miércoles, 23 de septiembre de 2015

Encontrar el centro...



Hoy me asomo a esta cueva que inventé hace casi ocho años. Hacía mucho que no pasaba por aquí, un año ya. La cueva nació para curarme porque creía que tenía que ser así, pero en realidad nunca estuve enferma. Solo fue un puente que crucé con demasiado vértigo. Creía que tenía que curarme? De qué? Qué estupidez. No lo sé a día de hoy, ni me importa, lo único que sé es que cada cosa que escribí salió como un vómito descontrolado y me salvó de caer. Más adelante las cosas se calmaron un poco y comencé a vivir una nueva vida. Hoy me cuesta expresarme en primera persona. Hago esfuerzos para contenerme, para no gritar y decir a los cuatro vientos lo que se mueve dentro. No consigo sentarme delante de la pantalla en blanco y darle forma coherente a lo que me pasa. 
Por eso, y porque no me apetece moldear mis frases hoy, este texto será un vómito, también descontrolado. 
Ha comenzado el curso, un año más. ¿Ya he dicho alguna vez que en mi vida cumplo cursos y no años...? Sí... y además coinciden con el mes en el que comienzan todos los cursos y supongo que muchas otras vidas. También es el mes que me alumbró y que me pesa desde hace tres cursos como una losa. 
Llevo afinando las puntas de mis dedos todas estas semanas de septiembre y hoy las deslizó sobre el teclado sin tener la obligación de ordenar mis ideas. Dejo que salgan por ellas letras, palabras, frases... que se tendrán que recolocar solas y como puedan en esta cueva cálida porque no me apetece nada hacer esfuerzos. Siento que salen con prisa, las freno para no decir más de lo que debo, pero de nuevo aprecio calor en las uñas, en las puntas de estos largos dedos que se afanan por estirarse para ayudarme a salir volando cada día.

Este verano ha sido muy intenso. He subido, he bajado, he jugado con personajes que aparecieron por sorpresa en mi vida meses antes y que después desaparecieron con un educado "adiós" que yo pedí al Universo. El Universo es muy gentil. Cuando los personajes de mi vida  me decepcionan, suelo sacarlos de escena y largarme rauda por donde vine. Cuando me escapo de alguna de mis historias es difícil volver a comenzarlas, tiro el borrador a la basura y abandono al personaje que antes había creído importante; no me compensa, por eso corro hacia el otro extremo del mundo huyendo. No es cobardía, lo hago por salud y porque correr en sentido contrario sí me compensa a la larga.

En algunos momentos veraniegos también me he dejado querer por la necesidad apremiante de sentirme viva. Y he guardado en un bolsillo muchos personajes nuevos que he ido encontrando por el camino.

También he amado este verano, he amado y mucho a personajes que ya  están  dentro, en un costado de mi vida. Pero que se escurren de entre mis manos y me provocan una impotencia con la que difícilmente puedo lidiar.

La decepción es algo tan traumático que a veces me asusta, pero la impotencia es peor. No es justo que nos decepcionemos tanto, y menos aún que sintamos impotencia. Tengo sueños, metas cosidas con hilos de colores al contorno de mi corazón, objetivos que querría que fuesen parte de mi futuro, de hecho hasta puedo visionar esos logros cuando observo una pared en blanco. Los tengo enmarcados  en los tabiques de mi casa, guardados celosamente dentro de los armarios, sobre las estanterías, al lado de la botella de leche de avena, colgados de los techos... llené cajones con esos sueños y ahí siguen, dormidos.

Siempre me ha gustado soñar y actuar en la vida como si al doblar la esquina me pudiese encontrar aquello que deseo. Siempre he ido por delante inventando el futuro, pero ahora ese futuro está difuminado por ese sentimiento de decepción del que hablaba unas líneas más arriba. No es justo, repito, sentir decepción. No es justo, repito, sentir impotencia. 
Y no estoy triste, curiosamente hoy no, hasta diría que estoy feliz, aunque pueda sonar a locura transitoria. A veces me sorprendo buscando otros sueños, nuevas metas que tal vez me salven del desencanto en el que estoy sumida.

Mudar de táctica a veces no es malo. Si cambias un sueño porque lo compartes y y no hay manera de que tus pasos y los de los personajes con los que compartes sueños coincidan, entonces nadie me podrá reprochar nunca nada. 
Estoy disfrutando de todo cuanto soy y de todo lo que atesoré. Disfruto de lo que sueño en silencio y vivo ruidosamente si hace falta. La cuestión es no perder el norte, ni el sur, ni el centro de mí misma, de hecho es lo más importante ahora. 

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Hoy por curiosidad pasaba por aquí y me encontré tus palabras brotadas de tus dedos-largos.
A veces, una mañana nos despertamos y nos tomamos tiempo para vernos vivir y nos retiramos del mundo para que nos sorprenda mejor. Y aunque en lo extraño nos permitimos reflexionar sobre lo propio, cuando se contempla la vida sin intención y se la deja fluir es más simple, es el Santa-rasa.
Mon amie, no olvides desplegar las alas de tus sueños. Ser una mujer-pájaro.
Mi sonrisa te acompaña

Etcétera dijo...

Muchas gracias, anónimo o anónima.
Desplegaré las alas .. Ahora que es otoño y casi todo el mundo la ma pliega.
Saludos desde la cueva
Etcétera

Anónimo dijo...

Gracias a ti, desde BCN la mujer sirena-pez volador.

Etcétera dijo...

Jajajaja creo que ya sé quién eres. Cuántos años. Bienvenida... Seguiremos volando y nadando, aunque sea a contracorriente.
Besos

Anónimo dijo...

:-))) Si. Años? Noooo. Vuelos.

Etcétera dijo...

Pues a ver si te dejas caer...
Volando.
(Aunque tengo otro tlf... Mantengo mismo email .. Así que ya sabes? Me gustaría que aterrizaras por aquí.)
Besos de alas

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