domingo, 20 de febrero de 2011

Soñar con calor de hogar....


Las niñas caprichosas también tienen su encanto. Abril sin ir más lejos jamás fue una niña caprichosa y sin embargo ahora, ya con cierta edad, tiene muchos antojos, fantasías que no sabe reconducir con precisión. Todos son nuevos, casi recién estrenados. Desde que un duendecillo se colase en su vida por una rendija que casi no apreció entonces, sus gustos han cambiado. De pequeña comió muchas y aburridas galletas, pero ahora tiene una gran afición a los bizcochos caseros, los que su madre preparaba con yogures de limón, los bizcochos caseros en general, todos, los de ella, los de su abuela, los de siempre. Es capaz de apreciar el olor de ese pastel desde cientos de kilómetros. Se le quedó atorado en su nariz y ahora no quiere desprenderse de él. También es capaz de saborear un buen vino en la sobremesa con un puñado de almendras dentro de una mano húmeda, o una loncha de jamón de la más preciada curación sin más compañía que una cerveza bien fría. Los ratos en los que disfruta de esos pequeños instantes, Abril es capaz de conjugar el verbo más fácil, el más hondo, porque, y ahora más que nunca, piensa que unos grados de alcohol reposado en barricas con solera hacen brotar palabras que salen directas del corazón y que una explosión de sonrisas y verdades como puños afloren de sus entrañas. Se baja la cremallera que le recorre justo desde el ombligo hasta la garganta y se abre en canal. Es magia, siempre lo ha pensado y cuando eso ocurre se siente más clemente, más ella, más humana.

Puede que algunos puedan considerar a Abril actualmente una adulta caprichosa, pero no es así, sus raíces están bien plantadas en un subsuelo lleno de verdades, en lo más profundo de su historia. Nunca olvida su cuna y su extirpe, nunca jamás de dónde viene y sobre todo sabe con certeza que en sus cajones cerrados jamás se revolverá la ropa interior, se lo debe a sus mayores. Ahora tiene claro que aunque mire y remire dos o tres veces la pieza que ese día se colocará para ir rigurosamente ataviada y digna a su lugar de trabajo para seguir sobreviviendo, siempre dará con la prenda con la que justo estará más cómoda y le hará menos daño a su cuerpo maltrecho por los avatares que le tocó vivir. Siempre recordará ese olor a bizcocho que ahora vive enganchado a su pituitaria. Sabe que no saldrá de ahí porque ella se niega, como tampoco guardará en ningún rincón abandonado de la memoria aquel olor a jabón hecho a mano, que fue en parte la esencia de su infancia más feliz, y que ahora rememora ya de adulta cada vez que lo utiliza, y digamos que lo usa bastante a menudo para que su mente siempre esté dispuesta a ilusionarse. “Nunca”, que es un vocablo tan absoluto, o “jamás” que lo es aún más, olvidará esas sensaciones que le traen memoria de hogar.

Las ilusiones nunca llegan a morir y nadie las mata, no existen los asesinos de ilusiones. Desde pequeña Abril disfrutó haciéndose ilusiones, soñando con una futura vida, una vida cálida rodeada de manos que la abrazarían, de miradas cómplices, de brazos que se derramarían en ayudas incondicionales, de bocas que desatarían en un futuro pasiones y sobre todo de sonrisas inmaculadas que le despertarían las ganas de vivir cada día. Desde muy pequeña soñaba con todo esto, imaginaba historias donde ella sería la protagonista de largometrajes con finales felices. No ambicionaba o no tenía ciertos caprichos materiales porque casi todo lo que poseía fue heredado de sus hermanos mayores, cosa que tenía también cierto encanto, ya que Abril se impregnaba con la energía que sus hermanos habían salpicado en aquellos pijamas desparejados o en esos calcetines con zurcidos. A veces era más valioso y más bello observar esos zurcidos que el propio calcetín, toda una obra de arte.

Vale que no tuvo muchos caprichos materiales, pero tampoco los echó en falta, y aprendió a vivir con lo mínimo. Ese detalle tan simple la hizo más fuerte ante las adversidades cuando sus huesos se alargaron irremediablemente. Ahora podría darse el lujo de gozar de ciertos caprichos de ese tipo, pero se sigue conformando con poco. Confiesa a la almohada y con cierto orgullo que no es por falta de oportunidades ni recursos, que es más bien por respeto a sí misma y por pesadumbre hacia los que despilfarran en emociones su vida entera. Ahora le importa bien poco tener lujos innecesarios, sólo desea atesorar caprichos impalpables, de los que se necesitan para vivir pero que no se pueden compran en ningún mercado. Los caprichos de Abril son tan simples como la historia de la humanidad, sólo quiere ser feliz y compartir ese estado con los que lo pretendan ser…y si tiene que aprender a estar encantada de la vida estando inmersa en la soledad más absoluta, pues aprenderá a estarlo, porque el disfrute de sí misma no tiene precio y tampoco se puede vender o comprar en ningún catálogo.

