martes, 5 de febrero de 2013

El cuarto de la costura...



  Costureras. Pintura de Antonio Meléndez

Repaso hoy las manos de mi madre, sus nudillos huesudos, sus falanges retorcidas por el tiempo. La siento sonreír en el cuarto de la costura de antaño, y la nostalgia me hace cosquillas justo en la planta de los pies.
Durante algún tiempo, mi madre congregó en esa estancia de la casa a dos jovencitas de unos diecisiete o dieciocho años. Cada tarde se acercaban a la casa y cosían para ella. A cambio les enseñaba todo lo que tenían que saber sobre el uso de la aguja y el hilo, el corte y la confección de prendas de vestir, arte que jamás aprendí, por falta de interés tal vez, o más bien por falta de paciencia. Ni las telas de diferentes texturas y colores, ni los patrones, ni los bonitos acericos hechos con retales que adornaron las casas de mi infancia lograron el milagro. Según contaba mi abuela, yo pegaba los botones con pegamento a los vestidos de mis muñecos, aunque ése es un recuerdo que no me quedó grabado.
Aquel espacio, justo al lado de la cocina, era mi favorito en los dilatados días de aquel invierno. El aire se llenaba con las risas y la charla fresca de aquellas adolescentes.
Cierro los ojos y recuerdo una pequeña estufa con bombona azul, el olor de la leche hirviendo en una gran olla esmaltada de color bermejo y el chocolate con pan de la merienda. Cada tarde era una fiesta, un espectáculo que observaba con atención sentada en una silla de enea.
Piel con olor a hilo de hilvanar que me tapona hoy el alma al evocar las manos de mi madre.  

11 comentarios:

Blau dijo...

Niña, me acabas de hacer recordar las tarde de sábado en casa. Mi madre en su cuarto riendo a carcajada limpia viendo un programa de entretenimiento. Mis amigos y yo en el balcón, ellos diciéndome: oye Blau, pero qué bien se lo pasa tu mamá viendo la TV.

Sonrío!

Anónimo dijo...

Que bonito tempo,que bonita és ao escrever uma deliciosa temporada.
São coisas simples e encantadoras que de vez enquanto o nosso processador nos faz recordar com cheiros e cores.Fantástico!

Beijo de dedal
Lu-na
T.A.

Etcétera dijo...

Jajajaja, olvidé el dedal... Jajaja.
Esos momentos son los que señalan las diferencias.
BBsos
Etcétera

Etcétera dijo...

Ay, esos momentos maternales. Me encantaría volver a disfrutar de esos pequeños ratitos.
Aprovéchalos mientras puedas.
Besos
Etcétera

Anónimo dijo...

Me encanta!!!! Lo que daría por compartir contigo un bocata de chocolate al calor de esa estufa...A ver cuando quedamos con este plan, vale?

Un abrazo, amiga...

Etcétera dijo...

Cuando usted quiera, amiga Laura. Pero ya sabes, no eran bocatas entonces, eran onzas de chocolate metida en un pan que llamábamos bollos blancos. Qué delicia de infancia!!
Besitos
Etcétera

Anónimo dijo...

Ahora ya nadie cose ni recose porque todo es de usar y tirar.
besos.
P.V

Anónimo dijo...

Leo ahora mismo tu post...curioso, coincidimos en tema manos jajajaja

Estoy con Lu-na...a veces tenemos recuerdos tan vividos que incluyen olores y colores.

Pese a tener un olfato más bien deficiente tengo muchísima memoria asociada a olores. De repente capto un olor y mi memoria se dispara con mil imágenes llenas de detalles. Es muy curioso cómo funciona nuestra mente. Aquí haría falta una explicación más racional del Sr. Punset.

Besos y un gran abrazo
Chris

alaSVerdes dijo...

Gracias al PLACER de unas onzas de chocolate entre el pan, al CALOR de una estufita de antaño cerca de ti y a la RESISTENCIA de una silla hecha con hojas de enea, hoy por hoy, todavía, no todo el mundo USA y TIRA

Y, dichosa tú por la LABOR de tu madre, FELICIDADES...

Beso, abrazo, sonrisa... (lo que quieras)

Butterflied dijo...

Cuántos recuerdos me has traído a la mente, Etcétera... Una amiga de mi madre, cuya hija también era mi amiga, montó un pequeño "taller" de costura en su casa y dos tardes a la semana, un grupito de niñas íbamos a aprender a coser y bordar mientras merendábamos, nos contábamos cosas del cole... Recuerdo aquel tercero sin ascensor, las bromas de su marido y de vez en cuando, todavía aparece por ahí el trozo de tela donde bordé unas flores y aprendí a hacer unos flecos y calados. Pero lo más bonito era que hacíamos algo todas juntas, algo que era nuestro, como secreto, sin chicos... Me encantaba. Así que muchas gracias, tanto por compartir esos recuerdos tan bonitos y tan tuyos como devolverme a más de 10 años atrás en cuestión de segundos.

Un abrazo enorme.

Etcétera dijo...

Bueno, todo todo no es de usar y tirar... eso espero, claro, porque sería una pena.
Besos
etcétera

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