domingo, 10 de abril de 2011

Cambiar de etapa, cambiar de cama...

Hace casi un año quise hablar sobre las camas, sí, las camas que nos arropan los sueños, las ilusiones, y que han sido testigos mudos de muchas noches de amor, de insomnio o de siestas largas en buena compañía.

Camas grandes y blandas llenas de abrazos personalizados, camas calientes de sudor amante, camas frías por ausencias, camas con un lado intacto porque no estás tú, porque no está ella, porque sólo estoy yo; camas con olor a bizcocho y leche caliente, camas, camas, camas.

Lo que más duele de estas camas es cuando cambian de la noche a la mañana de durmientes. Otros durmientes que ahora calientan las inmaculadas sábanas de un amor cualquiera, un amor ignorado que te encuentras por casualidad mientras das un paseo con tu pesada vida a cuesta. Durmientes nuevos que recibirán ese desayuno mañanero y se “redormirán” o leerán a tu lado. El hecho y la meta es que esa cama no se enfríe nunca y que cuando lo haga, cualquier cuerpo lo habite para que ese lado sin arrugas no te recuerde su ausencia. Duele esa costumbre de algunos de no dejar su cama vacía nunca, de llenarla de pétalos blancos y nuevos para que huela distinto a ti. Confieso que yo no lo haría, yo tiraría el colchón, y lo he hecho alguna vez y no me pesa, al contrario, porque si los recuerdos se mezclan con el cuerpo del nuevo durmiente, nunca podrás borrar la huella del último que calentó ese lado de la cama. Eso sí, sospecho que he dormido en camas que otros han llenado también con sus cuerpos calientes y me he olvidado, porque de recitar como el que cuenta ovejitas tantos cuerpos que pasaron por aquellas camas hoy me duele el ALMA, y prefiero abrazarme al presente, alargar mi brazo y rozar aquel cuerpo, aquella ilusión, dejándome dormir con sus deseos de compañía y cariño y con los míos de velar sus sueños.

Camas, camas, camas… tiremos los colchones o démosle la vuelta por respeto a su olor, a mi olor, al de ella, al de él. No mezclemos olores que nos confundan, salgamos al balcón y arrojemos los colchones al vacío para dar un bonito homenaje a los recuerdos que ahora lo impregnan, que vuelen libres y descansen en la eternidad, pero no los dejemos ahí olvidados sobre esas camas que han soportado tanta dicha.

*****

Recuerdo que ya te había soñado y te olvidé, ahora me acuerdo de ti y aunque sé que no te reconozco, pienso tiernamente todas las tardes cuándo te volveré a ver..."(Ángel López Miguel)

"Solamente pasaba diez minutos con el amor de su vida, y miles de horas pensando en él." (Paulo Coelho)

3 comentarios:

EL CAMINANTE Y SU SOMBRA dijo...

Sentí como me amordazaba el satén
Siempre me había refrescado el alma
Hoy me quemaba sus caricias
Cuan tanta delicia me había otorgado
En este instante donde comprendí tu ausencia
Descubrí el verdadero dolor del satén frío
Desahuciado de una pertenencia que creí mía
Sin percatarme de cuánto te quedaba por volar…
Gracias Etcétera…un placer Bsts.

Etcétera dijo...

Gracias Caminante...esos colchones también pueden amordazar como el satén del que hablas, con suave tacto.
Y aunque cambiemos las sábanas, si no cambiamos el colchón, siempre estaremos ahí...
Besos
Eva

Anónimo dijo...

guauuuu, qué bueno, si me lo pones así, hasta yo quisiera estrenar un colchón contigo, uno con olor a nuevo y blandito, aunque sea del Ikea, pero con su plástico. Lo arrancamos con uñas y dientes y hala, a estrenarlo,jajajaja.
Saludos...buscando camas me encontré con tu blog y me quedo, si no te importa.
Besos
Carmela

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