Ahora Abril no sabe cuándo es el momento de actuar, pero se desenvuelve llevada por la inercia…come, lee, trabaja, sonríe, llora, escribe lo que se le pasa por la cabeza, que no es poco, y rememora tiempos de su infancia para sentir acogimiento. Suele acercar a su memoria los momentos más cálidos, cuando su madre por ejemplo se asomaba a las habitaciones ya sin luz y llenas de críos que dormían plácidamente, y los recontaba para una vez asegurarse que todos estaban, cerrar la puerta de su casa, suspirar y dar las gracias mirando al cielo porque ese día no había ocurrido nada extraño y todos estaban sanos y salvos. Abril siempre era la última en dormirse, le sigue ocurriendo a estas alturas, siempre vela los sueños de otros, y entonces, mirando las sombras del techo, espiaba a su madre cada noche entrando a hurtadillas, escuchaba los suspiro de tranquilidad de aquella mujer tan trabajada y sentía admiración y respeto.

Siempre creyó que no podría volar alto, y sin embargo, con empujoncitos que la vida le fue dando, unos suaves, otros más violentos y otros aparentemente inofensivos, fue aprendiendo a dejar que sus alas crecieran, a no temerle a nada ni a nadie y a caerse y levantarse tantas veces como hiciera falta para seguir avanzando. Últimamente, y eso que ya a su edad no debería perder el equilibrio, se ha caído demasiadas veces, pero será que debe aprender algo nuevo que antes no procedía. Cree que es casi una misión imposible no temer a veces a ciertos cambios que la vida le impuso, “caprichos del destino” podrían llamarlo muchos, pero ahora observa, con la lupa más precisa que se ha comprado en las rebajas de febrero, situaciones inesperadas que le han paralizado el crecimiento de esas alas, y que a veces no la dejan meter la segunda marcha. Siempre acaba por calarse su automóvil y una y otra vez debe reiniciar la maniobra.

A pesar de todo esto, de los caprichos tan básicos que tiene ahora, de los que no gozó cuando era una niña inocente por circunstancias de la vida que no vienen a cuento y de las caídas y reinicios, sabe bien que algún día volverá a ser ella misma, a sentirse ligera, a saber que el vuelo que tantas veces practicó puede convertirse en una rutina maravillosa de nuevo, que la hará crecer unos centímetros cada día, todos los que ha perdido en este tiempo de barbecho por miedo a tantas cosas…………

“Vuelvo a vos, con mi deseo, con mi temor….” (Ástor Piazzolla)

6 comentarios:

laorejadepessoa dijo...

Eva, Eva, Eva!!...Es tan hermoso...
Hay almas que nos hacen pensar que el alma existe...Gracias por el regalo que me ofreces al leerte, siendo yo la que esta noche vele tu sueño, Mujer de Mirada Azul.
Gracias, Preciosa!!
Besitos de estrellitas de azucar

Etcétera dijo...

Gracias, orejadepessoa, tú siempre tan fiel y yo debiéndote un buen vino para brindar por la vida, que va siendo hora...
Besos y abrazos

Anónimo dijo...

Es un relato conmovedor. Gracias por compartirlo, por llenar de imágenes y olores entrañables esas preciosas lineas. Sigue escribiendo Eva, será un regalo para los que te leemos.

Saluditos Eva.

Anónimo dijo...

Es un relato muy fresco, con una melancolía alegre y unos recuerdos felices que nunca deben desapereer.
Me ha gustado mucho.
Esperanza

Zaen dijo...

Ayssss cuanto temperamento sensibilero me encuentro ultimamente en tus entradas, pero eso si, pura literatura. Hay dia dificiles y complicados de digerir y se usa la palabra como terapia, pero de una forma individual, en la casa de uno y gratuita. Como dice Malu y Manuel carrasco "que nadie calle tu verdad, que nadie ahoge tu corazon........... que vuelvan tus ganas de vivir".

Abrazos mil

Etcétera dijo...

Uyyyyy....."temperamento sensibilero".... Nadie me había dicho nunca eso, pero suena gracioso. Màs bien sensible o a flor de piel, queda más apropiado, altos, bajos, cascadas, nubecillas, lluvia... En fin, lo normal en este mundo..............Mi cabeza últimamente rememora momentos infantiles que se revuelven en mis cajones de ropa interior íntima, eso es todo....
Besitos y cuídate mucho

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