viernes, 9 de noviembre de 2012

La ausencia presente...


                                     (Foto de Lubélia Cortez)

Ausencia:
·      Alejamiento, separación de un lugar.
·      Privación o falta de algo.
·      No existir o no estar presente donde cabía esperar ( Locución: “brillar por su ausencia”)

Hace años que sufro de ausencias. Las ausencias se colaron por debajo de mis ropas y se acomodaron en mis huecos. Me muerden donde más duele. Mordisquean mis brazos, mis manos y se pasan mis dedos por la nariz para olfatearlos como si fueran un alimento sagrado.

Ausencias con nombre propio y con mayúscula. Ausencias que suenan a pureza inocente. Y como hacen los sonidos al ser pronunciados, así se alargan mis ausencias, como un silbido, como una goma elástica. Las ahogo en mi boca cada día para que no se escapen y nadie me las arrebate. Suenan como un eco sedoso dentro de mi mente  y nunca me descuidan. Son siempre ausencias muy presentes.
Ausencias con nombre propio.

Cuando la noche se aproxima de puntillas y con un silencio oscuro, las ausencias se meten en mi cama y me persiguen bajo las sábanas, sábanas frías de esperarte. Después se meten en mis sueños y se quedan dormidas.

Hace muchas lunas suspiraba para que la noche llegase pronto. Era el momento del día en que tu alma y la mía se entrelazaban sin obstáculos molestos. Allí estábamos tu presencia y la mía, desnudas, blancas. Ahora temo que se acerque la hora. La oscuridad va dando paso a la nostalgia. Lo negro eclipsa la luz  que dejaste en mis manos. Me duele la ausencia. La ausencia de todo lo importante. La ausencia en el sentido amplio de la palabra.

Hasta los vocablos que se imprimen con tanto amor y vuelan kilómetros hacia mí, se me empapan hoy de ausencia. Las palabras llenas están ausentes, los colores de las risas están ausentes, como están ausentes los besos que se lanzan al vacío para ser recogidos con lazada. Por fortuna todo llega a su destino… vocablos, risas, besos; pero al masticarlos, siento un sabor de ausencia blanda, de ausencia vacía.

Demasiado tiempo calada hasta los huesos de fría ausencia.
Me siento como ese plato que se debate en el borde de la mesa pero que nunca cae, creando incertidumbre. Como esa copa que tintinea brindando sin palabras. Como ese vino bebido a solas, en silencio y que debiera ser conversado.

Ausencias en el alma. Ausencias en las vísceras. Ausencias de mí. Ausencias de ti.

Pero mi ausencia mayor es la de estar huérfana de ti. Tu ausencia me cogió un día de la mano, la apretó para que nunca cayese al vacío y hoy duerme a mi lado como una compañera fiel.

11 comentarios:

chris dijo...

Ausencias que se multiplican en días de lluvia, bajo este cielo plomizo de Madrid. Ausencias siempre ásperas con regusto a soledad y rutina inerte...

Cómo te entiendo estos días...

Etcétera dijo...

Pero recuerda, Chris, nadie podrá arrebatarnos esas ausencias. Fueron presencias muy nuestras, y aunque se hayan alejado por circunstancias, seguirán ahí, cerca de nuestra piel. besos...

Bea O.M. Suigeneris dijo...

Es mejor tener ausencias presentes que presencias ausentes...

¿Quién dice que la vida imaginaria es menos que la vida real? Los sentimientos y las sensaciones son tanto o más intensos es una como en otra... Y valen la pena y nos curan y nos salvan...

Después de la ausencia, la presencia gana en intensidad. Apuremos los instantes...

María dijo...

Las ausencias y nuestros ausentes.
Si las circunstancias fueron fortuitas, esas ausencias se explican solas, pero si no hay explicaciones lógicas, parece hasta injusto que desaparezcan de nuestras vidas personas importantes.
Suscribo todo, como siempre y disfruto leyéndote.
Un abrazo
María

Anónimo dijo...

Todos tenemos ausencias y presencias. El truco está en querer lo que tienes ... y en soñar un poco (sólo un poco!!) con lo que no tienes, pues como dice Suigeneris, después de la ausencia, y de soñar la ausencia, la presencia gana en intensidad...

Etcétera dijo...

Intento apurar los instantes de presencias, pero en la actualidad tengo constantemente fiebre alta de ausencia.
Besos y gracias por tu presencia

Etcétera dijo...

Pero no, mis circunstancias no son fortuitas. También siento injusto que desaparezcan de nuestras vidas por arte de magia ciertas presencias que antaño lo fueron todo.
Un abrazo fuerte.
Tu presencia se siente siempre

Etcétera dijo...

Pues yo, anónimo-anónimo, lucho en mi vida porque esas ausencias estès muy presentes en mi vida, por eso tal vez me suba la fiebre.
Si alguien encuentra un antídoto contra el sufrimiento de la ausencia, que me lo haga saber.
bienvenido o bienvenida,
Ves?... Aquí noto la ausencia de una firma, la que sea...
Saludos

Anónimo dijo...

Anónino soy yo... que se me ha olvidado firmar... jajaaj

Laura

Etcétera dijo...

Jajaja, amiga... a ver si nos vemos, que no estamos tan lejos. Que esto de estar presente es tan fácil como levantar un teléfono para quedar, así de sencillo.
Echo de menos algunas presencias importantes y tú eres una de ellas.
Besos muy muy grandes
Etcétera

Anónimo dijo...

El vino conversado es maravillosos pero si no se tiene en ese momento con quien conversarlo no dejes de beberte una buena copa hasta arriba...sienta tan bien su presencia.
Una buena amiga de la sangre de Cristo que a diario le reza a Baco que ya le ha hecho un par de milagros que parecían imposibles.
P.V

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