viernes, 13 de abril de 2012

Tres microcuentos para Cenicienta...






1º: Siento, luego existo

“Más tarde, con el tiempo, plantaremos un árbol”, musitó mientras remataba el penúltimo examen de filosofía. Plantar un árbol es comenzar a reescribir una nueva página en tu biografía, y a eso se aferró esa tarde.
Ahora Descartes le parecía un fanfarrón con su “pienso, luego existo”. Fantaseaba, mientras movía la pluma, y susurraba palabras nuevas a la mujer que sólo conocía por una foto que remiraba a cada momento. Imposible concentrarse pensando en aquella mirada.
Tras registrar las calificaciones en el cuaderno de notas se atrevió a marcar su teléfono. Al otro lado escuchó la voz de un desconocido futuro, de su presente más inmediato, del ahora. 

2º:  Vino y rosas

 Mientras sus labios se ocultaban tras unas copas de vino con excelente armadura,  y como si el mundo se apagase a su alrededor, sus lenguas paladeaban a sorbos lentos aquellos vocablos frescos, aquel acento tan sugerente y aromático de la mujer que se había atrevido a descolgar el teléfono aquella noche de insomnio.
Constantemente iban apareciendo señores que vendían flores, las acercaban al centro de la mesa, y ellas, sin mediar palabra alguna con aquellos, y sintiendo que lo que ocurría era algo incorpóreo y pasajero, miraban de soslayo al vendedor y éste se giraba dejando impregnado con un aroma muy particular aquel ambiente inviolable que habían creado.
Sus ojos seguían  taladrándola con descaro,  ahondando en su interior, curioseando en la espesura de su vida, calándole el alma y catando, como experta bebedora de giros increíbles, sus más adorables  movimientos. Un repaso sutil por sus vidas, sin asperezas, sin apagones; ni una palabra menos ni una más. La primera cita fue todo un éxito.


                             3º: El banquete de besos

Descorcha la botella con habilidad , y el sonido de aquellas primeras gotas en la copa de la invitada tintinean en sus oídos atravesándole el alma. Derroche de vino y delicados manjares estéticamente colocados entre velas que alumbran un futuro incierto. Platón las mira con sonrisa cómplice incitándolas a unir por primera vez la carnosidad de unos labios temblorosos que no saben aún tocarse con maestría, pero que esperan ávidos movimientos precisos.
Con la timidez del que sabe qué vendrá después, ambas vuelven a rellenar sus copas con reflexiones, dilatados discurso sobre el amor y la belleza, y saborean con calma besos empapados en néctar de dioses. Se derrama el vino en sus bocas, mientras las lenguas ahondan en secretos pasados y rebuscan el placer momentáneo de una carne todavía por explorar.
Ambicionaban la perfección, el instante que trasciende más allá de la belleza, y con el silencio de unos besos más serenos, detuvieron aquellas manos que actuaban con impulsivos pero suaves movimientos bajo las telas insinuantes de sus camisas.
Un silbido de tren a punto de zarpar, y la promesa siempre abierta de un siguiente encuentro más hermoso y sin tanta urgencia, les hizo correr despavoridas por las calles camino de la estación. La invitada debía marcharse. Sus labios se despidieron con una sonrisa. Ese día, las manos quedaron vacías  de piel, pero muy llenas de sentimientos nuevos.
En el reloj sonaron las doce. Cenicienta  partió.

   ( Para acompañar la lectura )  Raphael – Il Y A Toujours




4 comentarios:

Anónimo dijo...

Estos cuentos tienen un encanto tan insistente que no se irá nunca.
Imagino la pluma deslizándose por el cuaderno de notas,
su mirada limpia inmortalizada en la foto.
Me llega el delicado aroma de las flores,
y el sonido del vino contra el cristal.
¿Qué hará ahora Platón?
Respóndeme con un cuento.

Un abrazo, amiga.
Laura

(Escuchando Raphael – Il Y A Toujours)

Victoria dijo...

Dice Aristófanes en "El Banquete": Las mujeres que provienen de las mujeres primitivas, aman a las mujeres.

Me gustan las mujeres primitivas y estas dos resultan muy interesantes.
:)
Saludos.

M.C. dijo...

Cómo me gustaría ser "la invitada" en esas tres historias!!!!!....
Brindo por ti, Etcétera... Sigue regalando estos textos.
Besos
M.C.

María dijo...

El sonido más bello del mundo es el chocar de dos copas frente a unos ojos que se miran atravesando todos los muros.
me encanta y estremecen estos microcuentos.
besos y abrazos
María

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