jueves, 5 de enero de 2017

Mi ciclo de 7 X 7



“Cuando algo muere simbólicamente, algo renace, surge algo nuevo, es un principio del ciclo de la vida” ( El buentrato. Fina Sanz )



Siete por siete, los ciclos que ya he vivido en esta dimensión. Casi nada y casi todo. Cuarenta y nueve años. Mi séptimo ciclo. A partir de ahora dicen que ya nada queda, que es generalmente un período elevado (esto me asusta un poco pero me emociona a la vez) donde debemos dar el giro exacto, la vuelta de tuerca concreta, el camino cierto por donde deseamos transitar los años que nos quedan por vivir. Es a partir de aquí donde se suma “espiritualidad” más “espiritualidad”, es decir, se combina el chacra  7º con el chacra 7º ( esto me da un subidón que no os podéis imaginar, jeje). Dicen que es el periodo del amor desinteresado, menuda responsabilidad, donde no hay ya nada que demostrar y  empezamos a recoger los frutos, buenos y menos buenos.

Hay quien afirma, con estudios científicos incluidos, que las células de nuestro cuerpo se regeneran cada siete años aproximadamente, y habrá personas que hasta justifiquen con esto ciertas costumbres insanas, total, dentro de unos años tendré el hígado o un corazón nuevo, dirán algunas personas… Para mí es bastante cuestionable esta afirmación, y como no tengo respuesta, la tomo con pinzas. Me quedo más bien con que nuestra vida, nuestra visión de todo lo que nos rodea y nuestra manera de ESTAR en este mundo cambia casi por completo periódicamente, y esto es una obviedad.

Por lo visto, según las personas expertas en biorritmos, cada año cumplido se divide en siete periodos de 52 días cada uno. En cada ciclo de 52 días intervienen por lo visto los campos vibracionales de los planetas (¡¡¡cuánto me gusta esto!!!).
Los primeros 52 días después de la fecha de cualquier cumpleaños son fundamentales, y para mí este año han sido determinantes. En ellos tienes que sentar las bases para el resto de los meses hasta completar el año, que concluirá cuando cumpla el siguiente, en mi caso el quince de septiembre, el día en que nací.

Me costó resolver algunas situaciones, tomar decisiones drásticas en mi vida, cosa que me originó una fuerte contractura que interpreté maravillosamente, porque me escuché en silencio, pero que no supe expresar hacia el exterior. Sí, fui yo y nadie más, con mis miedos y mi dificultad para comunicar al resto del mundo lo que quería y lo que no quería en mi vida, la que me provoqué ese malestar que duró varias semanas, lo justo para que todo se zanjara. El dolor desapareció de manera sorprendente cuando las cosas se resolvieron, ya en el segundo ciclo de 52 días, como tiene que ser, según dicen. Quedé aliviada y muy tranquila. ¿Quizá tarde? …no importa, nunca es demasiado tarde, ni tampoco demasiado temprano. El tiempo es el que es y el momento justo viene dado, así que agradezco siempre y me relajo.
En esos días se fueron fraguando proyectos nuevos con los que ahora me estoy ilusionando. También tuve sueños muy reveladores, algunos vuelos lúcidos mientras dormía y mensajes que se han tatuado en mi cerebro desde entonces. Estos los guardo para mí. El final del segundo ciclo después de mi cumpleaños estuvo cargado de silencio, de escucha interior, de mucha paz, reflexión personal y contacto con la naturaleza.

Unos días antes de comenzar el año 2017 empezó mi tercer ciclo de 52 días, que concluirá a mitad de febrero aproximadamente. En estas semanas que vienen no puedo actuar por impulso, tengo que dar pasitos firmes y con mucha lucidez para no caerme, para no hacerme daño. Me recuerdo que estoy en mi 7X7 de vida y eso es muy importante. Estoy muy atenta a todo y tomando precauciones para actuar con calma y para que cualquier cambio que venga sea positivo para mí y para las personas que me rodean y que por supuesto quiero.

Tengo que poner mucha atención al cuarto ciclo de 52 días, he leído que es buena etapa para proyectar o planificar el futuro, cuidándome y protegiéndome el corazón, añado yo.

Pues bien, los ciclos de 52 días se sucederán a lo largo de mi año y con ellos situaciones que tendré que trabajarme de la mejor forma.

Me emociona estar en esta etapa de mi vida, en este punto sin retorno, sin vuelta atrás y sin ganas de mirar hacia el pasado más que para recoger información necesaria para poder ordenar piezas claves; me ilusiona comenzar esta nueva etapa de mi desarrollo en la que lo espiritual parece tener mucha importancia. Tengo que entender que mis cambios físicos y mentales a partir de ahora me van a permitir liberarme de lastres para poder volar despacio hacia la meta, mi meta. Podría morirme ahora mismo y ya habría cerrado mi ciclo, pero no me iré porque no es el momento. Sin duda he comprendido a lo largo de estos años que yo no soy este cuerpo que me habita, que solo me lo prestaron para transitar por esta densa dimensión.


Y cuando este presente se termine, vendrán otros, cada ciclo es un presente nuevo y estamos viviendo ciclos constantes. Mientras tanto, debo vivir aprovechando cada instante, cada soplo de vida que me han regalado extra buscando lo que soy, investigando en mis tripas y buceando cada pensamiento que tengo, buenos y malos, para escudriñar mi trasfondo, mis puertas falsas, mis túneles infinitos.

1 comentario:

Marian Ruiz dijo...

Si cada tanto (como quiera que llevemos la cuenta de nuestros ciclos) nos detuviésemos en hilvanar una "puesta a punto", no iríamos por la vida con tanto despiste y reconoceríamos, de paso, que no cabe huir y que huir es la puerta a la pérdida definitiva (al sinmí, al sinlugar, al sinconciencia; de ahí solo se sale tiritando).

Te deseo una entrada fecunda en este año y muchas entradas fecundas como esta. ¡Un abrazo de invierno!

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