viernes, 25 de enero de 2013

La rueda y el tiempo...


El deseo de parar el tiempo, de avanzar o retrasar lo inevitable, es un sueño que difícilmente alcanzará el ser humano. Nadie ha sido capaz de paralizar la rueda inmensa que nos lleva cuesta abajo de forma irremediable, al menos en esta dimensión. Acotar el tiempo, señalar el comienzo y el final de cualquier cosa, menos aún. He oído infinidad de veces que la vida da muchas vueltas, pero las ruedas que la mueven jamás retroceden. Sólo las frenan obstáculos inoportunos, para después seguir avanzando llevándose consigo todo a su paso, tanto lo malo como lo bueno.

A veces me siento tan insignificante ante este brutal artilugio, el tiempo, el implacable, como diría Milanés, que me desmorono y no puedo seguir. Pero casi siempre acabo por comprender resignada que dejar pasar el tiempo moviendo las piernas, haciendo "como que estoy" andando, es la mejor manera de continuar. El tiempo te roba tantas cosas como te regala, y aquéllas que te arrebató y que no volverán jamás tendrán siempre ese olor a nostalgia.

El tiempo y las rueda, y mi cabecita hilvanando estos dos conceptos. Inevitable conexión. Ruedas dentadas que giran y giran para computar montones de segundos que se desperdician al día, de minutos que se llenan de nada y de todo, horas que se alargan como elásticos cuando miras al techo o se esfuman cuando más las estás paladeando. Años que se cimentaron con minutos y horas preñados de futuro y que ahora descansan en cualquier alcantarilla maloliente. Calendarios que no existieron más que en mi cabeza. Destinos que fueron robados impunemente y nuevos destinos que se van doblando una y otra vez con manos ágiles para formar bonitas figuras de colores que miman mi vida hoy.

Parte de mis vacaciones estivales pasadas se evaporaron dentro de un hospital extranjero. Mientras mi cuerpo yacía con un dolor desconocido atrapado en mi estómago, me desplazaba por pasillos inmensos y fríos de vida con ayuda de la rueda, ese gran invento. Casi me vuelvo loca encerrada entre esas impersonales paredes. Las ruedas no dejaban de corretear de un lado a otro, chirriándome al oído, desafinando pensamientos que yo conectaba inevitablemente con el tiempo. Llegué a obsesionarme. Las jornadas eran casi exactas unas a otras. Quince largos días apoyada en un porta suero paseando bolsas de analgésicos y de drogas duras para evitar náuseas. Habitaciones y pasillos ocupados por ruedas. Carros con ropa sucia y carritos de la limpieza aparcados en las puertas de las duchas; carros que desprendían olor a comida de hospital y provocaban que mis tripas dieran vueltas sin opción a recomponerme; mesitas de noche con ruedas que se adaptaban a las necesidades más básicas como llegar con la mano a los pañuelos o a la botella de agua; camas con grandes ruedas que entraban y salían de las habitaciones mordiendo los marcos de las puertas; pequeños carros de curas que acompañaban a los señores y señoras de blanco y que irrumpían durante la madrugada con ruidos metálicos. La mayoría de las noches me encontraron levantada arrastrando mi carrito de vuelta del cuarto de baño o sentada en la cama llorando de impotencia. Allí nada importaba. El tiempo se detuvo para mí y actúe como una inocente chiquilla que dejó los remilgos y la vergüenza dentro de un estrecho armarito, entre la ropa que llevaba el día que llegó.

Mi estancia allí fue como estar dentro de un gran reloj, una  rueda se conectaba con otra con programada exactitud. A largas horas de dolencia le siguieron otras más cortas que llegué a aprovechar intensamente; y vuelta a empezar. Altos y bajos. La vida misma. Afortunadamente los ratos de disfrute fueron tan intensos que llegaron a eclipsar todo lo demás. La soledad en un hospital se siente como el plomo, y gracias a la visita diaria de un ángel, que yo esperaba con la ilusión de un encarcelado, pude aguantar allí encerrada aquellos días.
Ahora intento poner el cronómetro a cero cada mañana. Dar cuerda a mi reloj de pulsera para que dance al ritmo de mi corazón, y empezar calendarios con cierta esperanza para no apagarme, son tareas que estoy aprendiendo a asimilar.
A menudo pienso que el tiempo no existe y que sólo se trata de un juego de percusión: tic- tac - tic - tac - tic - tac…

14 comentarios:

Blau dijo...

