sábado, 27 de abril de 2013

Yo y mis "dis"capacidades...


Llevo dando vueltas al tema de la "dis"capacidad  hace semanas, y hoy quiero salir del armario. Quiero ser visible, desnudarme, abrir sin reparos mis puertas para airear mis debilidades, mis "dis"capacidades. Tengo tantos defectos de fábrica, que enumerarlos aquí resultaría muy difícil.
Como buena “miope magna” ( qué bonito suena eso, ¿verdad? ) tengo un sentido de la orientación bastante penoso. ( Pues no, no veo las señales  de tráfico bien, ¿pasa algo? ). Me he perdido cientos de veces, pero no me ha importado mucho, siempre he llegado a mi destino. He circulado por calles donde estaba prohibido circular porque me resulta casi imposible atender a muchos estímulos a la vez. Por eso tal vez me encante conducir sola y por autovía.
Esa llamada "dis"capacidad visual me hace ser una persona muy despistada ( para algunas cosas ). Y algunos hasta piensan que no les escucho lo suficiente. No es así, ya sabéis, demasiados estímulos a la vez me aturulla, sobre todo si esos estímulos vienen por sorpresa. Necesito tiempo para reaccionar. Mi tiempo. La miopía te capacita para percibir detalles mínimos, pero me asustan o pasan desapercibidos los grandes. Me muevo como pez en el agua en espacios pequeños, pero me  puedo extraviar en un edificio si no encuentro señales visuales que me ayuden a orientarme. Soy muy observadora, aunque pueda parecer contradictorio, y eso es muy bueno para mi trabajo, porque detecto tantos los fallos como los talentos escondidos. Pequeños fallos que vamos limando y pequeñas habilidades que desarrollamos poco a poco. La vida es un juego de compensaciones.  

Otra "dis"capacidad es mi memoria flaca, un tipo de memoria, claro. Mi mente está lleno de esquemas  con información clasificada en distintos colores y escrita con grandes trazos,  pero no soy capaz de retener muchos nombres propios, ni muchos títulos de libros que ya he leído, ni de películas que ya he visto, ni datos inútiles ( para mí ) como son los elementos de la tabla periódica, el elenco completo de una película, o como les ocurre a muchas personas, la bibliografía de tal o cual escritor sin haberse leído un solo libro del mismo. Para lo único que me servirían esos datos sería para presentarme a concursos de televisión…y como detesto competir, pues nada.  Dejen que les diga algo, si siento que no voy a necesitar cierta información, tengo un resorte que elimina de la primera capa de mi memoria ciertos datos. Siempre ha sido así, me guste o no me guste. Ya quisiera yo otra cosa, pero así me fabricaron. Si necesito alguna información siempre puedo preguntar. Sí, yo soy de las que pregunta mucho por la calle para no perderse. Afortunadamente siempre hay alguien en el momento justo y en el sitio adecuado. Eso sí, para compensar diré que tengo una buena memoria a largo plazo. Recuerdo diálogos completos de conversaciones y hasta la ropa que llevaba ese día. Sobre todo retengo en la memoria sensaciones. Tal vez no os pueda contar lo que ocurre con detalle en algún libro, pero sí la sensación que tuve al leerlo. No sé la utilidad de este tipo de memoria, pero seguro que la tiene, como todo en este mundo.
Me he preguntado mil veces el motivo por el que estudié Educación Especial y no Periodismo como también sopesé en su momento. Siempre me atrajeron las desigualdades, y enseñar a otras personas a vivir con sus diferencias fue en su día un reto que me atrajo mucho y que ahora intento hacer cada día lo mejor que puedo. Desde bien pequeña me acercaba a las compañeras ( digo compañeras porque estuve hasta los diez años en un colegio segregador. Afortunadamente mi padre nos preguntó un día en un almuerzo: “¿quién se quiere cambiar de colegio?”. Un hermano y una hermana todavía muy pequeños levantaron la mano conmigo. Cómo agradezco aquella oportunidad que nos dio nuestro padre. El cambio fue brutal, pero necesario.) que necesitaban ayuda con las tareas escolares. También a esas otras que andaban siempre solas en el patio del recreo porque o tenían pocas habilidades sociales o mucho miedo al mundo. Yo también me sentía diferente como ellas, tal vez mis diferencias eran otras... una extranjera en mi pueblo, una forastera en el colegio y una marciana dentro de mi familia. Puede parecer divertido ahora que lo veo a cierta distancia, entonces no lo era tanto. Yo suplía mis debilidades con grandes dosis de humor y locuacidad, hablaba por los codos y a todo le sacaba un chiste. Camuflaba mis incapacidades con estrategias sociales que me salían de forma natural para ir creciendo en solitario. Capacidades que desarrollé por necesidad, la de sobrevivir en un mundo de “normales” y de “seres perfectos”; mi única tabla de salvación, que manejé como pez en el agua para después adaptarme bien a las diferentes situaciones, no sin miedo, por supuesto, pero con la valentía suficiente como para seguir adelante y salvarme.


