allí, lejos quizás de todo lo que se ha vivido, sólo encuentre silencio y oscuridad... Y no es así, un manto de luz cubierto de blanco, y un alboroto de pasiones, adornarán ese rincón profundo y nítido.

Pero me muero, me estoy muriendo, aquí en la orilla, sobre aquélla que tantas veces hicieron resbalar sus pies y los míos. Recuerdo aquel dulce precipitarme en su regazo, aquel abandonarme en la humedad fría de sus manos, aquel aturdimiento que da la excitación cuando caminaba de puntillas por los relieves de mi silueta enamorada.

Y ahora, ahora que naciendo he vuelto a respirar el aire impresionado por esta realidad que tanto he rechazado, ahora que abro los brazos, mis manos y cada orificio que me cubre, abiertos, muy abiertos y blancos, ahora que los muertos nada saben de mí, ahora que los pensamientos desean despuntar de sus nuevas y tiernas semillas, ahora, ahora se apartan de mí las sensaciones que he buscado, con torpeza quizás, de entre mis poros.

Ahora, ahora puedo morir despacio, ya he limpiado su imagen, ya le he cubierto de humanidad los perfiles, ya he vivido por fin mi alumbramiento, ya llega de su mano el fin, ya llega, ya está aquí...

6 comentarios:

laorejadepessoa dijo...

Eva, me encanta este texto rescatado del olvido, y escrito desde la casqueria del alma, que es donde se ocultan los dolores perversos e insolentes. Conmovedoramente fílmico...
Gracias...
Besitos de gominolas.

Etcétera dijo...

Ay, Elena, cuánto desasosiego se necesita para entenderlo... Hace lustros me sentí así, a la deriva... Tú me entiendes muy bien. Besos

Anónimo dijo...

Coincido con la orejadepessoa, es un texto precioso, aunque triste. Mejor que sea rescatado del olvido.

Ahora lo que toca es alimentar la esperanza con tus manos limpias de pasado, ¿no?

Saluditos Eva

Etcétera dijo...

Gracias anónimo de saluditos..los de siempre, esos que siempre están y sse esperan sabiendo que llegarán.
Y sí, es un texto como ves bastante antiguo, pero de vez en cuando rescato textos o relatos antiguos para garantizarles un lugar calentito donde sé que no se perderán, mi blog... cuando siento que las musas me abandonan, agarro textos escritos, llenos de energía de la de entonces, y los plasmo asquí...pero quedémonos con que es lliteratura, porque si no entonces no podremos seguir nunca hacia adelante....y es lo que hay que hacer..
besitos de siempre.

nieves dijo...

evaaaaaaaaaaa ¿ cuando te vas a quitar la capa de dolor, sea pasado , presente ó futuro??????
venga ya....que quiero post actuales y alegres en la medida que sea posible...a veces uno sin darse cuenta se recrea en un sordo dolor que no conduce a nada....creeme.....
besos renovados.

Etcétera dijo...

Las capas de dolor resbalan solas por mi espalda, no hay ningún problema en eso, yo soy en experta en eso, esto es sólo literatura, un texto literario pasado... Últimamente me gusta, igual que hacen los pintores, desempolvar mis antiguas creaciones y dejarlas en un rinconcito de este blog para no perderlas, que como soy un desastre,pues nada, así se quedan para siempre... pues anda que no pasaron lustros desde que escribí esto... y la persona que se lo dediqué por entonces ahora es parte de mí, como un apéndice más...es lo que tiene haber querido tanto...
besos también renovados, limpios y frescos.

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