¡Bravo! me ha encantado.
Voy a leerlo otra vez.

Etcétera dijo...

Lo vas a leer otra vez porque te has mareado con tanta vuelta, seguro.
Besos y gracias por tu visita
Etcétera

Lenteja dijo...

Yo también le estoy dando vueltas a esto del tiempo... sí...
Respecto a lo del estómago, espero que ya estés curada,(que yo sé de un bizcocho que te lo deja como nuevo, remedio casero ) jeje)

Etcétera dijo...

Jajajajajajaja. El bicho murió afortunadamente ( fue la maldita bacteria Salmonella ), se resistió y me restó algunos kilitos, que recuperé, aunque haya gente que no lo crea.
Y sí, estoy contigo en que "algunos" bizcochos son curativos. Enhorabuena a tu Tía Paca. Mmmm
Besitos
Etcétera

chris dijo...

Lo siento. Me niego. Me niego a ese seguir moviendo las piernas. Chica, la vida es demasiado corta como para malgastar los días.

Periodicamente me viene a la cabeza una canción de Bosé que decía...
"el tiempo pasa y me enamora,
el tiempo pasa arrasa, quema y deteriora
el viento calla ¿por qué?
y en un momento todo olvido me devora"

Parece que cuando nos hacemos mayores nos vamos quedando con lo malo que traen los días. Pero frente a ese pensamiento, te dejo el link del post que ha publicado una amiga y que apuesta por algo tan sencillo como vivir...

Curiosamente, ella ha llamado a su post "El tiempo que nos queda". Aquí lo tienes.

http://avataresdeunamazona.blogspot.com.es/2013/01/el-tiempo-que-nos-queda.html

Un abrazo enorme y lleno de vida!

Etcétera dijo...

No me eches la bronca, colega, siempre tuve problemas con el tiempo. El pasado, el presente y el futuro se confunden en mi cabeza a menudo, pero prometo que si no dejo de mover las piernas, que no pienso hacerlo, aunque sea par hacer que ando, lo haré siempre mirando lal frente, vale?... Ea
Besos
Etcétera

Etcétera dijo...

Y que conste que no he dicho que malgastaré mis horas, mis días y mis años. Sólo he hablado del tiempo, del que se malgasta y del que de disfruta al máximo. De lo que el tiempo me dio y de lo que me quitó... Y del presente, el destino que ahora quiero MIMAR para poder caminar hacia adelante.
Besitos
Etcétera

Etcétera dijo...

"Hacia delante", sorry.

sparkling dijo...

El mazazo de un hospital, el de estar sola... Útil para revisitarte la vida entera... :(

Besos y burbujas.

sparkling dijo...

El mazazo de un hospital, el de estar sola... Muy útiles para revisitar la vida entera...

Besos y burbujas.

Etcétera dijo...

Gracias por las burbujas. Revisitemos cada día nuestras vidas.
Besos
Etcétera

Anónimo dijo...

Según iba leyendo, recordaba ilustraciones de Liao ... Este escrito me ha llegado al alma ...
Feliz tarde, amiga

Etcétera dijo...

Eso es todo un honor, nada merecido. Cuando me prestaste un libro de Liao, no paré de mirar las ilustraciones sintiéndome identificada con ellas. Nada es casual.
Besos, amiga Laura
Etcétera

Anónimo dijo...

Querida mía, es bueno que pase el tiempo, se detenga y congele. Hay que vivir, vivir y vivir sin más.
Qué Dios te bendiga!
Un besote
P.V

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...