Eso sí, es importante que las personas que te rodean crean en ti, como hago yo con mi alumnado. Comprender que somos diferentes al resto del mundo nos hace mejores personas, más abiertas, más tolerantes. Si creo que un alumno es capaz de redactar con un poco de ayuda un texto coherente, un pequeño cuento, por ejemplo,  pero no es capaz de conjugarme el pretérito pluscuamperfecto de Indicativo cursando (ya) sexto de Primaria, le recompensaré, porque para m. por miedaluada y meter la pata evaluada y meter la pataes. perdido cientos de veces, he circulado por calles donde estaba prohí es el campeón del día; si puede hacer “esto o aquello” lo hará, le tome el tiempo que le tome, sólo hay que priorizar lo que es y lo que no es importante para cada persona. El tiempo es muy relativo y todos NO podemos correr cien metros en menos de diez segundos. Diez segundos también es algo muy relativo, y mantener un récord toda la vida una tarea imposible. Ahora bien, si nos comparamos con el resto del mundo y nuestra vida gira en torno a la competición, nos frustraremos y no seremos felices nunca. He competido durante años nadando en diferentes piscinas. No me gustaba hacerlo, perder o ganar para mí era irrelevante. Mi padre, que también era nuestro entrenador, nos decía siempre que no había rivales. Nos aconsejaba que compitiésemos con nosotros mismos. “Tenemos que intentar bajar nuestro crono, mejorar nuestra marca…y lo importante no es participar como dicen, no, lo importante es mejorar día a día", solía decir. Jamás me llevé una regañina por perder en las competiciones, ahora bien, lo pasaba realmente mal; mis tripas se resentían y mi tensión subía hasta que terminaba mi intervención. Nunca me gustó competir, ni dentro ni fuera de una piscina, y esta sociedad competitiva me ha hecho correr en diez segundos carreras que no he querido correr.
Desnudarse así tiene sus inconvenientes, puedes quedar desprotegida ante las personas que creen que las discapacidades te frenan a la hora de vivir la vida de manera normalizada. Me gustaría que cada una de las personas que lean este post se mire dentro en busca de esos pequeños defectos de fábrica. No es un mal ejercicio. Servirá para ser más humildes a la hora de mirar a los que nos rodean. Nadie debería caminar por la vida buscando la perfección, porque se convertiría en un sujeto gris. Pensar que nadie es perfecto sería lo más lógico, y andar al paso que nos marquen nuestras propias capacidades, lo más sano. De lo contrario nos estaríamos dando de bruces todo el tiempo.
Soy así, no hay más. Aceptar todas esas faltas con deportividad es lo que toca, y a estas alturas de la pel´iic﷽﷽﷽﷽﷽﷽e que no cambie mucho mdad que nos dio nuestro padre. El cambio fue brutal, pero necesario.)La sociedadue me atraícula puede que no me reforme mucho más, aunque si logro cambiar algunas cosas, intentaré que sea siempre para bien. Superar las dificultades es una gozada, lo veo cada día en mis clases. Eso sí, si las personas que nos rodean conocen nuestras debilidades y saben ser empáticos, los obstáculos se superan sin mayores problemas. Mucha calma, amor y comprensión para crecer, eso es lo más importante.
 
Si tenéis tiempo, os invito a ver esta película. Es una buena reflexión. (está completa y con subtítulos en el idioma que deseéis)

4 comentarios:

frantic dijo...

Teniendo en cuenta que a mí no me gusta competir sino cooperar, todas esas diferencias que nos distinguen -que no discapacidades que nos merman- no son sino cualidades a compartir. Ya sabes, siempre habrá alguien que tenga lo que a mí me falta y necesitará lo que yo tengo. No es más que eso.

Besicos en medio de esos ojazos con miopia magna. :)

julieta mdez dijo...

Para mi no existen las personas discapacitadas, solo hay algunas personas que cuentan con capacidades diferentes, porque todos, sin importar nuestra situación, tenemos algo que aportar, solo se trata de caracter y fortaleza. Para mi, una persona con capacidades diferentes, es admirable, ya que tienen que adaptarse, a lo que se considera normal, solo porque somos la mayoría Pero muchas veces, de las personas que tienen que trabajar mas duro, para salir adelante, recibimos una buena lección de vida.
A todo esto, me ha encantado tu blog... que tengas un hermoso día......un abrazo

Etcétera dijo...

Exacto, por eso la vida es muy sabía y compensa todo.
Y llamarlo "discapacidad" no es más que un formalismo. Nadie es discapacitado, como dice Julieta, tenemos fallos de fábricas porque no somos perfectos, y eso es lo guay de vivir. Imaginas un mundo de perfectos y perfectas? No quiero ser un robot.
Besitos a ti, guapa

Etcétera dijo...

Sí, capacidades diferentes que desde la Escuela hay que trabajar con mucho tacto. De lo contrario crearemos a niños y niñas cortados por las mismas tijeras. Eso no es bueno. La sociedad es diversa.
Besos y encantada de que te hayas pasado por este humilde rinconcito.
Etcétera

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