Reordenar la prioridad también es volver a ti


 

A veces duele darnos cuenta de que ya no somos la prioridad en la vida de algunas personas. Es como si algo dentro se encogiera, como si perdiéramos un lugar que creíamos nuestro. Pero con el tiempo, y con un poco de conciencia, empiezas a ver que quizá no has perdido nada… aunque haya momentos en los que mi parte humana se resiente y se entristece. Y es que, en el fondo, tal vez solo has entendido algo más profundo… quién sabe.

Durante mucho tiempo pensé que ser importante para alguien me daba valor, y que ocupar un lugar especial en la vida de otros podía completarme de alguna manera. Y en realidad es ahí donde empieza a surgir el sufrimiento, porque sin darnos cuenta ponemos fuera lo que en realidad nunca estuvo fuera.

Para hablar de esto, quiero apoyarme en dos enfoques que me están acompañando últimamente: por un lado, Un Curso de Milagros, que me he llevado tiempo leyéndolo y me atrae mucho; y por otro, el Transurfing, que he descubierto hace muy poco y que, aunque es más práctico que espiritual, me está resultando muy revelador.

Quiero aclarar, aunque creo que ya lo he comentado varias veces en este blog, que a lo largo de mi vida me he sentido atraída por muchas corrientes distintas. De todas ellas he ido recogiendo las ideas que me resuenan más, que me aportan claridad o que simplemente siento que puedo integrar en mi forma de ver la vida. Nunca he seguido ninguna de manera ciega ni a rajatabla, porque eso, en cierto modo, me limita y me esclaviza, y es justo lo contrario de lo que busco. Más bien cojo de cada una lo que me sirve en ese momento, lo integro y sigo mi camino. Al final, cada cosa que llega tiene su sentido, y me quedo con lo que realmente puedo aplicar. Y cada vez tengo más claro que, en el fondo, todas estas corrientes hablan de lo mismo, aunque utilicen palabras diferentes: unas desde un enfoque más espiritual, otras más práctico, pero apuntando siempre al mismo lugar.

En Un Curso de Milagros, que es un texto que dicen que fue canalizado por Jesús —aunque, sinceramente, eso para mí es secundario—, se habla de las “relaciones especiales”. Más allá de su origen, lo que me importa es el mensaje, y en ese sentido me parece profundamente certero. En este enfoque, las relaciones especiales son aquellas en las que buscamos sentirnos únicos, elegidos, necesarios. El “especialismo” se entiende como una forma del ego de separarnos, de hacer diferencias, de creer que alguien es más importante que otro para completar algo que sentimos que nos falta. Pero esa necesidad, en el fondo, nace de una sensación de carencia. Y desde ahí, cualquier movimiento del otro puede doler.

Y aquí es donde yo conecto y, al mismo tiempo, matizo. Porque aunque este enfoque me gusta mucho y me parece muy revelador, en mi experiencia personal sí siento que hay personas especiales en mi vida. No en el sentido de que valgan más que otras o de que me completen, sino porque ocupan un lugar más significativo en mi historia que otros, en mi corazón. Entiendo que todas las personas son importantes, especiales, diríamos, usando el concepto de UCDM, pero también reconozco que yo priorizo ciertos vínculos, porque tengo el poder de elegir, amparándome en el libre albedrío. Creo que eso también es muy humano y forma, todavía, parte del pack, que me dieron al nacer en este plano. La clave está en no convertir esa prioridad en necesidad ni en algo que me haga sufrir...y en eso estoy, esquivando a esa parte humana y mundana.

Actualmente he empezado a leer sobre Transurfing, que, de forma muy sencilla, plantea que existen distintas posibilidades de cómo puede desarrollarse mi vida, y que me voy moviendo entre ellas según tu estado interno. No es algo esotérico, sino más bien una forma de entender cómo mis pensamientos, emociones y la importancia que doy a las cosas influyen en lo que experimento.

Y lo interesante es que, aunque lo explica con otro lenguaje, llega a un punto muy parecido al de Un Curso de Milagros: la idea de que cuando dejas de poner fuera tu valor y vuelves a tu centro, todo empieza a ordenarse desde dentro. Habla de las “líneas de vida”, que serían esos caminos posibles por los que puede ir tu vida. No son mundos paralelos, sino direcciones reales que se abren según cómo estás por dentro.

Cuando le damos demasiada importancia a algo —por ejemplo, a ser prioridad para alguien— creamos tensión. Y esa tensión nos aleja justo de lo que queremos. Nos saca de nuestro centro. Nos coloca en una "línea de vida" donde hay más necesidad, más expectativa… y, claro, más sufrimiento; y eso es justo lo que quiero dejar de alimentar en mi vida.

Sin embargo, cuando sueltas esa importancia, algo cambia. No porque renuncies al amor o a compartir tu vida con alguien, sino porque dejas de necesitarlo para sentirte completa. Y ahí es donde, de alguna forma, vuelves a tu "línea de vida": ese camino interno que coincide con cómo te sientes por dentro, donde hay menos tensión, más calma y una sensación de fluidez natural. Es como si dejaras de controlar o forzar las cosas y empezaras a moverte en una dirección que encaja contigo, donde lo que ocurre fuera refleja mejor tu equilibrio interno. Un lío que aún estoy aprendiendo a comprender.

Y aquí es donde ambos enfoques se encuentran para mi. Un Curso de Milagros habla de volver a la Fuente, a tu origen, a lo esencial, a ese espacio interno donde ya eres completa y no te falta nada. El Transurfing habla de elegir, entre todas las posibilidades que existen, aquella que está en sintonía con tu estado interno, sin obsesionarte, simplemente alineándote con lo que te hace sentir en equilibrio. Dos formas distintas de señalar lo mismo, vamos: volver a casa.

Eso no significa que tengas que estar sola, ni que no desees una pareja o relaciones profundas. Significa que ya no buscas desde el vacío, sino desde la plenitud. Y desde ahí, las relaciones cambian. Ya no son un intento de llenar algo, sino una forma de compartir.

Por eso, si en algún momento sientes o crees que ya no eres la prioridad en la vida de alguien, quizá no sea una pérdida.

Quizá sea una invitación. Una invitación a soltar la importancia.
A dejar de buscar fuera lo que siempre ha estado dentro.
A volver a casa, a regresar a lo que sientes como Hogar.

Porque cuando haces eso, algo se ordena. Y entonces, lo que llega —que puede que ya esté en tu vida de algún modo— deja de llegar desde la necesidad y empieza a encajar de forma natural contigo.

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