martes, 18 de septiembre de 2012

La sencillez de las cosas invisibles...


                                                
              Edouard Boubat : Rémi escuchando el mar, 1955
Intento por todos los medios que mi existencia sea cada día más sencilla. Tan sencilla como sencillo es el gesto de colocarme cada noche unos tapones en los oídos para poder conciliar el sueño. Un gesto que vengo haciendo desde hace más de veinticinco años.
Todo comenzó porque necesitaba concentrarme en mis estudios universitarios. Vivía por entonces en un antro compartido con otras estudiantes. Mi primer curso viviendo semiindependiente. Toda una aventura. Un piso bajo donde el sol brillaba por su ausencia y las cucarachas paseaban por la vivienda a causa de la humedad acumulada en un pequeño patio interior, cuyas paredes estaban adornadas con moho de diferentes colores.
Los niños y niñas se concentraban todas las tardes en una especie de túnel al que daba justamente el salón. Un barullo insufrible se colaba por las ventanas, imposibilitando la tranquilidad que por entonces yo necesitaba. Los muros eran tan delgados que casi dejaban pasar la luz. Me colocaba trozos de algodón en mis oídos y pasaba las horas abstraída, leyendo o estudiando.
Éramos cuatro personas, y aquel “cuchitril” que alquilamos tenía tres dormitorios más el salón. Debíamos hacer un reparto al azar, y cuando hicimos el sorteo, desgraciadamente me tocó a mí el salón. Así que durante ese primer curso en la universidad, tuve que dormir en una diminuta cama plegable de ochenta centímetros que mi padre me compró en un centro comercial. La desplegaba cada noche y la doblaba cada mañana. Mis sueños se quedaban allí dentro, agazapados durante el día, apretados esperando que llegara la noche para poder ser liberados de nuevo.
Estaba tan habituada a llevar colocados los tapones durante las largas horas de estudio, que un día olvidé quitármelos antes de acostarme. Ese día escuché el mar. Aunque parezca algo difícil de entender, siempre he pensado que desde esa noche soy capaz de escuchar el silencio. O tal vez el silencio fue diferente desde ese momento, no estoy muy segura. Me empecé a escuchar por dentro y eso para mí fue algo extraordinario. Percibía mi corazón pausado como cuando me sumerjo en una bañera. Tuve la impresión de que unas olas improvisadas chocaban dentro de mí, relajando cualquier instante de tensión.
Así debería ser mi vida siempre, simple como ese gesto de colocarme los tapones cada noche. No importa quién me haya abrazado todas estas lunas pasadas, ni tampoco dónde haya descansado mi cuerpo todos estos años… en un incómodo sofá-cama, en el frío suelo de un barco, dentro de un saco de dormir que apenas me dejaba respirar o en una enorme cama con banda sonora propia de muelles oxidados. El pequeño gesto de olvidarme los tapones colocados esa noche me cambió la vida.
En la sencillez de ciertos gestos se revela la hermosura de las cosas más pequeñas. Estas cosas pequeñas ahora se hacen grandes.  La belleza puede estar escondida en unas letras escritas en un trozo de papel coloreado,  en la delicadeza de un mensaje enviado en el momento más oportuno,  en la suavidad de una mano que te coge justo cuando la necesitas, en la sonrisa que se escapa generosa, en la inocencia de un beso furtivo. En todos estos gestos sencillos descubro algo que valoro mucho, la frescura de lo efímero,  la dulzura que puede llegar a tener un instante, la luz que unos ojos desprenden y que llega cuando más ciega estás.

Así debería ser mi vida siempre. Por eso yo ahora me pongo tapones para escuchar el mar.


10 comentarios:

Butterflied dijo...

Gracias por comentar en mi blog y así haberme dado a conocer también tu rinconcito. Me pasaré por aquí a menudo.

Un saludo. :)

Anónimo dijo...

A alegria está na simplicidade ,...a simplicidade está na maneira como se observa,...todos temos o dom de ver as coisas simples e belas como elas são mas poucos são os que as conseguem sentir ou ouvir,[antes de te fixares no horizonte,olha como é belo o simples que te rodeia]...num simples gesto,num aroma,nas cores,no dia a dia...eu acho que [a beleza ideal está na simplicidade calma e serena]...
...tu ouves o mar e eu me delicio com o que o universo a cada momento me oferece...
Beijos de chuva...que pelo rio navegam até ao teu mar...

Lu

María dijo...

Ya iba siendo hora volverte a ver con cierta constancia por tu pecerita.
Poder escuchar el silencio debe ser una gozada. Creo que mañana mismo me compro unos tapones de silicona y pruebo a oír el mar.
Gracias por dejarte leer
María

Etcétera dijo...

Seguiremos en contacto en esta red enorme que cada día tiene más piececitos y pececitas. Gracias a ti por tu visita
Etcétera

Etcétera dijo...

Cierto, Lu, la simplicidad eleva el alma y te aligera el paso.
Gracias por estar ahí recordàndome ciertas cosas que creía haber olvidado.
Besos de chuva para ti también

Etcétera dijo...

Gracias a ti por pasarte por aquí.
Cuando pruebes los tapones nos cuentas...
Besitos

Anónimo dijo...

Cuántos momentos maravillosos se irán intactos?
Sin percatarnos ni saborearlos.
Según llegan, se van ...
(Adios).

Laura

Etcétera dijo...

Pues no desaprovechemos ... Para cuàndo quedamos para pasar un momento de esos?..........
Besos, amiga
Etcétera

Anónimo dijo...

Bella entrada, dulzura y ternura en tus palabras.
Tu vuelo es alto y tu árbol frondoso.
El mar te susurra, te acuna y te sueña.
Tus dedos-lapices dibujan tu sonrisa.

Etcétera dijo...

Oh, cuánto tiempo... Tus dedos- lápices te delatan.
agradecida quedo por esa sonrisa y que tu mar te meZa dulcemente.
Besos de vuelo tranquilo
Etcétera

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