jueves, 15 de noviembre de 2012

Me he pasado al cola-cao...




Para llegar a mí no se necesitan intermediarios ni intermediarias. Es tan fácil como caminar en línea recta. ( Etcétera)


Hace unos días, buscando cacao en las estanterías del supermercado, decidí que estaba harta de la marca que he utilizado estos años, ése que se disuelve y no deja “grumitos”. Llevo demasiado tiempo echándolo en mi taza de bebida de soja, sin plantearme nunca mudar esta rutina casi inconsciente. No sé si aguantaré mucho tiempo, pero necesitaba este cambio radical.

Me he pasado al cacao de toda la vida, al que fue testigo de mi alocada y silenciosa infancia. Kilos y kilos de ese cacao se consumieron en mi casa por aquella época. Mi madre preparaba cinco, seis y hasta siete vasos de una  vez, según los vástagos en período de crecimiento que hubiera entonces. Durante el día podía preparar, y no exagero, unos veinte o veintidós vasos de rico cacao caliente. Los colocaba en fila sobre el mármol blanco de la cocina y nos llamaba a voces. Muy obedientes nos bebíamos aquel líquido de un solo trago. A mí me parecía más una obligación que un placer, sobre todo el vaso de antes de dormir, el tercero del día.

He vuelto al cola-cao. Abro el bote, vierto una cucharada de ese polvo en mi vaso de bebida de soja bien caliente y lo agito con parsimonia. Me quedo pasmada mirando cómo se disuelven los grumos igual que lo hacen los nudos en mi garganta últimamente. Entonces cierro los ojos y acerco el tazón a la boca. Su aroma me retrotrae a esa parte de la infancia en que fui feliz. Doy un segundo sorbo y sonrío. Como antaño, cuando apenas me alejaba del suelo un metro de humanidad, me da por paralizar el tiempo. Siempre me ha gustado hacerlo. Me siento muy bien porque puedo cambiar el guión a mi antojo. Retrocedo hasta ese momento en el que todo era fácil,  quedándome ahí detenida, con el rostro relajado. Sigo sonriendo. Voy y vengo, haciendo girar la moviola del tiempo vertiginosamente de forma caprichosa, porque así lo deseo. Y ya no me siento bien, ahora me siento mejor, y con este juego de parar el tiempo me convierto gracias a mis poderes sobrenaturales en una divinidad superior que todo lo puede con sólo desearlo.

Siempre me gustó guardar semillitas que encuentro para plantarlas más tarde aprovechando esos momentos en los que soy capaz de paralizarlo todo. Después, chasqueo los dedos para deshacer el hechizo y la maquinaria se pone de nuevo en funcionamiento. Espero sentada a que las semillas germinen y mis deseos se hagan por fin reales.  A veces sé que espero demasiado, pero también tengo la certeza de que nunca es demasiado cuando lo que deseas es algo viable. Sólo el tiempo y mis anhelos obrarán el milagro que acuñé ni se sabe cuándo.

En muchas ocasiones, cuando me siento desarropada, despojada de aquel calor que hervía bajo nuestras mantas y que hoy a menudo provoca que las lágrimas afloren, me aferro a esos sueños para no caer de bruces.

- Tengo un puñadito de esperanzas en mi bolsillo. ¿qué hago con él? –dije con una mezcla de desamparo y súplica.

- No lo saques de ahí, no lo pierdas nunca, guárdalo siempre… -me contestó ella rogándome con la mirada.

A menudo me aferro a esas esperanzas que siguen intactas en el fondo de un viejo bolsillo. (Vivencia propia)





8 comentarios:

Anónimo dijo...

Lindo...instantâneo,algo que por vezes não se consegue explicar,mas está lá,está cá dentro de nós pronto a ser colhido,se,algum dia o semeaste,ou pronto a ser plantado e cuidado se guardas cada semente das coisas mais simples como um tesouro...

Muda de vida se tu não vives satisfeito
Muda de vida, estás sempre a tempo de mudar
Muda de vida, não deves viver contrafeito
Muda de vida se há vida em ti a latejar

TQ luna
Muach

Butterflied dijo...

Qué geniales y necesarios esos momentos, esos gestos que en principio no significarían nada, pero que son capaces de transportarnos a través de nuestros recuerdos y posarnos en un instante, en una sensación. Me ha gustado tu entrada. ¡Me encanta el colacao con grumos! Pero hace tiempo que no me tomo uno calentito y muy muy negro, como me gustan a mí...

Etcétera dijo...

Mudaré de vida en breve, estoy en ello.
Besos y más besos
Etcétera

Etcétera dijo...

Cambiarse al cola-cao es algo importante....
Y si quieres un vaso de cacao bien calentito y oscuro te invito a uno. Yo lo tomo a diario para comenzar el día... Me veo de viejecita preparándomelo igual que ahora. Eso sí, ya no se me queda el cerco de cacao en el bigote como cuando era una niña... Jajajaja
Besitos
Etcetera

Anónimo dijo...

Uyyyyyy, Paty, pero si ahora no se debe de tomar leche de soja por aquello de los transgénicos. Nos han engañado durante mucho tiempo, como en tantas otras cosas, asegurandonos que era buena...
Besos con y sin grumos...al fin y al cabo, besos son.
P.V

Etcétera dijo...

Me pasaré a la leche de burra, jajajaja... Aconséjame, anda!!!...
Besos
Etcétera

Anónimo dijo...

Ayyyyy, Paty. Estoy yo para dar consejos...Pero a la de burra no, si acaso a la de burro por aquello de ver si el género cambia la cosa aunque creo que no. Mejor sin leche. Yo he decidido beber gin tónics y dejarme de leches, desde entonces estoy de maravilla.
Besos.
P.V

Butterflied dijo...

Me he tomado uno hace un ratito, he escrito un post y me he acordado de ti y de tu entrada.
http://vidadeunamariposa.blogspot.com.es/2012/11/queriendome.html

He hecho un pacto con mi madre y hemos comprado Colacao de nuevo, pero está guardado sólo para las emergencias, para los días bajos y fríos... :)

Besitos (¡con bigotes marroncillos! :P)

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