domingo, 16 de junio de 2013

Besos...



Como las musas del blog me han abandonado definitivamente porque huelen de lejos las vacaciones, o al menos eso parece, he optado por plagiarme a mí misma... porque me place y además es bastante lícito.             

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 Quiero escribir sobre los besos…sobre nuestros besos, sobre los del resto del mundo, sobre aquellos labios que pocas veces han sentido una piel en la que posarse y sobre los besos que no quieren ser dados, que también los hay.

A veces me siento muy “voyeur”. Me quedo extasiada mirando y remirando los besos que las jóvenes parejas se ofrecen en el metro, en los parques, en las esquinas… sin importarles que los improvisados espectadores les observen.

Aquello que se besa depende del “besador” o “besadora”, de las propiedades que tienen algunas emociones, de la cantidad de sentimientos y hasta de la dosis de sinceridad con que se brinda ese gesto tan primitivo y a la vez tan necesario…Los besos fijan una marca personal en la piel del besado o la besada que se impregna en la dermis, en la epidermis y hasta en los huesos de aquella persona que los recibe, marcando para siempre un regusto que no se olvida nunca.

Yo ahora beso por instinto, por impulso primitivo. Beso desde las tripas, desde las entrañas. Los besos son mi más arcaica forma de exponerme a la otra persona, de desnudarme, de exhibir con toda la pasión mis afectos, porque durante lustros mis besos estuvieron encerrados en una caja de cristal esperando que alguien la abriera, recogida bajo la cama de una infancia de represión en la que expresar demasiado aspaviento   en público era de mala educación. Tal vez por ello sentí siempre una necesidad de moverme tanto, de inventar historias en mi cabeza, de crearme un mundo paralelo donde los besos fueran el centro del universo y yo la “besadora” del reino. Y tal vez por eso mis gestos de entonces me delataban, haciéndole muecas a la vida, riéndome de la sombra que el gran muro que nunca caía me cubría a diario y enhebrando palabras casi sin sentido, siempre esperando que un beso cayese del cielo o de los labios de mis imaginarios duendes para calmar mi estado parlanchín.

Pero afortunadamente mis huesos se alargaron y crecí en todos los aspectos. Aprendí a no reprimir los besos porque me estimulaban, y porque siempre he sentido que el hecho de no regalarlos o recibirlos como una bendición te va apagando la vida, como a esos huérfanos que recluidos durante sus primeros años van perdiendo sin aparente causa el peso de sus almas y sus caritas se vuelven cetrinas.
Besos en las manos a un enfermo, besos maternales, besos fraternales, besos pasionales, y hasta los besos por compromiso, todos ellos hacen que mis pulsaciones aumenten y me sienta colmada. Por eso no quiero perder la oportunidad de besar, de besarte cuando me cruce en el pasillo contigo, cuando estés de espalda y te observe, cuando prepares café o té en la cocina, mientras duermes, al despertarte…cualquier instante es bueno para exponer el alma, abrirnos en canal con besos, siempre darlos, siempre recibirlos, porque podría ser el último y me pincha el corazón sólo de pensarlo.

Por eso antes de salir a la calle, y al regresar, necesito salvaguardar el vínculo que me une a las personas que quiero con un beso, y siempre que las circunstancias me lo permitan, mis labios se encontrarán con tu piel, con tu hombro, con tu frente, con tu codo, con tu cuello… para que tu esencia se llene con la mía y se fundan.

Besos, besos y más besos, regalados, recibidos; abrir para siempre aquella caja de cristal y dejarlos libres para que se dispersen e impregnen el aire que respiramos.

5 comentarios:

Clemen dijo...

Besos. Muchos besos y muchos abrazos, todos los que quedaron pendientes en el tiempo en que las manifestaciones de cariño eran las "justas y necesarias".
Mi Padre era muy besucón y muy tocón, en el mejor sentido. Me dejó esa gran herencia.
Mi Madre es más roñosa en las muestras de cariño. Tampoco su infancia le ayudó a ser más abierta en sus manifestaciones cariñosas. Actualmente soy yo la que enseña a mi Madre a besar y a abrazar. Ya le sale mucho mejor, pero en ocasiones tengo que cogerle los brazos y ponerlos alrededor de mi cintura para que me achuche en los holas o en los adioses.
Por suerte vivimos tiempos en los que no nos autocensuramos. ¡Qué siga así! Es lo más valioso que tenemos.

nieves dijo...

Di que sí...
besos
N

Anónimo dijo...

Perfeito...BESOS.

Besos e companhia!

Eu escolhi a TUA...escolhi os TEUS,de cores e exoticos sabores os TEUS, se misturam com os MEUS num so nosso SABOR que se sente afortunadamente em todo o meu vivo corpo e me derretem com grande ternura...

Sempre tua
Lu-minola
Beso parafuso hihihi

Lenteja dijo...

Pues eso...jejeje
Besos.Lenteja

chris dijo...

Yo soy más de abrazos, ya lo sabes. Me parece un gesto más íntimo o cariñoso que el beso. En un abrazo me entrego más.

Pero hay personas con las que me sale además darles un beso. Y digo uno. No los típicos dos que en este país se reparten como caramelos a las puertas de un colegio. En ese beso, que le doy a personas a las que tengo en un lugar especial del corazón, y que siempre es suave y leve como pluma, pongo toda la ternura que puedo dar.

Lo que más me gusta de los besos es que no pueden esconder nada en sí mismos. Notas cuando una persona los da con cariño, con desidia, con pasión... Los besos no mienten.

Besos a tutiplén!

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